• Caracas (Venezuela)

Sociedad

Al instante

El alumno de dos Premios Nobel

En las nuevas estampas de José Gregorio Hernández se valora su rol de médico y por eso sale con bata blanca y no con el tradicional traje negro | Retrato Iglesia Nuestra Señora de La Candelaria

En las nuevas estampas de José Gregorio Hernández se valora su rol de médico y por eso sale con bata blanca y no con el tradicional traje negro | Retrato Iglesia Nuestra Señora de La Candelaria

Durante su paso por París y Madrid, entre 1889 y 1891, José Gregorio Hernández fue discípulo de Charles Richet y de Santiago Ramón y Cajal, merecedores del Nobel en 1913 y 1906, respectivamente

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Relacionadas

No hizo falta deliberar. El 29 de junio de 1888, cuando José Gregorio Hernández presentó el examen de grado para obtener el título de Doctor en Ciencias Médicas, el secretario de la Universidad Central de Venezuela no solicitó a los asistentes que abandonasen el recinto. En cambio, tras la exposición de Hernández, gritó: “Aprobado y sobresaliente por unanimidad”.

El Venerable ya entonces tenía fama de ser el primer estudiante de la UCV.

Corría el siglo XIX y los médicos venezolanos mostraban deficiencias en el campo de la experimentación. “El Gobierno de la época decidió enviar a París a un joven venezolano, graduado en la UCV, de buena conducta y con aptitudes reconocidas para que cursara estudios en Microscopía, Bacteriología, Histología Normal y Patológica experimental”, explicó Rafael Muci-Mendoza, ex presidente de la Academia Nacional de Medicina, durante el foro José Gregorio Hernández. Reto y esperanza.

Hernández llegó a París el mismo año que inauguraron la Torre Eiffel, en 1889, con una beca de 600 bolívares. Muci-Mendoza destacó que durante su estancia en esa ciudad, el venezolano tuvo a los docentes más destacados en su campo. Uno de ellos fue Charles Richet, ganador del Premio Nobel de Medicina o Fisiología en 1913: “Richet era profesor de Fisiología Experimental en la Escuela de Medicina de París. Isador Strauss lo instruyó en Bacteriología y lo consideró su discípulo preferido. Su otro maestro fue Mathías Duval, en histología y embriología, quien declaró que sentirse orgulloso de haberlo formado”.

El otro Nobel que educó a José Gregorio fue Santiago Ramón y Cajal, a quien conoció en Madrid y se le considera el padre de la Histología moderna.

Francisco José Virtuoso, rector de la Universidad Católica Andrés Bello, recordó que se trataba de tiempos difíciles para la fe en contraposición a la ciencia: “Venezuela se estaba abriendo a la modernidad. Para los positivistas, la fe formaba parte de un estadio anterior al desarrollo de la humanidad. Eran conceptos irreconciliables, pero eso no le impidió a José Gregorio ser un hombre con profundo compromiso cristiano, que puso su profesión al servicio de los más necesitados”.

Pionero. El regreso de Hernández a Venezuela costó 1.765 bolívares, el dinero fue suficiente para que trajera consigo los instrumentos para equipar el laboratorio de Fisiología experimental que sería instalado en la UCV. Las herramientas eran similares a las que había en los laboratorios de Berlín, que Hernández consideraba eran los más especializados.

Trajo seis microscopios con una resolución de una micra y magnificaciones de hasta 1200 diámetros y un tensiómetro más elaborado que permitía tomar la tensión sistólica y la diastólica –los que se usaban en el país sólo tomaban la sistólica–. “Gracias a él surgió la pedagogía científica”, sentenció Muci-Mendoza.

Para José Ignacio Moreno León, director del Centro de Estudios Latinoamericanos Arturo Uslar Pietri, uno de los principales atributos de José Gregorio es que permitió renovar los estudios médicos en el país: “Modernizó la medicina. El impulso que le dio fue similar al que tuvo José María Vargas”.   

A su regreso, en 1891, Hernández fundó la primera cátedra de Bacteriología en Venezuela y, de acuerdo con el Primer Congreso Médico Panamericano realizado en Washington en 1893, también fue la primera fundada en América.

La muerte de José Gregorio la certificó Luis Razetti, que en vida se contaba entre sus amigos, a pesar de sus diferencias religiosas. Cuando Hernández, en 1908, renuncia a la Academia de Medicina para irse a La Cartuja. Razetti, Secretario Perpetuo de la institución, no aceptó la renuncia.

Rafael Muci-Mendoza, ex presidente de la Academia Nacional de Medicina, recuerda que una polémica famosa que hubo entre ambos médicos se debió a su posición sobre el origen del universo: “Hernández era creacionista y supo defender su postura frente a Razetti, al decirle que las academias no deben adoptar como principio de doctrina ninguna hipótesis, pues esto lejos de favorecer dificulta el adelantamiento de las ciencias”.