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Proponen cambios profundos en la educación universitaria

Universidad Central de Venezuela / William Dumont

Universidad Central de Venezuela / William Dumont

Las academias nacionales editaron un libro con soluciones para la crisis de los centros de estudios superiores

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El declive de las universidades preocupa a las academias nacionales. Su funcionamiento –señalan los académicos– se ha visto afectado por el presupuesto escaso, la disminución de la calidad e, incluso, la violencia. Para ellos, es indispensable hacer transformaciones profundas en la educación universitaria.

Cinco de las siete academias prepararon documentos con recomendaciones que se publicaron en el libro Reflexiones y propuestas para la educación universitaria, bautizado el lunes. No solamente se trata de mejorar las deficiencias, sino también de cambiar los paradigmas. Benjamín Scharifker, rector de la Universidad Metropolitana y ex presidente de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, participó en la elaboración del documento. Dijo que las universidades deben darle prioridad a la producción del conocimiento y la innovación.

“Mientras tengamos profesores que repitan el contenido de los libros en sus clases, no se está creando nada. Las universidades deben ser más creativas, deben formar a los estudiantes para la investigación y la indagación”, señaló. “Eso supondría cambios en las estructuras actuales”.

El documento de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat propone, entre otras cosas, que las universidades sean flexibles ante el cambio y que cumplan tres misiones: educar y brindar conocimientos actualizados, promover la investigación para garantizar el desarrollo e impulsar las actividades de extensión.

La Academia de Ciencias Económicas expone la necesidad de flexibilizar las estructuras universitarias y crear currículos basados en competencias. El texto señala que se debe dar importancia a la integración entre disciplinas y a los usos compartidos de los recursos. Por ejemplo, dice el documento, que las aulas y los laboratorios dejen de pertenecer a una determinada facultad, y se conviertan en áreas comunes –con cronogramas programados de utilización–.

En la Academia Nacional de Medicina también consideran indispensable modificar el currículo para que los alumnos desarrollen competencias para cambiar el paradigma de atención médica y, además, se conviertan en emprendedores.

Estado y universidad. La Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales considera que tanto el Estado como las universidades deben cambiar el rumbo. Por ejemplo, es importante que el Estado respete la autonomía, evite incorporar intereses políticos en la vida académica, otorgue un presupuesto justo y, entre otras cosas, considere a las universidades en las políticas públicas.

Las universidades, por su parte, deben desarrollar mecanismos para controlar la calidad de los docentes, darles incentivo a estos profesionales y mantener el vínculo con las necesidades de la sociedad.

Alternativas

Una queja recurrente de las universidades es la falta de presupuesto. Justamente los recursos son indispensables para transformar esas instituciones. Benjamín Scharifker, ex presidente de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, dijo que los cambios universitarios se logran a largo plazo y que, para eso, se deben modificar las políticas públicas actuales.

“Estas políticas pareciera que están diseñadas para que la universidad no sea un sitio de innovación. Por ejemplo, con el salario de los profesores prácticamente se les dice que se dediquen a otra cosa”, explicó.

El documento de la Academia de Ciencias Económicas, publicado en el libro Reflexiones y propuestas para la educación universitaria, señala que la asignación presupuestaria se ha reducido progresivamente y que eso incide directamente en la calidad.

“Lo sano sería promover otras fuentes de financiamiento para complementar, no para sustituir la asignación presupuestaria del Gobierno”, indica el documento. Agrega que el Estado no puede desentenderse de esa responsabilidad, pero que la universidad puede buscar alternativas.

Por ejemplo, vender servicios o productos que se realicen en la institución, cobrar matrícula a los estudiantes que cuenten con los recursos o desarrollar zonas rentales que generen ingresos.