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A Oliver Sánchez lo venció la crisis del sistema de salud

El sábado 21 el niño dejó de responder a los estímulos de los médicos. "Mi hijo fue apagándose poco a poco", lamenta su madre | Foto: Archivo

El sábado 21 el niño dejó de responder a los estímulos de los médicos. "Mi hijo fue apagándose poco a poco", lamenta su madre | Foto: Omar Véliz

La falta de medicamentos marcó la enfermedad del niño de ocho años, quien además de padecer de un linfoma no hodgking se infectó con una bacteria que le causó meningitis. Buscó sin éxito un cupo de terapia intensiva en 4 hospitales. Murió el martes en la clínica Loira de El Paraíso

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"Abuela, ¿por qué hay tantos policías?, ¿hay ladrones por aquí?", preguntó Oliver Sánchez el 26 de febrero cuando llegó a una protesta de médicos por la crisis de salud, y la Policía Nacional Bolivariana lo hizo bordear toda la Plaza Venezuela para acceder a la manifestación. Migdalia Machado le dijo que los funcionarios estaban ahí para protegerlos. Él, negrito, con sus ojos marrones enojados que eran lo único que se veía detrás del tapabocas que llevaba, respondió ágilmente: "¿Protegiendo? Si me hicieron dar la vuelta, yo me cansé".

Ese día, asistieron a la protesta para exigir quimioterapias. Él tenía linfoma no hodgking, diagnosticado en noviembre pasado, y su abuela lucha contra un cáncer de seno desde hace años. Él mismo, sin ayuda de nadie, hizo el cartel que llevó. Decía "quiero curarme".

Foto: Cortesía de Miletzy Sánchez, hermana de Oliver

Ambos consiguieron los medicamentos en el IVSS y por donaciones de terceros, pero Oliver murió el martes, a las 12:20 pm, de una meningitis que presuntamente adquirió al contaminarse con una bacteria o un hongo en el Hospital Pediátrico Elías Toro, en Catia, donde se trataba el cáncer.

Lo cremaron a las 2:00 pm de ayer en Guarenas. Quienes asistieron al velorio, que se hizo en la sala de la casa de su abuela Migdalia, en Mamporal, pudieron verlo con un atuendo que lo definió en vida: llevaba un sombrero como el que usaba Michael Jackson, artista al que admiraba y del que aprendió sus coreografías.

Foto: Cortesía de Miletzy Sánchez, hermana de Oliver

Su madre, Mitzaida Berroterán, cuenta que el niño estaba conciente de su enfermedad. "Nos hubiera gustado tenerlo en una burbuja y que no se diera cuenta de lo que le pasaba, pero él era muy inteligente, nos escuchaba buscando medicinas, o escuchaba a las enfermeras".

La familia hubiera preferido darle atención privada desde el primer momento, pero la falta de recursos no se los permitió. Se mudaron temporalmente de su casa en Charallave a casa de los abuelos paternos de Oliver en Caricuao para estar más cerca del Elías Toro. "Lastimosamente el hospital no está bien. Las propias enfermeras decían que había mucho tiempo sin limpiar a fondo, que limpiaban solo los pisos. Luego de 6 ciclos de quimioterapia, él estaba mejorando. En las tomografías se veía limpio del cáncer. Pero no soportó la meningitis. Estuvo tres semanas hospitalizado y eso lo deprimió".

Foto: Cortesía de Miletzy Sánchez, hermana de Oliver


Oliver se rindió tras esa segunda enfermedad, cree su papá Alexis Sánchez. Convulsionó dos veces luego de que lo dieran de alta para intentar que mejorara el ánimo y ahí comenzó la carrera por ubicar un cupo en un servicio de Terapia Intensiva. Probaron en los hospitales Miguel Pérez Carreño, J. M. de los Ríos y Domingo Luciani. Al no tener éxito decidieron usar sus pólizas de seguros laborales para ingresarlo en la Clínica Loira de El Paraíso.

"Llegó a la terapia con infiltraciones cerebrales por las convulsiones, infección urinaria e infección pulmonar. Es inocultable el problema de la salud en el país. Fue horrible toda la búsqueda de medicamentos y en la clínica fue igual. Nos pidieron Epamin para las convulsiones, que conseguimos por redes, y Brudol. El más difícil fue la caspofungina, cuando lo conseguimos ya no había nada que hacer", relata Alexis. El sábado 21 el niño dejó de responder a los estímulos de los médicos. "Mi hijo fue apagándose poco a poco", lamenta su madre.

Antes de sus momentos más críticos, Oliver reflexionaba sobre su estado. "Un día me dijo 'mamá, ¿por qué Dios no mata al diablo que me dio esta enfermedad?". Aún así le daba ánimo a su abuela cuando se veía sin pelo frente al espejo: "no importa que nos quedemos calvos", bromeaba.

Su mayor preocupación era si alguna vez podría volver al colegio a hacer todas las cosas que le gustaban. Llegó hasta segundo grado, pues en noviembre debió abandonar las clases que cursaba en el Colegio Arandú en Charallave. Al principio de su enfermedad fue un par de veces a su escuela y era como si nunca se hubiese ausentado. "Era el líder. Siempre participaba en los juegos y en los cuentos. Se dio a conocer porque estaba en todos lados y hablaba con todos, sin importar si eran más grandes o más chiquitos que él", apunta su madre.

Foto: Cortesía de Miletzy Sánchez, hermana de Oliver


Más avanzada la enfermedad fueron sus maestras las que lo visitaron en casa y le llevaron montones de cartas de sus amigos. "Era impresionante lo que decían. Lo querían mucho, pero además eran cosas de grandes. Cuando estudiaba en el colegio los niños me señalaban y decían 'ahí va la hermana de Oliver', me conocían así", recuerda Miletzy, de 18 años, hermana del niño. Con ella peleaba constantemente, unas veces en serio, "otras solo hacíamos guerras de besos".

El cansancio terminó por vencer a Oliver. "Lo que me decía era que lo dejara descansar. Lo repetía muy frecuentemente. Ya por dentro se sentía agotado", cuenta la madre.

El padre pide a "las personas que tienen poder" que lo usen de forma humanitaria. "No puede ser que una persona con poder no se ocupe de la salud. Hubo gente que me ayudó sin cobrarme nada, pero también me dijeron que había medicinas en Colombia que no pueden pasar porque no hay permiso".

Foto: Cortesía de Miletzy Sánchez, hermana de Oliver