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"La capacidad de diferenciarnos es lo que nos hace ciudadanos"

La socióloga Mireya Vargas / William Dumont

La socióloga Mireya Vargas / William Dumont

La socióloga Mireya Vargas señala que los venezolanos regresan a una psique primaria

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Hay una herida que el país no quiere ver. Los venezolanos son presa de los más primitivos complejos, esos que llevan la psique a un estado de regresión, donde las respuestas son esquivas. De eso va el libro ¿País en regresión?, que Mireya Vargas publicó el año pasado, producto de seis años de sesiones de coaching entre especialistas de las ciencias sociales, guiadas por el psicoanalista Rafael López Pedraza, cabeza de la psicología arquetipal, en las que revisaron el estado de la psique del venezolano.

Este año vuelve a mirar esas reflexiones, para dibujar la cara de un país en carestía y excesivo consumo, la de una sociedad especializada en sobrevivir. Para la socióloga, la interrogación pasó a ser afirmación. Salir de esa regresión pasa por reconocer lo que somos y no queremos ver, hacer conciencia del fracaso y recomponer los límites. La tarea es individual. Pero toca a todos.

En su libro, Vargas apunta que la psique del venezolano está a medias, in between. “El término fue acuñado por López Pedraza, con el propósito de definir esos aspectos de la psique del venezolano que están en medio de, que se cuelan, que están en los intersticios, de los que tenemos muy poca conciencia, pero que nos toca a todos integrarlos en la psique y en el cotidiano vivir. El venezolano tiene una conciencia media de ciertas complejidades, llámense psicológicas, sociales, culturales, geográficas, de las que debemos hacer conciencia para no quedarnos en un estado de actuación inconsciente o en una especie de regresión”. 

En opinión de la investigadora, el país está regresando a sus complejos, entendidos como pedazos de la historia no vividos y que aparecen con una emoción que no les pertenece. “Por ejemplo, tengo una dolorosa historia familiar con el dinero y si no tengo una relación conciente con esa complejidad, se va a manifestar de cualquier manera: llámese aprovechando sin ningún límite un negocio fácil, llámese raspar tarjetas de Cadivi, llámese hacer las colas en Daka para revender. Cuando no tengo conciencia de ese dolor histórico con el dinero, eso se va a expresar de cualquier manera. Regresamos a las expresiones más primarias de la psique. Regresamos a aquello en lo que no nos queremos reconocer”.

Esta semana se han enfrentado los que hacen colas para comprar electrodomésticos, los que los acusan de oportunistas, los que condenan al comerciante especulador. La socióloga da una lectura a este conflicto desde la posibilidad de entender al otro. “Estamos viviendo un fuerte proceso de cambio, pero lo importante es que todo proceso de cambio traiga diferenciación. Que aquellos que tienen su propia forma de entender la vida puedan tolerar al otro que vive de otra forma. ¿Para qué regresamos? Para incorporar esos elementos desconocidos que no nos pertenecen, y también para diferenciarnos. Las respuestas siempre son individuales. Para unos, hay patria; para otros no. Pero esa capacidad de diferenciarnos es lo que nos hace ciudadanos”

La conflictividad y la chispa de violencia que se ha encendido esta semana es parte de los cambios, pero Vargas destaca la capacidad de la sociedad para auto regularse y evitar que la situación se escape de las manos. “Las sociedades que están sufriendo procesos de cambio muy profundos tienen que encarar todas estas dificultades. Somos un país lleno de adolescentes. Todo el mundo sabe el drama que es vivir la adolescencia, donde las formas que traíamos de niños ya no son útiles para los retos de la adolescencia y tampoco tenemos las herramientas para vivir como adultos. Puede hacerse un símil con el país, no desde el punto de vista cronológico, pero sí para entender que estamos viviendo una gran crisis de adolescencia donde las formas anteriores no nos sirven, las nuevas no las tenemos y estamos en el medio, en el in between, para insertarnos, crecer y progresar”.