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Terapeutas de cuatro patas

Los procedimientos con caninos fortalecen las habilidades físicas, motoras y emocionales en pacientes con síndromes o condiciones especiales

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El contacto con animales relaja y anima a las personas. Es por eso que en ocasiones los involucran como apoyo en tratamientos para pacientes con patologías físicas o emocionales. Con esta técnica, denominada zooterapia, se obtienen resultados a corto plazo en el ámbito motor, cognitivo e incluso social. "El animal es un vínculo entre el humano y la sociedad", señala Lilian Mendoza, representante de la dirección formativa de Fundanimal, fundación que entrega perros de terapia a personas que los necesitan.

La terapia asistida por perros se llama canoterapia. Son numerosos los beneficios que se alcanzan con esta técnica y varían dependiendo de la necesidad del paciente. Los perros de asistencia trabajan con un solo individuo para cumplir con las funciones que su tratamiento exija. Son usados con personas que requieren de un sistema diseñado de manera específica. Suele aplicarse en pacientes que sufren de problemas neurológicos ocasionados por accidentes.

Otros caninos son entrenados para trabajar de manera más general. Esa modalidad es denominada terapia asistencial apoyada por un animal. "Cubre casi todos los síndromes.

Es utilizado para tratar autismo, e incluso deficiencias genéticas o cromosomáticas. El perro trabaja como herramienta o complemento de un déficit", explica Mendoza. Este tipo de perros son los utilizados para acompañar a personas ciegas o con deficiencia auditiva y para recordar a los pacientes la ingesta de sus medicinas.

Existen también animales de terapia educativa. Ayudan con problemas de hiperactividad, déficit de atención y síndromes como el de Down, Parkinson y Alzheimer. Se usan para asistir a pacientes con parálisis cerebral. Es empleado en terapias para niños con condiciones especiales, como autismo, retardo mental o dificultades de aprendizaje.

Asistencia integral. Las sesiones de terapia educativa se pueden realizar en cualquier lugar. Sólo se necesita una colchoneta en la que trabajará el paciente con el perro y un experto. "Se ejercita a través de mantras. Son posiciones que fortalecen aspectos en el niño. En menores de 15 años de edad se trabajan las áreas de desarrollo: el lenguaje, la motricidad y el ámbito emocional. Es una labor de senso-estimulación, se trata al niño de una manera integral", afirma Mary Carmen Méndez, dueña de Negra Atenas, perra mestiza que trabaja con niños con condiciones especiales.

Las posiciones varían de acuerdo con el paciente. Es importante analizar los estudios médicos antes de comenzar la terapia para definir los aspectos que el perro puede potenciar y reforzar. En caso de problemas motores, se practica el empuñamiento de la persona con el petral de la correa del perro, que debe caminar lentamente al lado del paciente.

De esa manera se estimula la motricidad y, en ocasiones, el seguimiento visual.

Los resultados son palpables. "La madre de uno de los pacientes nos dijo que lo que no había logrado ningún fisioterapeuta en diez años, lo logró Negra Atenas en siete meses. Las mejoras se ven a corto plazo y permanecen a lo largo del tiempo", cuenta Méndez.

La terapia obliga al paciente a realizar movimientos para vincularse con el animal y, de esta manera, trabajan su musculatura y los problemas físicos que pueda tener. Existe una posición en la que personas que no pueden caminar colocan sus piernas sobre el cuerpo del perro. El animal debe mantenerse allí en forma tranquila.

El calor corporal del can y su respiración estimulan y ejercitan las piernas del paciente.

La clave del éxito de este tratamiento está en las diferencias entre el hombre y el perro. "No es igual el contacto con el humano. El perro tiene una temperatura corporal y una textura diferente. Y se mantienen allí, no causa temor", explica Rosa García, médico especialista en retardo mental, autismo y orientación educativa.

En niños se debe garantizar un estado de seguridad, especialmente si padecen de parálisis cerebral porque tratan de moverse sin que el cuerpo los obedezca. Estos pacientes se frustran al estar conscientes de que no pueden hacer los movimientos. "Las experiencias de fracaso no los motivan a seguir intentando. Hay que trabajar con ellos su autoestima. El carácter de un perro entrenado le da confianza, lo relaja. El perro no presiona ni juzga, el humano sí", asegura García.

La canoterapia puede también descartar la sospecha de algún síndrome y generar habilidades sociales y emocionales. Méndez relata que en una ocasión se descartó trastorno de autismo en una niña por medio de este método. Incluso se ha logrado instaurar lenguaje gutural en pacientes que no realizaban ningún tipo de comunicación, y se generan respuestas afectivas en personas con dificultad para demostrar emociones o que no toleran el contacto físico.