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El calvario de acompañar a un niño hospitalizado

 El área de emergencia del centro de salud es una sala de hospitalización improvisada | Foto: Angélica Lugo

El área de emergencia del centro de salud es una sala de hospitalización improvisada | Foto: Angélica Lugo

Las ONG ofrecen refugio a los familiares de niños con cáncer y otras enfermedades mientras estos reciben tratamiento

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Kimberly Escobar hace siestas, por minutos, en la sala de emergencia del Hospital J. M. de los Ríos. Son las 11:00 pm y ella, al igual que las otras madres, ve su sueño interrumpido. El llanto de los niños es intermitente.

Los médicos y las enfermeras continúan las rondas. El ruido de los monitores cardíacos es una constante y la luz nunca se apaga.

Es 10 de octubre. La hija de Escobar, de seis meses de nacida, tiene una cardiopatía congénita y pasa la segunda noche hospitalizada. La mujer descansa en una silla de plástico, que le permite guardar sus pertenencias en la parte inferior y apoyar los brazos y el rostro sobre la camilla en la que duerme la bebé.

“Desde que la niña cumplió 15 días de nacida vivo en un hospital por su cardiopatía. En el Cardiológico Infantil estuvo tres meses hospitalizada. Allí estaba más cómoda. Nos daban las tres comidas, yo dormía en una cama y ella en una cuna. Pero después del diagnóstico, los médicos me dijeron que no la podían operar porque la cirugía es delicada. Por eso la traje para acá, para que la estabilice”, indica.

Ese sector de la emergencia del J. M. de los Ríos es una sala de hospitalización improvisada que refleja una realidad repetida en varias áreas del centro asistencial: no hay sitios adecuados para que las madres de niños con cáncer y otras enfermedades pernocten; y, además, los pacientes no son clasificados de acuerdo con el tratamiento que deben recibir.

La camilla donde reposa la hija de Escobar se  encuentra en el centro de la sala. A su izquierda está hospitalizado un niño de 8 años de edad que tiene dengue, mientras que a su derecha está un bebé con neumonía. Hay un escenario similar en el primer tramo del servicio: dos niños con leucemia están en la misma área donde permanece hospitalizada una adolescente con dengue y un pequeño de 10 años de edad con una afección respiratoria.

En el área de terapia intensiva el escenario es otro. Dos hombres duermen en colchonetas colocadas en el suelo de la sala de espera, mientras seis mujeres intentan descansar en sillas metálicas. En las salas de hospitalización de Medicina II y III, en el segundo y tercer piso, respectivamente, las madres duermen en sillas reclinables.

Sin que esté planificado, todos los familiares cumplen con las pautas que dicta la dinámica del hospital. Cuando llegan los pacientes son recluidos en emergencia, donde las madres duermen en sillas de plástico; luego, cuando se abren cupos en las habitaciones, ellas tienen acceso a los muebles más cómodos, y después de varios días o semanas de espera son remitidas a un cuarto compartido. Para los padres solo está abierta la posibilidad de acompañar a sus hijos si están en terapia intensiva.

Una necesidad. Sonia Cedrés, arquitecta especializada en infraestructura hospitalaria que ha realizado investigaciones en el área, explica que un centro de salud tipo 4 como el J. M. de los Ríos debería contar con un albergue para que los pacientes provenientes del interior pernocten con sus madres.

“Las madres deberían tener áreas para descansar, así como baños adecuados para asearse y lavar la ropa de los hijos. Estudios e investigaciones han comprobado que el binomio madre-hijo tiene poder en la evolución de niños con enfermedades terminales”, precisó.

La especialista destacó que es una tendencia mundial que quienes diseñan hospitales incluyan albergues y áreas para que los familiares de los pacientes puedan pernoctar: “Cuando se construyeron los hospitales tipo 4 en Caracas, en la década de los setenta, había cuartos de reposo para madres en las emergencias pediátricas, pero con el crecimiento de la demanda esos lugares se han transformado.Eso es lo que denomino la densificación de la población y de los espacios de los centros de salud. Uno de los ejemplos más visibles es el Hospital Universitario de Caracas”.

Cedrés recuerda  que especialistas y autoridades han propuesto la construcción de un albergue en las adyacencias del hospital de niños: “Hace años se  planteó que el gobierno construyera un albergue en las instalaciones del hotel Potomac para os niños del interior que reciben terapias  ambulatorias, pero no se logró”.

La irregularidad en  el área de emergencia y en otros departamentos del J.M. de los Ríos no es  un hecho aislado, pues se repite en otros nosocomios.

Sin embargo,  ese centro es uno de los 11 incluidos en el programa gubernamental del Estado Mayor de Salud, anunciado el 27 de agosto, que establece la aplicación de planes especiales de recuperación en los hospitales seleccionados. De acuerdo con datos del Decreto 450, publicado en Gaceta Oficial  40262, el gobierno destinará  415 millones de bolívares adicionales  para atender la crisis hospitalaria.

Aliados. En la capital hay albergues creados por organizaciones no gubernamentales para que los niños de la provincia que padecen enfermedades oncológicas se hospeden con sus madres mientras reciben tratamiento médico.

Jeseida Ochoa, miembro de la Fundación Amigos de Ernesto, expresó que para la evolución y seguimiento de esos pacientes es necesario que ellos y sus madres estén en un lugar agradable, pues hay factores psicológicos y emocionales que pueden influir en la recuperación.

“Cuando a los niños les cambias el ambiente, su ánimo puede mejorar o empeorar. El cáncer es una enfermedad muy emotiva. Aquí, la madre y el niño tienen su baño particular con agua caliente. También tenemos una habitación aislada para los casos de cuidados especiales. El canal que utilizamos son los trabajadores sociales, que nos remiten a pacientes de los hospitales Oncológico, Luis Razetti, Militar, Domingo Luciani y, en algunas ocasiones, del Clínico de la UCV”, destacó.

Ochoa insistió en que las madres de esos pacientes necesitan áreas con las mejores condiciones para dormir: “Son personas a quienes se les debe dedicar atención. Muchas de las mujeres que pernoctan en las emergencias de los hospitales empiezan a vivir una pesadilla cuando oyen los gritos de una madre que perdió a su hijo. Muchas duermen en el piso o en sillas durante varias semanas. Si ellas se enferman, ¿quién va a velar por esas criaturas?”.

A juicio de la representante de la ONG, en el centro asistencial las madres deberían tener la oportunidad de preparar comida y de refrigerar algunos alimentos: “El gobierno no le ha dado importancia al deterioro físico y mental de las familias con niños que padecen cáncer. Estas mujeres pasan trabajo porque comen en la calle y duermen incómodas”.

Kimberly Escobar cumplió ayer 10 noches durmiendo en una silla. Su bebé continúa hospitalizada en el área de emergencia del J. M. de los Ríos. “Me duele todo, pero no me puedo dar por vencida. Me dijeron que la niña tiene líquido en los pulmones y debo cuidarla”, expresó.

El Dato

De acuerdo con la publicación del IVSS  Resumen de  Salud, en el país hay 26 hospitales tipo 4. De esos centros asistenciales,  21 pertenecen al Ministerio de Salud, 4 al Seguro Social y 1 al Ministerio de  La  Defensa.