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Supuestas delaciones quiebran la convivencia vecinal

Muchacho dijo que en horas de la mañana estarán en el casco de Chacao revisando los daños y documentando las denuncias | Foto: Leonardo Guzmán/El Nacional

Barricadas en Chacao | Foto: Leonardo Guzmán/El Nacional

Las denuncias en contra de supuestos infiltrados o “sapos” enfrentan a vecinos, circulan en redes sociales y crean violencia

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Al fotógrafo Cristian Hernández lo llamaron infiltrado el 3 de marzo en la tarde cuando registraba con su cámara las imágenes de la protesta de opositores en Altamira. La acusación obedeció a que no se pudo retirar a tiempo de la entrada del edificio El Dorado. “Íbamos a cerrarla para impedir la entrada de militares u hombres armados, pero no pudimos porque él obstaculizó el acceso. Se llevaron detenido a un muchacho, creo que se llama Ignacio Rojas, y luego hubo más violencia”, contó un testigo.

A la arremetida de la Guardia Nacional Bolivariana en el inmueble siguió más violencia. Hernández fue golpeado en la cabeza por manifestantes opositores que lo acusaron de colaborar con los cuerpos de seguridad del Estado. “Eran pocos, pero muy violentos. Siento que hay una caza de brujas, un radicalismo innecesario. En ningún momento me puse agresivo con nadie. Pero fue sin mediar palabras: llegaron, me señalaron y me agredieron”, declaró el fotógrafo al Colegio Nacional de Periodistas.

Las denuncias en contra de supuestos infiltrados o “sapos” se han acentuado en las últimas semanas. Las acusaciones enfrentan a vecinos, circulan en redes sociales y alimentan el conflicto. Viajan de un balcón a otro. A veces a gritos o por Twitter acompañadas de señas tan específicas como el número de apartamento del supuesto sapo y con menciones a autoridades.

El sociólogo Leoncio Barrios asegura que en situaciones de violencia política –como la que   ocurre en el país desde hace un mes– es esperado que la ciudadanía asuma una conducta similar a la de los vigilantes. “Hay un llamado colectivo a que se denuncie, pero ello se lleva a cabo de manera indiscriminada. Eso significa que se pueden hacer señalamientos en contra del policía que golpeó a un joven o, simplemente, de quien te interesa denunciar. En líneas generales, esas acusaciones, en muchos casos, reflejan la polarización del país. Es una situación que resulta peligrosa”.

Los habitantes del edificio San José en los Palos Grandes –adquirido de manera forzosa en 2006 por el Gobierno para destinarlo a damnificados– son vistos con recelo por algunos vecinos de Chacao. “He escuchado a algunas personas decir que son sapos. Solo son sospechas”, dijo Manuel Rojas, concejal del municipio. Pero cuando ocurren las refriegas contra manifestantes en barricadas se dispara el temor, incluso del vecino. 

Las etiquetas #DenunciaAlSapo y #ComandoAntisapoActivo, y la cuenta @VecinosSapos fueron creadas en Twitter para señalar a supuestos informantes de los cuerpos de seguridad del Estado y de los manifestantes opositores.

Una de las acusadas en la red social fue Miriam Blanco. Su fotografía, identidad y supuesta dirección, aparecen por lo menos 21 veces en Twitter. Es señalada por usuarios de la red como “la Sapa” que, supuestamente, habría dirigido allanamientos de los cuerpos de seguridad del Estado hace 10 días en edificios de Los Ruices. “Cuando miré la foto de mi suegra y los comentarios ofensivos en su contra quedé sorprendido. Supe desde el principio que se trataba de falsos señalamientos. Es cierto que simpatiza con el chavismo, pero muchos de sus familiares son opositores y ella es una persona respetuosa, sería incapaz de denunciar a alguien”, contó José Rivera.

Luis Carlos Díaz, comunicador social y experto en redes sociales, considera que es difícil controlar esos mensajes. “El perfil de las personas que difunden los señalamientos, usualmente, se caracteriza por ser anónimos, sus mensajes están dirigidos a ofender. En ocasiones, apuestan al caos e, incluso, son radicales”.