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En Venezuela existen 11 cofradías de los Diablos Danzantes de Corpus Christi

Cofradías de los Diablos Danzantes | Cortesía Mintur

Cofradías de los Diablos Danzantes | Cortesía Mintur

El 6 de diciembre de 2012, los Diablos Danzantes de Venezuela fueron declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

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Los Diablos Danzantes de Corpus Christi de Venezuela son una de las expresiones del patrimonio inmaterial que por su riqueza, significación y tradición refleja la identidad y diversidad cultural de nuestro país.

El 6 de diciembre de 2012, los Diablos Danzantes de Venezuela fueron declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

El Ministerio para el Turismo ha recopilado información de cada una de las cofradías

Diablos de Yare en Miranda

Los Diablos Danzantes de Yare son los más famosos, se identifican por vestirse completamente de rojo y por cargarse de amuletos religiosos que los protegen del maligno. Cuenta la leyenda que la tradición inició en el año 1749 luego de una gran sequía que afectó el Valle de Yare, fieles hicieron promesas al Santísimo Sacramento para que llegara la lluvia al lugar, desde ese entonces los promeseros salen cada año sin interrupción.

La estructura jerárquica de la cofradía de Yare está definida por el tamaño de las máscaras y el número de cachos que poseen. El primer capataz es el diablo más antiguo y la máxima autoridad del baile, tiene cuatro cachos en su máscara. El segundo capataz tiene tres cachos en su máscara y organiza el desarrollo del baile. El arreador usa máscara de tres cuernos y un mandador, impone respeto y disciplina en el baile. Los diablos son los demás miembros, usan dos cuernos en las máscaras y se les llama rasos. El cajero es quien ejecuta los instrumentos musicales.

La única mujer (sayona) utiliza una máscara de tres cachos y su función es dirigir a los nuevos participantes. El resto de las mujeres no pertenecen a la Cofradía, solo pagan promesas, vestidas de rojo, sin máscaras.

Diablos de Naiguatá en Vargas

La cofradía de los Diablos Danzantes de Naiguatá tiene su origen en el siglo XVII, cuando españoles trajeron a esclavos del Congo, la fiesta es producto del mestizaje racial y cultural. Los diablos son una manifestación de ese torbellino cultural en el que le rinden culto a Santísimo Sacramento del Altar.

Durante la celebración las calles de Naiguatá se adornan con múltiples colores que cubren al danzante o promesero de pies a cabeza. Las máscaras de esta cofradía representan en su mayoría a animales marinos, que van danzando al ritmo de “la caja” que sustituye al tambor en el recorrido por la pueblo.

En junio de 2003 son declarados Patrimonio del Municipio Vargas. Luego el Consejo Legislativo del Estado los nombra Patrimonio Cultural. En el 2006 son nombrados patrimonio Histórico, Religioso y Cultural.

Ocumare de la Costa en Aragua

La cofradía de los Diablos Danzantes de Ocumare de la Costa en el estado Aragua data de 1610, aunque hay otras informaciones que los bailaren no se iniciaron sino hasta 1621. Estos diablos bailan dos días en la semana de Corpus Christi. Esta cofradía no permite que las mujeres bailen, sin embargo ellas participan ayudando en la confección de los trajes, la comida, los altares, llevan agua para la hidratación de los asistentes y cuidan a los niños.

El traje es parte de la ofrenda que se ofrece, deben ser nuevos cada año, si no el promesero no puede bailar. Las máscaras se hacen al gusto de cada uno y tienen caras de animales. Lo importante es que cada traje lleve una cruz de tela bordada y una de palma bendita, para proteger a los danzantes del maligno.

La jerarquía está en el rejo y se reconoce por los nudos. El mandador o rejo del capataz mayor tiene cuatro nudos, cada uno tiene una oración y hay un tiempo que se vela para bendecirlo. Además sirve para enseñar a los diablos que no hacen las cosas bien y para echárselo a las personas que se atraviesan durante el baile. Durante la danza es común que algunos animales como los perros o gatos se acerquen, por lo que los perreros los ahuyentan porque no saben si es el maligno.

Chuao en Aragua

La cofradía de Chuao tiene más de 300 años, pero se desconoce su fecha exacta de inicio. La norma más importante de la organización es que sólo pueden ser diablos los nativos o descendientes del pueblo, además las mujeres tampoco pueden bailar, sólo participan ayudando en la confección de los trajes, bendicen a los diablos y les dan ramazos con agua bendita. Los danzantes tienen prohibido tomar alcohol en las calle, ni quitarse las máscaras hasta llegar a sus casas.

Su vestimenta es multicolor y las máscaras se realizan usando los colores negro, blanco y rojo, además lleva enlazado entre los cachos una cinta tricolor. La danza va a acompañada del repique del tambor, el mismo lleva atado un cordón de plumas de zamuro llamado chirriador que producen una vibración mayor y que acompaña al cuatro.

La jerarquización se pone de manifiesto en lo largo del bigote o barba: el primer capitán tiene un bigote largo con una gran barba, el segundo lo usa más corto y el tercero más corto aún. Existen tres capitanes, un capataz y la sayona, que es un hombre vestido de mujer y representa la madre guía de los diablos principiantes.

Turiamo en Aragua

La cofradía de Turiamo, son los diablos exiliados. Su tradición de espantar al demonio data de siglo XVII, pero en 1957 fueron sacados de sus tierras durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, para la instalación de una base naval. Desde entonces bailan en los barrios 23 de Enero, El Recurso y La Coromoto de Maracay.

Sus trajes son realizados de colores muy llamativos, llevan máscaras de cartón y alambres con velos, para soportar el calor de Maracay; las originales antes del exilio se realizaban de totuma y coco seco. Al atuendo le agregan una especie de látigo de cuero con un palo de madera, conocido como “el mandador”. Su danza va a al ritmo de cuatros y maracas.

Cuyagua en Aragua

La celebración de los Diablos Danzantes de Cuyagua data de 1773. Al igual que otras cofradías las mujeres no bailan, sólo ayudan en la confección de los trajes, arreglo de los altares, preparación de comidas y distribución de bebidas.

Esta cofradía tiene la particularidad de permitirle a los danzantes decidir cómo vestirse cada año. Lo que no varía son los estampados coloridos, las telas avivadas de matices festivos y las máscaras de tela metálica adornadas a su gusto con formas de animales.

La jerarquía de esta cofradía se clasifica en perreros, capataces y diablos. Los primeros son los más viejos en el grupo, van sin traje el día de la celebración y son una suerte de acompañante sagrado. Les sigue el segundo y tercer perrero, quienes cuentan a los diablos antes de salir y ofrecen los servicios de guía durante el recorrido. La jerarquía cierra con los diablos, quienes adoran al Santísimo Sacramento al son del baile. A través de su danza promueven el respeto a las personas mayores, a las jerarquías y al trabajo en conjunto.

Cata en Aragua

Hay registros de bailes desde principios del siglo XVII, la cofradía actual tiene unos 12 años de constituida, estos diablos danzan dos veces al año, el jueves de Corpus Christi que es invariable y un día festivo que escogen entre todos. Las mujeres no participan en el baile. Para ser un diablo de Cata el aspirante debe haber hecho la primera comunión, ser mayor de 12 años, ser religioso y hacer una promesa al Santísimo Sacramento por trabajo, familia o enfermedad.

Sus máscaras están fabricadas de tela metálica con los ojos, nariz y boca pegados a la tela. Llevan cintas multicolores en sus cachos, además usan capas largas de color. El traje puede ser floreado o estampado. Lo que debe mantenerse es el patrón tipo Luis XV y alpargatas. Va acompañado de una capa y un pañuelo blanco que usan en la mano izquierda y recubre un escapulario. Usan maracas y cencerros para acompañar la música, llevar el ritmo del baile y anunciar la llegada de los diablos. Además, la creencia es que estos instrumentos alejan al maligno.

Patanemo en Carabobo

El origen de esta cofradía se remonta a 1721. En la actualidad tiene tres capataces, dos perreros, 110 diablos rasos y dos sayonas. Como parte del ritual los diablos danzantes se dan un baño de purificación en el río “El paso de Belén”

Las máscaras son hechas dos meses antes del día de Corpus Christi, recrean animales como peces, perros, cochinos, pericos y dragones, son hechas con cartón y engrudo. Las mismas deben renovarse cada año. El traje es de rayón estampado o satén, pero antes de usarlo debe ser santiguado por el capataz, las mujeres se visten con batas de colores, no usan máscaras, a veces bailan y otras veces colaboran con el cuidado de los niños durante la danza.

Utilizan el cuatro con las cuerdas volteadas y la danza es acompañada por unas maracas y por campanas o cencerros.

San Millán en Carabobo

Esta cofradía data de 1827, aunque es desde 1973 que se ha rescatado la tradición de los Diablos Danzantes de San Millán. La cofradía se organiza por tres capataces, que aunque ofrecen sus servicios de guía espiritual no tienen distinción entre los otros diablos. Para ser parte de la cofradía, el hombre debe cumplir con tres requisitos: tener más de 10 años, estar bautizado y bailar sin interrupción durante siete años.

Su vestuario es sumamente colorido y las máscaras están hechas con alambre moldeable, papel periódico y tintas de colores. Las mujeres acompañan a estos danzantes y los apoyan con agua, chocolate o si el traje se daña. Durante las danzas van al ritmo del cuatro, bailan también el caracol o juego en círculo.

Esta cofradía no tiene jerarquías, sólo eligen a los capataces por años de dedicación o trayectoria.

Tinaquillo en Cojedes

La tradición de los Diablos Danzantes de Tinaquillo data entre los años 1907 y 1910, desde ese entonces se ha bailado sin interrupción. Se diferencia de las otras 10 cofradías porque además de danzar el jueves de Corpus Christi, dedican siete trochas o bailes dominicales consecutivos para honrar al Santísimo Sacramento.

El vestuario de esta diablada se destaca, por la dualidad del rojo y negro que se complementan con camisa de flequillos y pantalones de satén. Las máscaras son elaboradas con tela metalizada y se caracterizan por tener rasgos humanos exagerados, tienen ojos, nariz, bigote, colmillos y cejas levantadas. Usan alpargatas y sobre el bombache de sus pantalones una serie de cascabeles prensados para espantar al mal. A la danza le llaman coreografía y varía de acuerdo al golpe de ritmo que entone el cuatro.

Como la mayoría de las cofradías del país, la de Tinaquillo se divide en primer y segundo capataz, se incluye una nueva modalidad titulada “Diablo suelto”, que es la única figura a la que se le permite estar delante de la línea de mando del primer capataz.

San Rafael de Orituco de Guárico

La fiesta de los diablos de San Rafael de Orituco se remonta desde la época de la colonia, esta es la única diablada donde se toca el cuatro y la tambora a la vez.

Los diablos usan trajes rojos y negros con capas que los cubren desde los hombros hasta las rodillas. Las máscaras son gigantescas con trompas alargadas, de colores llamativos y apariencia maligna. La vestimenta está cruzada con el color rojo y el negro para cuidarse del demonio.

Esta diablada es particular por permitir la participación de mujeres, llamadas “La Diabla” y durante su baile coquetea con los otros diablos para sonsacarlos mientras suena la música. Aunque puede bailar más de una, no pueden ser más que los diablos, su traje es un vestido floreado de mangas largas y su máscara debe ser redonda.