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El desplome del turismo empuja a Canaima a la minería

Más de 30 balsas surcan las aguas del río Carrao convertidas en laboratorios para procesar oro | Foto Cortesía @Valendeviaje

Más de 30 balsas surcan las aguas del río Carrao convertidas en laboratorios para procesar oro | Foto Cortesía @Valendeviaje

En el río Carrao las balsas mineras se han multiplicado este año. La comunidad indígena Kanaimö dio un mes de plazo al Ejecutivo para que mejoren las condiciones de vida de los habitantes

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A finales del año pasado en las aguas del río Carrao —dentro del Parque Nacional Canaima— había cerca de 9 balsas extrayendo oro del afluente. Este año se triplicaron. Más de 30 embarcaciones surcan las aguas del río convertidas en laboratorios fluviales para procesar oro.

Hubo asambleas, reuniones y llamados de atención de la Capitanía Kanaimö a las autoridades para que detuvieran la minería. No obtuvieron respuesta así que apelaron a la fuerza. 67 turistas se quedaron atrapados en el parque nacional, entre el 1° y el 3 de junio. La foto de un pemón sentado en medio del aeródromo Gustavo Heny rápidamente se hizo viral en las redes sociales, junto con la de los cráteres que produce la práctica de la minería ilegal en las selvas del estado Bolívar.

La actividad minera en Guayana (Bolívar, Amazonas y Delta Amacuro) tiene más de 25 años, pero en el último lustro por primera vez se han registrado casos dentro del parque nacional; y esos números se elevaron en 2015.

La petición de los pemones, de los operadores turísticos y de la comunidad en general era una: erradicar la minería ilegal. Para lograrlo, no basta con eliminar las balsas del río Carrao —que alimentan la laguna Canaima, principal atractivo turístico del parque— y la mina Campo Carrao, a pocos metros del Santo Ángel, que se abastece de combustible desde una pista ilegal habilitada recientemente. Hay que volver a hacer del turismo una actividad económica rentable —lo cual amerita concluir los trabajos de reconstrucción de la pista—, acabar con las mafias de combustible y llevar a Canaima alimentos y productos a precios accesibles en una economía tasada por los fletes.

Un gramo de oro equivale a un mes de trabajo en Canaima. Del río Carrao, en una noche, pueden sacar entre 15 y 20 gramos de oro. Un gramo de oro cuesta entre 8.000 y 10.000 bolívares. 10.000 bolívares cuesta el boleto aéreo de ida a un habitante de Canaima hasta Ciudad Bolívar o Puerto Ordaz para hacer una diligencia. Las avionetas son el único medio para entrar y salir del parque nacional.

“No sacamos toneladas, sino unas ‘gramitas’ para sustentarnos”, justificó un pemón que trabaja como guía turístico que —asegura— recurre a la mina solo cuando tiene necesidad. “Si no hay turismo, voy a la zona minera a buscar el sustento”, agrega en una conversación por teléfono.

El sustento en Canaima es caro. El kilo de pollo cuesta 950 bolívares; el de harina de maíz está en 450; la harina de trigo, en 500; el kilo de arroz, en 280 bolívares; la leche está en 1.300 y si es para niños, en 1.500.

Hurgan en el fondo del río buscando una forma de sobrevivir, aun a riesgo de la biodiversidad y la salud de los habitantes de la tierra más anciana del planeta. “Tenemos que encontrar una forma de solucionarlo. El costo de los productos no puede ser una excusa. No vamos a destruir el ambiente por necesidad”, subrayó Leonardo Martínez, capitán de la comunidad indígena Kanaimö.

Deserción del turismo. Issam Madi, ex presidente de la Cámara de Turismo del municipio Gran Sabana, aseguró que las visitas de extranjeros a Canaima han disminuido hasta 85%. Refirió que en 1998 llegaban 76.000 turistas de distintas nacionalidades. En 2014 ese número bajó a 11.000. “La principal razón es la inseguridad. Al turista le advierten que Venezuela es el tercer país más violento del mundo y la gente siente temor de venir”.

Hay 12 campamentos turísticos en Canaima. Cada uno puede tener entre 20 y 40 empleados. Del campamento de Juan Jiménez se han retirado 4 trabajadores en los últimos 3 meses. “Irse a la mina es lo más fácil porque se consigue más rápido el dinero”, afirma.

El Coro y Orquesta Sinfónica Indígena Infantil y Juvenil de Canaima también ha sufrido deserción. Uno de sus miembros que declinó para irse a la mina aseguró que solo en 2015, 12 o 13 personas han abandonado el grupo, de unos 30 músicos, en busca de oro. De los 3.850 habitantes de Canaima, Martínez afirma que solo 15% de la población se dedica a la minería ilegal.

El mal estado del aeropuerto incide en la caída del turismo. Desde 2013, el gobierno nacional ha prometido la recuperación de la pista. Ese año, el Ministerio para Transporte Acuático y Aéreo, a través de la estatal Bolivariana de Aeropuertos, comenzó el traslado de 7.206 toneladas de maquinaria y materiales para la obra. Una nota de prensa de AVN indica que en 2013 invirtieron 700 millones de bolívares en ese proyecto.

En 2014, anunciaron la construcción de un terminal de pasajeros de 1.600 metros cuadrados, con la esperanza de que 15.600 personas se trasladaran anualmente por esa terminal. La obra tenía un costo de 80 millones de bolívares y en total los planes de rehabilitación del aeródromo alcanzaban los 150 millones de bolívares. El objetivo era concluir los trabajos en julio de 2014; pero en la protesta de la semana pasada la comunidad denunció que las obras no alcanzan 40% de avance.

En la exuberancia natural de Canaima resaltan las obras a medio hacer: “La infraestructura del liceo está en mal estado, el ambulatorio no tiene insumos, al Pdval llegan alimentos una vez cada 6 meses”, señala Gregorio Rivas, operador turístico. A la zona solo pueden llegar aviones pequeños por el mal estado de la pista. “Hace 5 años recibíamos hasta a 240 personas cada 2 días. El avión de Conviasa viene 4 veces por semana, hace 2 viajes; pero solo tiene capacidad para 12 pasajeros”.

El traslado por Conviasa, desde Puerto Ordaz a Canaima, ida y vuelta cuesta 5.864 bolívares. Si no hay disponibilidad, los turistas deben llegar a Puerto Ordaz o a Ciudad Bolívar y allí contratar vuelos con operadoras más pequeñas, que pueden cobrar hasta 40.000 bolívares, ida y vuelta.

“La situación se ha hecho tan difícil que no podemos responsabilizarnos por los pasajes. Solo vendemos los paquetes con las excursiones”, agregó Rivas.

El primer campamento que hubo en Canaima lo administró la empresa Hoturvensa. En 2007 las instalaciones pasaron a manos de Venetur. El campamento cuenta con 105 habitaciones. De los 83 trabajadores que tenían en nómina en 2009 —81 pemones—, ahora tienen menos de una docena, afirmó Mariela Fernández, operadora turística y Pemón Kamarakoto. El lugar fue hotel-escuela de los pemones de Kavak, Uruyén, Kamarata y Urimán.

La movilidad dentro del parque también está dominada por el cupo mensual de combustible que otorga Pdvsa a los operadores, cuyo uso deben deben justificar ante la REDI. Para ir a buscar 8 tambores de combustible a La Paragua —1.800 litros—, deben invertir al mes hasta 150.000 bolívares (120.000 corresponden a fletes aéreos). Por esa razón también solicitan la instalación de una estación de servicio dentro del parque que surta a las curiaras con las que hacen excursiones.

Un mes de plazo. El cierre de la pista movió a las autoridades. El 2 de junio llegaron a Canaima el general de división Francisco José Toledo García de la Región Integral de Defensa Guayana (REDI-Guayana), y el general de brigada Ricardo Pérez Lugo, del comando de zona Bolívar de la Guardia Nacional. Su presencia no fue suficiente para los manifestantes, menos cuando el día anterior el ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, declaró que en Canaima no había minería ilegal porque había sido erradicada el año pasado.

El 3 de junio permitieron a los turistas irse. Ese día se presentaron en el sitio, la ministra de los Pueblos Indígenas, Aloha Núñez; la del Turismo, Marleny Contreras de Cabello, y dos generales de la GNB. Firmaron un acuerdo para detener la minería ilegal, atender el resto de los problemas de la comunidad y conformaron mesas de trabajo. El jueves solo Núñez permanecía en Canaima.

Para los indígenas todavía es importante la presencia del presidente o del vicepresidente de la República. “El compromiso de la ministra de Turismo es que iba a servir como enlace con el resto del tren ejecutivo. Tienen que venir las autoridades de Transporte Acuático y Aéreo a supervisar la pista; los ministros de Alimentación, Vivienda y Defensa para que vean nuestra realidad. Como comunidad seguimos reuniéndonos y el punto principal es cómo concienciamos a nuestros hermanos para que desistan de la minería y cuidemos el parque que es patrimonio de la humanidad”, afirmó Martínez.

Para los mineros, en cambio, la preocupación es otra: “Nos sacan de la mina ilegal; pero dónde están los turistas. Yo quiero trabajar; ¿qué vamos a hacer en el plazo que tome recuperar el turismo? ¿Qué vamos a comer?”.


El que tiene la máquina manda
La ley de los pemones les prohíbe contaminar sus fuentes de agua y su pasado ancestral les obliga a preservar la naturaleza. Quienes van a la mina en el río Carrao se consuelan pensando que la actividad que practican no es de gran impacto. No van todo el tiempo, solo cuando necesitan dinero. “Es alarmante cómo cada vez más gente recurre a la mina”, asegura un minero.

“En el río Carrao no se ve todavía la destrucción”, se justifica. Explicó que la tierra se saca del río con una manguera. Esa tierra va a parar a una alfombra que funciona como filtro. Allí la dejan durante 6 o 7 horas. Al día siguiente desarenan; para eso utilizan un tobo de 18 litros.

“Cuando el material está casi puro es que se utiliza el mercurio. En el tobo, no en el río”, aclara. El hombre, que normalmente trabaja como guía turístico, dice que tampoco se libera mercurio al aire: “Utilizamos hojas para retenerlo. El mercurio es muy caro y así podemos reutilizarlo. Se hace lo posible para no derrochar”. Después de eso, afirma, se resguardan 15 días antes de volver a la mina.

Otro minero asegura: “Vi la realidad de la destrucción en el Cuyuní”. En ese río del estado Bolívar sí utilizan máquinas de gran calado para remover la tierra. El minero tiene 20 años de edad, trabaja en la Fundación Musical Simón Bolívar de Canaima y eventualmente pide permisos de 3 a 5 semanas para dedicarse a la minería. En su empleo formal solo gana 3.000 bolívares al mes. No le costó entrar porque en el Cuyuní tiene familiares con maquinarias. Asevera que allí quemar el oro con mercurio es muy peligroso, por eso lo hacen quienes tienen más experiencia. “El jefe de la mina es el dueño de la máquina. En el Carrao hay dueños criollos y pemones, la mayoría pemones. En el Cuyuní los dueños son brasileños o guyaneses”.

La ganancia depende del terreno. En un viaje a las minas del Cuyuní pueden conseguir entre 120 y 150 gramos de oro. La mitad de la ganancia es para el dueño de la máquina y el resto se lo reparten en partes iguales entre los 5 o 6 mineros que haya en esa mina. No les cuesta conseguir quien compre el oro. El comprador puede aparecer en la misma mina, o pueden llevar el producto a Bolívar y Puerto Ordaz. En Canaima los compradores pueden ser hasta los dueños de las quincallas.


LAS CIFRAS
11.000 turistas visitaron Canaima en 2014. En 1998 cerca de 76.000 extranjeros conocieron el parque nacional, que en 1994 la Unesco decretó Patrimonio de la Humanidad

18 comunidades indígenas viven en el sector II de Canaima, integrado por las comunidades Kamarata- Kanaimö. En el parque nacional habitan aproximadamente 150 comunidades