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#RostrosDeLaCrisis: “No tengo medicinas, me van a enterrar con la prótesis”

El viaje a la isla costó 300.000 dólares | Foto: Henry Delgado

El viaje a la isla costó 300.000 dólares | Foto: Henry Delgado

Antonio Guerra necesita desmopresina para controlar su sed insaciable, pues padece diabetes insípida. El Estado lo envió a Cuba para ponerle una prótesis en el ojo, pero no le garantiza el medicamento

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“Un guardia me paró, me dio un peinillazo, me dijo que corriera y empezó a disparar”, así fue el 27 de febrero, día del Caracazo, para Antonio Guerra. En un instante le cambió la vida. “Una bala me dañó el ojo izquierdo totalmente, me dañó el nervio óptico del otro ojo. Perdí la vista por completo, y me afectó para siempre los sentidos del gusto y el olfato. Luego nos dimos cuenta de que también me había causado daños en la parte posterior de la hipófisis, que desencadenó la diabetes insípida”.

Tras el disparo estuvo nueve meses en terapia intensiva, y desde entonces ha estado así tres veces más por la falta de medicinas para tratar la enfermedad que le causa una sed insaciable.

“Sin el medicamento, si me tomo un vaso de agua, orino dos veces. Y mientras más tomo, más quiero”, explica Antonio. La desmopresina era importada al país por el laboratorio Sinergium, hasta que el Estado dejó de liquidar las divisas para el pago.

“Muchas instituciones me quieren ayudar, pero necesitan un presupuesto del medicamento en bolívares y no hay porque nadie lo vende. Me estoy tomando una pastilla al día, en vez de las dos que me tocan para estirar lo poco que tengo. No me lo tomo en las noches, y por eso la mayoría las paso en vela porque tengo que estar tomando agua y orinando todo el tiempo”.


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Antonio aprendió a vivir con tres sentidos menos, y con alegría. “Me quedan el tacto, el oído, el sexto sentido y el sentido del humor”. Y hay que agregar el de la memoria. Vive en Los Teques y sabe moverse solo por la ciudad perfectamente, incluso en Caracas. Desde su casa son 96 escalones que debe bajar, luego recorre tres kilómetros en jeep, toma un autobús hasta Montaña Alta y camina tres cuadras hasta la Oficina de Atención a personas con Discapacidad de Carrizal, donde trabaja.

En su intento más reciente por conseguir que el Estado lo ayude a vivir mejor con su enfermedad, acudió a Miraflores a pedir socorro a través del convenio Cuba-Venezuela. Por su invidencia y la falta de un ojo lo llevaron a la isla para ponerle una prótesis. “Nos tuvieron mes y medio retenidos en una habitación de hospital, no nos dejaban ni siquiera ir a caminar, solo salíamos cuando me iban a llevar a hacer algún examen. Me pusieron la prótesis del ojo izquierdo. Yo les dije que lo que necesitaba era el medicamento. Ahora no tengo medicinas, me irán a enterrar con una prótesis”.

Antes de regresar, le hicieron firmar una factura –que deberá pagar el Estado venezolano– por los gastos de su viaje que en total costó 300.000 dólares. “Si le hubieran dado ese dinero a una empresa, ¿cuánta desmopresina no habrían podido traer?”. La respuesta: 1.171 frascos del medicamento, de acuerdo con un presupuesto que le dieron en Locatel en el que cada pote de desmopresina se valora en 256 dólares.

Para Antonio, que apenas gana sueldo mínimo y se redondea con ventas de artesanías, bisutería y tarjetas de teléfono, no es una opción comprar en el exterior. “Fui a Cencoex para que me asignaran dólares preferenciales y me dijeron que eso era imposible. Fui a Miraflores y también me dijeron que era imposible. Me sorprende lo insensibles que son las personas que están al frente de los entes gubernamentales”. 


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EL DATO

Después de perder la visión, Antonio intentó suicidarse varias veces. Luego de la rehabilitación decidió estudiar los últimos años del bachillerato y se graduó con honores. También sobresalió como estudiante de Educación Especial en la UPEL, donde recibió su título en 2013 y dio las palabras de cierre en el acto.