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El trotamundos de las sonrisas

Esta semana Expedición Sonrisa visitó una escuela de San Diego de los Altos y la Colonia Tovar | Cortesía

Esta semana Expedición Sonrisa visitó una escuela de San Diego de los Altos y la Colonia Tovar | Cortesía

El argentino Facundo Mattos partió de Buenos Aires con un castillo inflable y llegó a Venezuela en enero

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El argentino Facundo Mattos tiene planificado dar la vuelta al mundo a bordo de su camioneta para llevar su Expedición Sonrisa a cada rincón. En la maleta lleva un castillo inflable de 180 kilogramos con el que sorprende con juegos y charlas sobre valores a niños de diferentes comunidades de estrato social bajo. El recorrido, que arrancó el 20 de enero de 2014 desde Buenos Aires, Argentina, llegó a Venezuela el 10 de enero.

“Entré por la frontera con Brasil, en Santa Elena de Uairén. Desde entonces estuve unos días en la Gran Sabana, Ciudad Bolívar, Puerto Ordaz, Puerto La Cruz y Caracas. Este fin de semana visitaré la Colonia Tovar”, dice Facundo. El martes 3 estuvo en la comunidad de San Diego de los Altos, junto con la Fundación UMA.

“Seguiré el viaje por la costa y haré algunas paradas hasta llegar a Maracaibo, donde me está esperando la ONG Aldeas Infantiles”.

A pesar de las advertencias sobre la inseguridad y la crisis que atraviesa el país que le hicieron conocidos y locales venezolanos, la gran preocupación del joven de 30 años de edad, en su paso por Venezuela, era si conseguiría tomacorrientes con la energía necesaria para inflar el castillo (220 voltios). “Me dijeron que el país era muy peligroso, pero me he encontrado con gente muy buena onda, siempre con una sonrisa. Me llevo una muy linda expresión de la gente que me crucé en el camino”.

El plan inicial era recorrer el mundo en 4 años. “El GPS está recalculando en este momento. Creo que me llevará al menos un año más”, bromea el argentino. Sus próximos pasos lo llevarán a Colombia hasta llegar a Cartagena y regresará a Venezuela por la frontera de Cúcuta para conocer Mérida y los llanos. Después volverá a Colombia y tomará un ferry para ir a Panamá y continuar subiendo por América hasta California, Estados Unidos, donde, en mayo de 2015 cruzará el océano hasta Corea del Sur y continuará la travesía.

La idea

De su hogar extraña a su familia y amigos, a los que ve en alguna escapada necesaria y a los que espera encontrar en algún punto del camino. La vocación de Facundo es la de un trotamundos: en una primera expedición de tres años en bicicleta por América del Sur se fracturó la columna al lanzarse de un parapente. Luego de una operación, una prótesis de titanio, un año de rehabilitación y la obligación de renunciar a la bicicleta, Facundo decidió que la Expedición Sonrisa fuera su siguiente travesía y trabajó en consecuencia por los siguientes seis años.

Estudió Administración de Empresas y su desarrollo laboral en Buenos Aires estuvo relacionado siempre con eso. Jamás tuvo formación en trabajo social o voluntariado, pero sintió que podía aportar algo a la sociedad. Facundo acude a ciertos lugares tutelado por alguna organización no gubernamental; en otros, simplemente llega a la escuela municipal, infla el castillo y comienza la interacción. A través de los juegos trata de inculcar a los niños valores como honestidad, humildad, no violencia, no discriminación, respeto, y cultura de estudio y de trabajo. “Creo que todo lo que un niño necesita para ser feliz es jugar y recibir amor; no tiene más secreto para la felicidad. Los adultos nos complicamos más”.

Facundo Mattos viaja en una camioneta que modificó para que pudiese cargar el peso del castillo inflable y que equipó con cocina, lavaplatos y cama plegable. Sus gastos los costea con ingresos que recibe de un apartamento que alquila en Buenos Aires y de las donaciones que recibe a través de www.expedicionsonrisa.com. Los costos más grandes son los envíos transoceánicos del vehículo, la gasolina y el alojamiento.

mjorge@el-nacional.com