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Profesionales en situación de indigencia pernoctan en la UCV

Profesionales en situación de indigencia pernoctan en la UCV / Raúl Romero

Profesionales en situación de indigencia pernoctan en la UCV / Raúl Romero

Áreas del Aula Magna, de la Facultad de Odontología y de la Biblioteca Central son utilizadas por quienes no tienen hogar

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Jorge Rojas agarra tímidamente una caja de cartón para improvisar el colchón que lo ha soportado los últimos tres años. Son las 8:00 pm y aún tiene que esquivar las miradas de los estudiantes que no han abandonado la Universidad Central de Venezuela. Él, al igual que otros indigentes, solo se permite dormir cuando tiene pocas personas cerca.


Una sábana y una chaqueta, junto con un bolso en el que guarda los artículos personales, adornan el dormitorio, que tiene como techo la parte inferior de las escaleras del Hospital Universitario de Caracas. En ese ambiente -que comparte con cuatro hombres y una mujer- se llama Jorge. Los compañeros ignoran su verdadero nombre, mientras que los familiares desconocen su doble vida.


“Tengo casi tres años damnificado. En 2010 perdí mi vivienda en el kilómetro 2 de la carretera Panamericana. Entonces logré que mi madre fuera a vivir con un familiar y, mientras conseguía casa, yo iba a vivir con un amigo. Pero después de unas semanas, decidí no incomodarlo y por eso empecé a pernoctar en la calle. Aquí tengo más de un año. Antes he estado en otros hospitales”, dijo.


Rojas no tiene aspecto de indigente. Todos los días, a las 6:00 am, recoge sus pertenencias para no dejarse ver por nadie. A los 45 años de edad se desempeña como personal de mantenimiento en una empresa. Allí, normalmente, se baña y almuerza con los alimentos que le dan. Aunque es humilde y gana sueldo mínimo, no se atreve a confesar a los miembros de su entorno que no tiene hogar. 


El hombre, que es técnico medio en contabilidad, contrasta y convive con indigentes que se drogan, se alimentan de la basura y dañan las paredes con grafitis. Entre ellos hay jóvenes y adultos que han estudiado. 
 
Profesionales ocultos. Un politólogo, de aproximadamente 50 años de edad, es uno de los indigentes más antiguos entre los que viven en la casa de estudios. Por lo general duerme en las adyacencias de la Biblioteca Central, pero cuando llueve se resguarda en otras áreas.


La comunidad de la UCV lo conoce, pues, además de participar en conferencias y en actividades académicas, colabora cada vez que se daña un bombillo o una instalación. Al igual que Rojas y los otros indigentes, tiene una mirada triste.


Hablar con él permite conocer su grado de instrucción. Todos los días lee la prensa y el sumario de la Gaceta Oficial para estar informado. Aunque El Nacional es su periódico favorito, también lee Correo del Orinoco para manejar la información oficial. Habla abiertamente de la actualidad del país, pero no admite que vive en la calle.


“Estoy orgulloso de ser ucevista y tengo pensado hacer el curso de locución aquí. Amo venir todos los días a mi casa de estudios. Cuando cae la noche me voy a mi casa”, aseguró, cuando eran las 9:50 pm del pasado jueves. Llovía incesantemente y al ser vencido por el cansancio, se durmió en el extremo derecho del Clínico.


La UCV, que el 2 de diciembre de 2001 fue declarada Patrimonio de la Humanidad, tiene otro aspecto por las noches, una realidad social en la que la miseria de varios ancianos y adultos es protagonista. El jefe de la División de Operaciones de la universidad, Iudomar Castillo, advirtió que no cuentan con personal suficiente para afrontar las consecuencias de tener indigentes refugiados en el campus.


“Tenemos más de un año solicitando más personal de seguridad. Tenemos que estar pendientes de robos, de los usuarios que van al hospital, de algunos indigentes que hacen sus necesidades en las aceras o se drogan y de vigilar que no rieguen la basura cuando buscan comida”, destacó.


Los sitios donde pernoctan quienes no tienen hogar están delimitados. Algunos duermen en los bancos de la Facultad de Odontología, otros en los nichos del Aula Magna, en las adyacencias de la Biblioteca Central o en las cercanías del reloj. Otros, como Rojas, se refugian en el Clínico.


Irónicamente, los indigentes consultados coinciden en que no pueden deprimirse y que deben luchar para encontrar una vivienda. Quizá ese sea el deseo del politólogo que, aunque niega su condición de calle, todos los días hace un esfuerzo por avanzar en el aspecto intelectual. Sin embargo, un miembro del personal de seguridad argumenta que no le hace falta encontrar un empleo u hogar: “Él no tiene ninguna necesidad. La comunidad lo ayuda y la universidad le da todo”.