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Becas universitarias no cubren gastos mínimos de los beneficiados

Pasillo interno en la Universidad Central de Venezuela (UCV) / Leonardo Noguera

Pasillo interno en la Universidad Central de Venezuela (UCV) / Leonardo Noguera

Asociaciones estudiantiles ven con desconfianza la aprobación unilateral por parte del Ejecutivo de un monto destinado a las asignaciones

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Lustay Franco describe como un vía crucis lo que vivió cuando varios de sus compañeros iniciaron una huelga de hambre y se cosieron la boca en 2011, para exigir el aumento de las becas estudiantiles.

Para entonces, la ayuda económica estaba en 200 bolívares. En ese momento, la estudiante, proveniente de Coro, ya tenía dos años en Caracas.

Llegó a la capital para estudiar Economía. Ella pertenece al grupo de 6.000 becarios que sostiene la UCV en la actualidad. Recibe 400 bolívares de subsidio desde 2011, año en el que se homologó el monto.

Aunque la medida satisfizo las exigencias de Franco por un tiempo, dos años después, luego de una devaluación de 46,5% y un índice disparado de la inflación, ella y el resto de sus compañeros en las universidades públicas del país creen que es insostenible seguir recibiendo un monto ya insuficiente.

La beca, que reciben universitarios con un nivel socioeconómico precario como el de Franco, equivale tan solo a 16,3% del salario mínimo actual, de 2.457,02 bolívares, y a 16,6% del valor de la Canasta Alimentaria, que se ubicó en abril en 2.411,93 bolívares; según el Instituto Nacional de Estadística.

La ayuda debería cubrir el acceso a la educación y contribuir al buen desempeño académico, según la Oficina de Planificación del Sector Universitario; sin embargo, a ella no le alcanza para costear el alquiler de la residencia estudiantil en Caracas, cuyo valor oscila entre 900 y 1.500 bolívares.

Hacer milagros

Un mercado compuesto por algunos productos como pasta, cebolla, tomate, sopa de sobre, papas, atún, salsa de tomate, pan y mayonesa puede costar hasta 500 bolívares. El presupuesto de Franco no le permite comprar carnes, verduras, granos o productos de aseo personal. La necesidad la ha llevado a ser creativa al cocinar. Entre sus compañeras de habitación comparten los gastos. La mayoría de las veces la asignación se le desvanece en impresiones para la universidad, otras veces le toca elegir entre desayunar y sacar copias.

Mylay Armas, de 21 años de edad,  vive con Franco en la misma residencia desde 2009. Migró de Calabozo, estado Guárico, para cursar Estudios Políticos en la UCV.

Ya tiene dos meses sin recibir la beca. “En la universidad me dicen que están esperando respuesta del gobierno”, expresó.

A Rubén Rojas, estudiante de Física en la Universidad Simón Bolívar, proveniente de Nueva Esparta, también le pagan con retraso. “La beca la gasto para hacer trabajos de la universidad. A veces no me alcanza y tengo que pedir prestado”, confiesa Moisés Torrealba, becario y estudiante de Derecho de la Universidad de Carabobo.

En el Instituto Pedagógico de Miranda, Karla Perozo hace “milagros” con la beca, que solo llega a cubrir el pasaje que semanalmente gasta —alrededor de 300 bolívares— para movilizarse desde Santa Teresa hasta Nueva Cúa.

Mientras estudia Educación Preescolar y hace pasantías en Charallave, se rebusca en lo que puede. Hace de recreadora y decora fiestas. “Las becas nos las ganamos con bastante sudor y lágrimas”, dice.

Igualar el salario mínimo

Ante el anuncio de varias universidades públicas de iniciar un paro académico indefinido, el pasado jueves el presidente Nicolás Maduro anunció la aprobación de 321 millones de bolívares “para aumentar las becas y crear otras 10.000 nuevas”, sin ofrecer mayores detalles.

El gremio universitario está a la expectativa sobre el impacto de esta decisión. El presidente adjunto de la Federación de Centros Universitarios de la UCV, Emerson Cabaña, ve con desconfianza el anuncio, al no especificar de cuánto será el aumento del monto y por ser una decisión unilateral.

El director de Desarrollo Estudiantil de la USB, Omar Pérez, considera en cambio que el dinero será destinado para alumnos becarios de la OPSU, y no para los departamentos de Bienestar Estudiantil de las universidades. “Estos becarios de la OPSU tienen sin cobrar sus becas desde enero. Es posible que sea para cancelar los seis meses que les adeudan. No creo que sea para aumentar las becas, sino ya lo hubiesen anunciado”, dijo Pérez.

Ya en marzo, la Comisión Nacional de Directores de Desarrollo Estudiantil había introducido un documento ante el CNU para exigir el aumento de las asignaciones.

Proponen que el subsidio se otorgue valorándolo en términos de Unidad Tributaria. En ese sentido, creen que la beca debería estar en 856 bolívares, equivalente a 8 UT.

Ramón Sánchez, representante de esta comisión, señaló que los dirigentes estudiantiles no concuerdan con esta petición y solicitan que la beca se equipare a un salario mínimo, de 2.457 bolívares.


Mala alimentación

La escasa ayuda económica que reciben los becarios universitarios por parte del Estado no les permite alimentarse adecuadamente.

“A veces no tengo plata para comer en los cafetines de la universidad y espero para almorzar a las ocho de la noche. Prefiero sacar una guía que comprar un almuerzo. Dependo del comedor, pero a veces no tienen comida y te dan una simple galleta con atún”, relata Mylay Armas, cursante de Estudios Políticos de la UCV.

Su compañera Lustay Franco, estudiante de Economía, considera que incluso un nutricionista no avalaría los alimentos que se ofrecen en el comedor.

“Se supone que estamos produciendo conocimiento, pero es que la verdad uno está pensando en salir volando de clases para comer porque no tuviste dinero para desayunar”, asegura Lustay.






amontilla@el-nacional.com