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Vecinos paralizan obras de prolongación de la Cota Mil

Las grietas en la casa de Silverina Encarnación atraviesan las paredes desde el techo hasta el piso | FOTO RAÚL ROMERO

Las grietas en la casa de Silverina Encarnación atraviesan las paredes desde el techo hasta el piso | FOTO RAÚL ROMERO

 Después de dos años desconocen si habrá que demoler las viviendas, si repararán las casas afectadas o si los indemnizarán 

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Silverina Encarnación tiene una concretera en el patio trasero de su casa. Escasos metros separan su vivienda de los túneles que dan inicio a la prolongación de la avenida Boyacá, hacia la autopista Caracas-La Guaira. La ejecución de la obra comenzó en 2012, a cargo de la empresa lusitana Teixeira Duarte, S. A., que a través de un túnel doble de 2,8 kilómetros y un un nuevo viaducto conectará la Cota Mil con la autopista. 

El Cardón es la comunidad más cercana a la construcción. Encarnación, de 64 años de edad, duerme en el sofá de la casa. Hace meses abandonó la habitación debido a las grietas y la humedad que se han ido apoderando de la vivienda desde que comenzaran las obras.

El consejo comunal El Cardón de San José del Ávila calcula que hay de 15 a 17 viviendas que presentan daños estructurales y agrietamientos debido al movimiento que produce en la zona la máquina compactadora del terreno. “Las casas se mueven como gelatina”, describió Rosamar Valerio, habitante del sitio.

Más de 20 vecinos pernoctaron el martes frente a los túneles. Ubicaron un par de carpas y un toldo en la construcción a la espera de una respuesta del Ministerio de Transporte Terrestre ante sus reclamos. La zona fue declarada como un área de alta vulnerabilidad por el Instituto Municipal de Riesgo y Administración de Desastres del municipio Libertador, pero tras dos años de negociaciones la comunidad desconoce qué sucederá con las viviendas.

El martes a las 10:00 am, Cavim iba a realizar unas detonaciones en los túneles. Desde entonces la obra está paralizada, pues la comunidad tomó el sitio para evitar la explosión. “Si con la compactadora tiemblan las casas, qué sucederá si hacen una detonación”, preguntó Jenny Civira, vocera del consejo comunal. La promesa hecha el martes en la noche por el funcionario encargado era que ayer retirarían los explosivos, pues con el transcurrir del tiempo pueden tornarse inestables. Sin embargo, al mediodía aún no los habían retirado y la comunidad no había obtenido una respuesta positiva a su solicitud de hablar directamente con el ministro Haiman el Troudi.


Diálogo sin respuesta. “Hemos tenido reuniones con Gildemar Gil, responsable de Grandes Obras del ministerio, quien no tiene capacidad de respuesta, sobre si demolerán las casas, las arreglarán o nos indemnizarán; pero ni el ministro ni el viceministro pueden reunirse con nosotros porque están de gira”, indicó Óscar Blanco. La comunidad asegura que no está en contra de la realización de la obra: “Estamos a favor del progreso de la ciudad. Solo queremos que nos atiendan”. Esta es la quinta vez que los vecinos toman la obra en el transcurso de un año. 


Indecisión
El Cardón es una comunidad con más de 60 años. Su rutina se trastocó hace dos con la construcción. En enero representantes del ministerio llevaron a una contratista que verificara la situación de las casas, pero indicaron que habría que demolerlas, pues si se hacían reparaciones superficiales se volverían a agrietar. En marzo los ingenieros estuvieron dentro de las casas con la compactadora encendida y pasado pocos segundos mandaron a apagarla, alegando que podría ocurrir una desgracia.