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El dolor pegó un grito en la Plaza de los Museos

Una protesta en silencio reflejó el luto por los venezolanos que perdieron su vida el año pasado a manos del hampa. La manifestación causó incomodidad entre los oficialistas que trabajan en el lugar

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Sábado 8 de marzo. Fueron llegando poco a poco. A las 9:00 am eran 10. No era necesario hablar para encontrarlos. La convocatoria era precisa: vestirse de negro por los 24.763 venezolanos que fueron asesinados a manos del hampa el año pasado, llevar un cartel con el nombre del muerto que cargaría en brazos.

Mi cartel decía Jhonny González, periodista que cubría boxeo, y que fue asesinado con tres tiros en mayo del año pasado. Fui el negro por una hora y también el grito de quien desea que la historia de este colega no se repita: tres tiros al salir del periódico donde trabajó hasta el 9 de mayo.

A las 10:00 am unas 50 personas estaban congregadas en la Plaza de los Museos de Bellas Artes. “Escogimos este lugar porque queríamos un espacio neutral, aquí hay gente de oposición pero también ha participado gente del chavismo, no somos un partido político”, contó Víctor Rodríguez, comunicador social y uno de los organizadores del evento.

Pero la plaza no era territorio neutral. En el piso aún quedaban varias botellas de licor, en el centro una estructura metálica con forma de esfera –lo que habría sido la tarima– que recordaban que la noche anterior había ocurrido una fiesta, un concierto quizá. Algunos trabajadores recogían la tarima y un contingente de unos 10 GNB con equipo antimotín se pararon frente a la plaza. Había silencio del luto, pero también había temor y zozobra porque la violencia está a la orden del día.

Las ganas de expresarse superaron al miedo. No era un performance, dijo Rodríguez, sino un grito. Las advertencias no sobraron: “Vamos a estar en completo silencio en la plaza, luego al dar una señal gritaremos y luego nos iremos”, dijo ante la audiencia.

Comenzó el desplazamiento. Caminar, detenerse, dejarse mirar, mostrar, no decir. “Ya se ha dicho bastante” parecía decir el luto de los participantes que dibujaban la cartografía del dolor sobre la plaza.

Sergio Fernández Viera, tiene 19 años. Caminaba con su cartel sobre el pecho:

Viera, Julio. 75 años.  Secuestrado y encontrado en un barranco por un perro.  1 mes más tarde.  Fecha de la muerte: Ojalá supiéramos.  Fecha de la Desaparición: 25 de febrero de 2013. Lugar Los Teques. #AMIMEIMPORTA. Era mi abuelo y su muerte quedó impune.  

La osamenta del abuelo de Fernández Viera la reconocieron por la prótesis de rodillas que tenía. Cuando murió, el joven, estudiante de Arquitectura en la UCV, no estaba en el país.

 

Dónde está el miedo. Cuando ya la plaza estaba sumida en el silencio, algunos estaban en la entrada, cerca de Unearte, y otros más próximos al Parque Los Caobos, un hombre, habitual del lugar, gritó: “Ustedes no hacen esto por los muertos del 27 de febrero, ustedes van y queman lo que quieren, ustedes…”. Alguien se acerca y el hombre sigue gritando: “Ustedes hacen esto pacíficamente, por los muertos, pero luego vienen otros y queman cosas. Plaza Altamira es también mía. Ustedes están aquí tranquilos, yo sé. Yo no te quiero entrar a coñazos, hermano, pero los de arriba manipulan. Nosotros los de abajo no. Yo sé que esto no es político, yo entiendo”. Volvió el silencio, el hombre se retiró.

Ya las 11:00 am había más gente en la plaza, algunos leían los carteles, otros tomaban fotografías. Algunos evitaban mirar lo que tenían frente a ellos. Familias enteras, hombres borrachos. Todo lo que una plaza pudiera congregar y 50 personas que permanecían en silencio, cartel en mano.

En la entrada del Parque Los Caobos dos mujeres discutían. “Ellos no se deben ir, ellos tienen derecho a estar aquí, nos están matando”. Otra –vendedora de dulces- replicaba: “Que se vayan, aquí somos chavistas, gente de paz”. Pero los participantes permanecían en silencio. “¡Qué viva, Chávez!”, gritó la trabajadora, y otra mujer que salía del parque le respondió: “Chávez está muerto, igual que él (señalando y cartel) y ella (apuntando a otro), a mí todos los muertos me duelen igual”.

Volvió el silencio. Las mujeres que discutían se retiraron, la vendedora siguió despachando a sus clientes.  A las 11:30 am, uno de los organizadores levantó la mano. Y en este instante comenzó la descarga, así llaman al momento de la protesta en que la tristeza, la frustración, el dolor se expresan en un grito continuo. Frente al Museo de Bellas Artes, al Museo de Ciencias, al parque, hacia la entrada de Unearte, en medio de la plaza y bajo una esfera metálica los gritos se oían desgarrados, acompañados de sollozos. Largamente lloraron algunos a sus deudos. Nuevamente se levantó la mano del organizador, volvió el silencio.

Comenzó la marcha, carteles en mano y en una columna.  Rumbo al Metro de Bellas Artes, algunos gritaban, otros se burlaban de quienes lloraban, pero todos miraban y leían el nombre de 50 venezolanos que cayeron a manos del hampa el año pasado.

 

Contacto:

Los Gritos Silentes es una iniciativa que busca visibilizar los muertos que han caído a manos de la violencia. Para información sobre próximas protestas puede consultarse la página en Facebook Los Gritos silentes. Para ver qué comparten los participantes en redes sociales puede buscarse el hashtag #AMIMEIMPORTA