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En Venezuela el acceso a Internet es más alto en hogares

Los docentes no han recibido suficiente formación para el manejo de las tecnologías en el aula

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Con el paso de los años, la penetración de Internet en Venezuela ha aumentado; sin embargo, más de la mitad de la población aún no tiene acceso al servicio.

De acuerdo con cifras de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones, para finales de 2011 el país contaba con 11,8 millones de usuarios de Internet. Esta cifra representa un aumento de 16,8% con respecto a 2010. De cada 100 habitantes, 40 usan este servicio –por lo tanto, 60 de 100 no lo utilizan–.

Los datos de Conatel indican que para ese mismo periodo había más cantidad de suscriptores residenciales que móviles. Pese a que sigue existiendo mayoría de clientes en los hogares, la tendencia ha cambiado un poco. En 6 meses el número de suscriptores para dispositivos móviles se incrementó –entre el tercer y el cuarto trimestre del año esta cantidad aumentó en 115.492–, mientras que los suscriptores en viviendas disminuyeron en ese lapso.

El uso de las tecnologías en las escuelas avanza a paso lento, debido a que los diseños curriculares “no prevén un uso transversal de la herramienta y, en su lugar, son vistas como asignaturas aisladas”, explicó Carlos Delgado Flores, especialista en sociedad de la información.

Al cierre de 2010, el alcance de las redes sociales llegó a 88,9% de la población. Surge entonces una paradoja a los ojos de Delgado Flores: “8 de cada 10 venezolanos están en Facebook; y Twitter ha crecido 1.000% en los últimos 2 años. No obstante, nuestro ancho de banda dista mucho del estándar mínimo y las escuelas no van a la vanguardia de este proceso. Muchos de los usos de las tecnologías las personas los adquieren en sus hogares y por su cuenta”.

Un estudio de la Cámara Venezolana de Comercio Electrónico señala que para 2009 el uso de Internet estaba concentrado en hogares y cibercafés. Los centros de estudio, en cambio, representaban 6% del total.

Tal atraso se debe, en opinión de Olga Ramos, coordinadora del Observatorio Educativo Venezolano, a las carencias en la capacitación recibida por los facilitadores para el uso de estas herramientas. “Los docentes tienen serias deficiencias en el manejo de las pedagogías. No importa el tipo de computadora que tenga si el maestro no tiene competencias para formar al estudiante en el desarrollo del pensamiento lógico y la resolución de problemas”, apuntó.

Respuesta a la exclusión. Los planes gubernamentales han previsto la instalación de 2.261 centros Bolivarianos de Informática y Telemática, que son aulas tecnológicas dotadas de 20 computadoras, conectadas en red con el sistema operativo Canaima 3.0 –que se vale del software libre–. Para Ramos, esta y otras iniciativas deben contribuir a disminuir la exclusión en el sistema educativo.

“La incorporación de las nuevas tecnologías no debe quedarse en las aulas; aquí también debe incluirse la formación para adultos y jóvenes que están fuera del sistema formal de escolaridad. Hay que aprovechar la tecnología más allá de las escuelas y esta es una arista que no se está desarrollando”, subrayó.

Leonardo Carvajal, representante de la organización Asamblea de Educación, señaló que “esta es una forma de reducir la dependencia de las escuelas. De este modo puede haber más rendimiento de las instalaciones y absorción de matrículas”.

Delgado Flores agregó que la incorporación de las tecnologías a la educación permite a los jóvenes desarrollar otras destrezas vinculadas a la construcción de consenso, deliberación, toma de decisiones y aprendizaje colaborativo.

Una arista más a considerar se vincula con el uso de los teléfonos inteligentes. 29% de las conexiones a Internet en el país se realizan desde un dispositivo de este tipo.

No obstante, Mariano Herrera, director del Centro de Investigaciones Culturales y Educativas, subrayó que si bien los teléfonos se han distribuido masivamente, aún no se utilizan como herramienta para la formación: “La mayoría de la juventud venezolana tiene un teléfono celular, pero su uso está más vinculado a razones sociales que educativas”.