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Zapata, profesor de humorismo

Show Amor y Humor, espectáculo humorístico realizado por  Rolando Salazar, Claudio Nazoa,  Pedro León Zapata y Sus Amigos, Caracas 13-02-2008 | Foto: Nelson Castro / El Nacional

El caricaturista fundó la Cátedra del Humor | Foto Archivo El Nacional

Nuevas generaciones de comediantes reiteran el legado del artista, que durante más de 50 años desmenuzó en sus discursos la realidad del país

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Pedro León Zapata decía que quería ser como el artista Armando Reverón o dedicarse a leer. En ese orden precisamente. “Ser presidente de la República ocupa un lugar tan secundario, tan terciario y tal vez tan cuaternario que, viéndolo bien, viene a quedar del lado de las cosas que no me gustan”.

Aun así, lanzó su candidatura con una lista del posible gabinete de ministros que lo acompañaría en su gestión, en la que destacaban los humoristas Graterolacho y Otrava Gomas. Asimismo, con total irreverencia y desparpajo, anunció en una caricatura el que podía ser su eslogan de campaña: “Estos tampoco van a cumplir, pero al menos ofrecen cosas más divertidas”.

Su liderazgo como crítico del país y de sus gobiernos tuvo palco en el Poliedro de Caracas y en el Aula Magna con su Cátedra del Humor Aquiles Nazoa, que fundó en 1980 y que lograba reunir a 3.000 espectadores cada lunes. Allí formó generaciones de humoristas y sus pares lo describen como “ingenioso, bondadoso y gran maestro”.

“Esa candidatura surgió en época preelectoral, lógicamente interpretando el descontento general que siempre ha existido en la población contra casi todos los candidatos a la Presidencia. Curiosamente, casi toma un camino serio. La gente mostró mucho entusiasmo, sin duda porque sabía que los humoristas somos gente muy seria, mucho más que los que se las dan de serios y, al final, lo que hacen da ganas de reír”, dijo en aquella ocasión el humorista y precandidato a ministro de Excusas y Justificaciones, de Ruinas y Derrumbes, Jaime Ballestas, mejor conocido como Otrova Gomas.

En 1967 bautizó su libro Zapatazos en la Universidad Central de Venezuela. Como profesor de Dibujo de la Facultad de Arquitectura le propuso al rector: “Si existe una cátedra de Dibujo, que es algo que no se enseña, ¿por qué no puede haber una de humorismo, que es algo que no se aprende?”. Más de una década después la idea se materializó: la cátedra se inauguró el 11 de marzo de 1980 en la sala E de la Biblioteca Central de la UCV. Debido a la cantidad de asistentes se tuvo que mudar a la Sala de Conciertos y en julio, por la misma razón, tomó el Aula Magna.

El desparpajo no era bien visto por Germán Carrera Damas, entonces director de Cultura de la UCV, quien se opuso a que un lugar que debía estar dedicado a actos solemnes se utilizara para “mamar gallo”. Es la opinión del historiador hasta hoy en día, que no rechazaba la creación de la cátedra sino el sitio donde se dictaba. Sin embargo, la solemnidad del académico no pudo impedir que la Cátedra del Humor se siguiera llevando a cabo en el Aula Magna. Su público y el resto de las autoridades universitarias apoyaron la iniciativa.

Ser inteligente y además tener sentido del humor eran los requisitos para ser alumno de Zapata, quien invitó a sus clases al autor de La colmena, Camilo José Cela; al escritor Salvador Garmendia y al dramaturgo José Ignacio Cabrujas.

Hacer pensar. Caricaturista, artista plástico, humorista y también maestro. Las nuevas generaciones de comediantes lamentan la pérdida de Zapata y alaban su manera de hacer pensar al venezolano.

“Su obra es un libro abierto. Conversar con él era un aprendizaje, era increíble. A mí me ayudó a entender cada vez más este arte de utilizar la risa para que la gente reaccione, cambie y transforme el mundo en un hogar mejor”, expresó el humorista Laureano Márquez, quien lo recuerda como un hombre bueno de espíritu, comprometido con el sueño de un país.

Su humildad fue la primera lección para sus pares. “Él tenía esa condición especial con la que se nace, tanto para captar, desmenuzar y saber develar acertadamente y con un tono gracioso los problemas de la sociedad y de la vida en general; por otro lado, tenía una enorme cultura, lo cual le permitía manejar de manera mucho más completa las respuestas. No solo eran jocosas sino siempre brillantes y salían al instante, como si estuvieran esperando”, agrega Jaime Ballestas.

Claudio Nazoa agradece que Zapata homenajeara a su padre con el nombre de la Cátedra del Humor. Reconoce que de Aquiles Nazoa sacó la genética para ser comediante, pero de Zapata le quedó la inspiración.

“Antes de la cátedra los comediantes estábamos muy dispersos. Yo creo que fue a partir de esta idea de Zapata que el humor comenzó a llenar teatros”, dijo Nazoa.