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Repartir computadoras es insuficiente

Computadoras Canaima | Foto: Reuters

Computadoras Canaima | Foto: Reuters

Los estudiantes tienen más posibilidad de acceder a las tecnologías en sus hogares que en la escuela

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Valentina Mejías tiene 8 años de edad y cursa tercer grado. Hace dos años recibió una computadora Canaima, como parte del proyecto que adelanta el Gobierno nacional para dotar de una computadora portátil con contenidos educativos a los maestros y estudiantes del subsistema de educación primaria, de las escuelas públicas nacionales, estadales, municipales, autónomas y subsidiadas.
Como Mejías, 1.314.091 estudiantes han sido beneficiados en los últimos 3 años con este programa, de acuerdo con las cifras del Ministerio de Educación. La meta, según promesas oficiales, es brindar esta herramienta a 3,5 millones de niños que cursan de primero a sexto grado. La máquina les permite conectarse a Internet y realizar las tareas que asignan en el aula. Además, tiene juegos interactivos.
La iniciativa se ha considerado positiva, pero también se han encontrado debilidades. Expertos han señalado que, en ocasiones, los docentes se resisten al uso de nuevas tecnologías en el aula. Para evitar esa situación, hace falta formación. “Las computadoras Canaima son herramientas bastante subutilizadas, puesto que únicamente se aprecian de forma instrumental sin considerar las prácticas que facilitan”, dice Carlos Delgado Flores, experto en sociedad de la información.
Si bien se ha hecho un esfuerzo para que los niños tengan acceso a las computadoras, hay otro problema que no se ha resuelto en las escuelas: la mayoría no cuenta con acceso a Internet. En el liceo Juan José Landaeta, por ejemplo, los mismos profesores recogieron dinero para comprar un dispositivo de red inalámbrica –que después se robaron–. Pocos alumnos tienen la oportunidad de usar este servicio en sus instituciones.

En la casa. Los estudiantes tienen más posibilidad de acceder a las tecnologías en sus hogares que en la escuela. En varios países del mundo –como Estados Unidos e Inglaterra– hay una tendencia de educación en el hogar: los niños no van a la escuela, sino que reciben las lecciones en su casa. Olga Ramos, miembro del Observatorio Educativo de Venezuela, dice que las tecnologías pueden contribuir en el desarrollo de esta tarea.
“Con las tecnologías de información, los niños pueden conectarse con otras personas”, señala Ramos. Dice que, en estos casos, la socialización también se puede garantizar a través del contacto con niños de la comunidad.
De todos modos, dice Ramos, en Venezuela esta modalidad no está establecida en la legislación. “En otros países hay un sistema de certificación de aprendizajes, que permite a los niños insertarse después en la escolaridad formal si así se decide. Incluso, la certificación llega hasta el sistema universitario. Pero aquí se permite la educación no convencional sólo en la etapa inicial (maternal y preescolar)”, indica. Asegura que la educación en el hogar funciona siempre que exista una familia preparada, que cuente con los recursos para educar.
Mabel Mundó, socióloga y especialista en educación del Centro de Estudios del Desarrollo de la Universidad Central de Venezuela, señala que la educación puede realizarse en el hogar sólo en casos excepcionales, cuando hay dificultades para acceder a la escuela.
En cambio, defiende la importancia de asistir a la escuela: “Puede ser que los padres tengan derecho de educar a sus hijos en la casa. Pero ¿hasta qué punto no se está limitando la posibilidad del niño de compartir con otros? La escuela es indispensable en una sociedad en la que hay individualismo negativo; se debe trabajar contra eso”. Asegura que la escolaridad temprana siempre ha traído beneficios.