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Urosa Savino: “Hay que rechazar cualquier igualación posible: Jesús es Dios”

Durante la homilía que ofreció este Miércoles Santos en la Basílica de Santa Teresa, el Arzopispo de Caracas dijo que ningún líder puede equipararse a Jesucristo

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No hubo lugar para matices. El Cardenal Jorge Urosa Savino fue enfático durante la misa que ofreció en honor al Nazareno de San Pablo.

En siete oportunidades, y de modos distintos, repitió que Dios se encarnó en hombre únicamente a través de Jesucristo y sólo él merecía toda la gloria y el poder. Las alusiones las hizo luego de felicitar a la feligresía por venerar la imagen del Nazareno y por pertenecer a una religión como la cristiana, que es sinónimo de vida, gracia y triunfo.

Urosa invitó a los presentes, que colmaron totalmente el templo, que renovaran su fe con alegría y entusiasmo, inspirados en la “bella imagen de aquél que cargó la cruz para compartir nuestras penas y dolores”.

“Lo grande de nuestra santa religión es que aquél que cargó con la cruz no es un líder de los pueblos. No se trata de un líder social, político o artista. No. Es el hijo de Dios hecho hombre. No podemos rebajarlo a la condición de un ser humano cualquiera”.

Después prosiguió: “Jesucristo es el señor, es Dios, es quien merece toda la gloria y el poder”. Más adelante Urosa subrayó: “Lo repito: Jesucristo no es como cualquiera de nosotros. Ni siquiera como los santos: San José, la Virgen María, San Agustín, San Ignacio, San Juan Bautista o San Juan Bosco. Jesucristo es la misma divinidad encarnada. No es un ser humano cualquiera”.

Y así, mientras avanzaba en la liturgia acentuaba: “No podemos igualarlo a ningún gobernante (…) No se pueden mezclar los planos: el religioso espiritual con el terrenal o el sociopolítico”. Hasta sentenciar: “Hay que rechazar cualquier igualación posible. Jesús es Dios”. Y una lluvia de aplausos retumbó en el templo, al punto de hacer inaudible el discurso.

Contra la violencia

En su homilía, el Arzobispo de Caracas también pidió que se abandonara cualquier forma de violencia dentro de los corazones: odio, rencor, codicia.

Se pronunció contra los ritos que llamó satánicos, al referirse a cualquier acto que atentase contra la salud y el bienestar de los niños. Dijo que el aborto provocado es un crimen abominable que no se puede permitir. “No se puede asesinar a un niño en el vientre de la madre, donde debería estar mejor cuidado”

Repitió que ser cristianos no era cualquier cosa sino que significaba ser hijos de Dios y discípulos de Jesucristo. Y en dos ocasiones, al inicio y al final de la liturgia, exhortó a los venezolanos para que resolvieran los conflictos de manera pacífica. Al final de su discurso se pidió por la pronta beatificación del doctor José Gregorio Hernández.

Columnas de orquídeas

A pesar de su rostro, marcado por el dolor y el sufrimiento, el Nazareno de San Pablo, lucía impetuoso. Fue colocado, como es habitual durante los Miércoles Santos, en el centro del altar mayor. A diferencia de otros años, no tuvo un arco de orquídeas ni cúpula alguna que lo cubriera.

En esta oportunidad, la cofradía que se encarga de engalanarlo decidió que su imagen iría apoyada sobre una alfombra de orquídeas moradas, como su túnica; y que las andas metálicas que lo llevan durante la procesión se cubrieran también con un mantel de terciopelo púrpura de bordes dorados, como los cíngulos o cordones atados a su cintura.

Las dos columnas frontales del baldaquino que ampararon la talla fueron vestidas de orquídeas hasta el techo; mientras que las dos posteriores sólo fueron revestidas hasta la mitad.

Algunos asistentes a la Basílica lo veían más sencillo que en otras ocasiones.. Otros, como el seminarista Ángel Ramírez, lo apreciaron hermoso en su sencillez. “Así lo arreglan en Sevilla, donde le colocan una alfombra pero de rosas”, indicó.

Mientras la mayoría de los creyentes o promeseros caminaban, se tropezaban y hasta llegaban a empujarse para poder ver la imagen desde el frente del altar y no por la espalda (que era la visión que se obtenía al acceder al templo por la entrada principal); otros saludaban a la Virgen Dolorosa, que estrenaba traje de terciopelo negro.

Entretanto, el maestro de capilla José Betancourt participaba en su novena misa. Había llegado desde Mérida para acompañar musicalmente la liturgia y tecleaba el Popule Meus, de José Ángel Lamas, sobre un órgano tubular de más de 200 años de existencia. Aunque había comenzado a la medianoche del martes y todavía le faltaba interpretar música sacra en cuatro misas más, el organista aseguró no sentirse cansado, sino por el contrario dijo estar muy feliz..

“Como católico es una experiencia muy gratificante. Me llena de paz, de Dios y de ganas de vivir. Estoy donde quería estar”, aseguró.

Agradecimientos

Como todos los años, la Basílica se colmó de creyentes que fueron a pagar sus promesas al Nazareno. Irleny Vequis llegó desde Petare con su hijo de dos meses de edad, Greiber Josué, para dar las gracias por la salud ofrecida. Freddy Rodríguez, de 68 años, se mandó a hacer una túnica especial y un cintillo de espinas para celebrar la protección concedida por el Cristo. Yetsenia Carpio vino por vigésima ocasión desde Puerto Ordaz para acompañar a su madre, Expedita, quien en esta oportunidad llegó en silla de ruedas porque se cayó y se le partió el fémur. Y Ninfa Ruiz, de 78 años, apenas avanzaba entre la muchedumbre, pero igual insistía porque quería saludar al hijo de Dios y decirle que le ayudara a sanar la lesión que tenía en la cervical. Todos acalorados y cansados pero movidos por el deseo de agradecer, de rendirse ante la majestad de un rey y de sentirse acompañados en el camino de la vida.