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El conflicto pauta horarios en la ciudad

Mientras que en el este de la cuidad se ha instaurado un toque de queda espontáneo, producto del clima de conflictividad, en el oeste aún la gente sale a la calle en las noches pero con cautela  | Foto: Leonardo Guzmán

Mientras que en el este de la cuidad se ha instaurado un toque de queda espontáneo, producto del clima de conflictividad, en el oeste aún la gente sale a la calle en las noches pero con cautela | Foto: Leonardo Guzmán

Los habitantes de Caracas practican una especie de toque de queda para evitar ser víctimas de los enfrentamientos

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Los pasos de los transeúntes en el municipio Chacao se aceleran a partir de las 5:30 pm para alejarse de las zonas donde se enfrentan, desde el 12 de febrero, guardias nacionales, civiles armados y manifestantes opositores.

José Vásquez, empleado de una tienda de comida en Altamira, abandonó la zona de conflicto, Plaza Francia y sus alrededores, para descansar el jueves a las 6:30 pm en el bulevar de Sabana Grande: “Ya no trabajamos en horario regular, sino que apenas se sospecha que ocurren enfrentamientos y se cierran las santamarías de los locales, todos echamos a correr para cuidarnos y, a veces, apartarnos de los líos”.

El sitio en el que reposa Vásquez es invadido por una multitud. Provienen, en su mayoría, del este de la ciudad. Se instalan en el Gran Café u otros locales para comer y beber, husmean en tiendas aún abiertas o, simplemente, ingresan directamente a las estaciones del Metro Sabana Grande y Plaza Venezuela.

El desplazamiento es hecho, comúnmente, gracias a largas caminatas. “La noche es nuestra enemiga. Quedarse viendo tiendas, aunque sea para despejarse, no es buena idea en este momento”, asegura Joanna Linares, mientras aborda el subterráneo en Plaza Venezuela.
Las estaciones Altamira y Chacao del metro son cerradas con mucha frecuencia cuando se acentúan los conflictos y las principales vías se hallan obstaculizadas por barricadas, tanquetas o grupos que se enfrentan.

Aura Ortega, vendedora de una tienda de ropa en el Sambil, solo espera el llamado de los compañeros para desalojar el comercio. Aunque sean las 7:30 pm, los niveles del centro comercial están solitarios. Pocos comercios continúan abiertos, en la venta de boletos del cine solo hay una pareja y el silencio se ha instalado en los pasillos del mall.

Es una imagen que se repite en otros centros comerciales del este de la ciudad, como el San Ignacio y el Tolón. Andrés Mosquera, que trabaja en Samoa, extraña las largas filas de la clientela para disfrutar en el local. “Muchos locales nocturnos no están abriendo todos los días debido a la situación, tampoco están trabajando en horario regular por miedo a que suceda algo malo”, dijo.     

Sin garantías. No hay una declaración oficial de suspensión de garantías, pero el conflicto ha obligado a cambiar las rutinas de la población. Las calles de Las Mercedes, municipio Baruta, lucen solitarias después de las 8:00 pm. La zona era una de las más concurridas de la ciudad, especialmente por personas que deseaban ir de tragos en las noches, antes de que estallaran los pleitos a cada lado de las barricadas.

En Teatro Bar no se registran más de 30 entradas diarias de consumidores. “Antes de los problemas se llenaba el local, venían más de 200 personas y se tenían que habilitar las tres áreas; ahora solo se abre una para atender a los pocos clientes”, contó Jesús Alves, mesonero del local. Él y otro compañero de trabajo ahora pueden tomarse pausas para transitar por las solitarias calles de Las Mercedes.   

Detenidos al pasar
 
Quienes trabajan, transitan o están cerca de la zona de enfrentamiento pueden ser blanco fácil de la confusión. Lázaro Sánchez, Nury Cavaniel, Eloy Lira, Ricardo Ferreira, Daniel Moreno, Enderson Bolaños y Linzon Escolore, entre otros, fueron detenidos sin haber participado en las manifestaciones registradas desde el 12 de febrero en zonas como Altamira, Los Ruices y El Paraíso. Unos salían de clases, otros iban a hacer ejercicio o estaban entrando a sus casas.