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Padres comparten con sus hijos el gusto por lo antiguo

Gilberto Gil, coleccionista/Leonardo Guzmán

Gilberto Gil, coleccionista/Leonardo Guzmán

El martes anunciarán las fotografías que mejor muestren #elladoVintagDePapá

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Muchas veces aquello que es antiguo, o incluso raro, crea conexiones indelebles. El recuerdo de un padre frente a un carrito de raspados o la imagen de un hombre ensombrerado y anciano frente a un tablero de ajedrez no tienen por qué ser sinónimos de una dicha perdida.

Imágenes como esas están siendo rescatadas por el concurso fotográfico promovido por la comunidad de Instagramers Venezuela junto a la empresa Compra que Compra en la red social Instagram.

“La idea es mostrar ese lado de los padres alejado de lo tecnológico, presentar esa nostalgia por el pasado y el aprecio por lo vintage”, explicó Consuelo Di Carlo, manager de Instagramers Venezuela. Para eso implementaron la etiqueta #elladoVintageDePapá. Hay oportunidad de participar hasta mañana. La comunidad de @IgersVenezuela está a punto de alcanzar los 30.000 seguidores y el millón de fotografías etiquetadas con su nombre.  Hay papás que muestran su lado vintage no sólo en fotos, sino que además lo practican. 

TESTIMONIOS Yoel RivasTraje a la medidaLa afición de Yoel Rivas por las barajitas comenzó en 1967. En ese época tuvo en sus manos los primeros cromos que circularon con la revista Sport Gráfico, editada por Delio Amado León y Carlitos González. “Lo bueno de coleccionar es que te haces el traje a tu medida, depende de lo que te interese y para lo que te alcance el bolsillo”.

El interés actual de Rivas son las barajitas de los venezolanos que juegan en las grandes ligas. Tiene cartones de cada uno de los peloteros nacionales que han jugado en la gran carpa, desde Alejandro "Patón" Carrasquel hasta Jesús Álvarez. En total suma más de 50.000 cromos solamente en esta colección.

Sus hijos han heredado parte del interés de Rivas por las colecciones. Gracias a Yelitza, su hija mayor, Carlos Zambrano le autografió un cromo con su imagen. “Ella vivía en Chicago y lo esperó a la salida del estadio. Cuando lo vio salir se le abalanzó con una bandera de Venezuela.

Logró que le firmara una barajita y le regaló a Zambrano una que él no tenía”. El hijo menor de Rivas, también llamado Yoel, se ha convertido en un cómplice. Colecciona las barajitas de cuatro beisbolistas de las grandes ligas que le gustan y en las ferias o eventos de coleccionistas se reparten el trabajo: “Sabemos qué tiene cada quien y qué nos hace falta y nos dividimos para conseguirlo”, aseguró Rivas padre. 

“Tenemos una influencia marcada por lo que hace nuestro papá y sabemos el valor de esas cosas”, dijo su hija del medio, Yoelis. 

Gilberto Gil/Acumulador de historias Gilberto Gil tiene colecciones de cualquier cosa al alcance de la imaginación; pero asegura tener predilección por los objetos propios de la época de Cipriano Castro y por las barajitas hechas en Venezuela.Tiene un álbum en el que guarda papeles con la firma, de puño y letra, de presidentes de Venezuela.

La primera que enseña es una carta de Cipriano Castro, escrita el 2 de julio de 1901, dirigida a W.W. Russell, secretario de Estados Unidos en Venezuela para ese entonces. También guarda dos billetes rubricados por Hugo Chávez. “Son pedacitos de historia que hay que recuperar para el país, porque si te descuidas se te van”, asegura. 

Tiene dos hijas: Neyeska y Alaska. “Cuando era pequeña coleccionamos juntos muñequitos McDonald's, a medida que crecí lo fui dejando, pero me gusta mucho esa faceta de mi papá porque de todo tiene una historia”, afirma Neyeska. 

Juan Elías Chammas/Restaurador de carros Cuado Juan Elías Chammas era un niño no se cansaba de mirar el carro del profesor Piñate, uno de sus maestros en la primaria. Era un Citroën del año 1947. Pasados 20 años se encontró el mismo carro abandonado en una hacienda cerca de Guatire. Lo compró y decidió restaurarlo. Tal fue el empeño que puso que ganó varios premios y el vehículo terminó comprándoselo la Citroën de Venezuela. Chammas no es mecánico, pero esta primera experiencia le sirvió para aprender. Después de eso restauró un Jaguar de 1963 que perteneció a Renny Ottolina, un Maserati de 1954 y un Mercedes Benz convertible de 1963 que restauró pieza por pieza. Tiene dos hijos. Uno de ellos, Anthony, lo acompaña en su pasatiempo. “Normalmente consigo los carros en los garajes de personas mayores, que ya no los utilizan y los ven como carros viejos. Nosotros le volvemos a dar vida”.