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Nueva Zelanda se convierte en el primer país de Oceanía en permitir el matrimonio homosexual

Colores del arcoiris son los de la bandera gay | AFP

Colores del arcoiris son los de la bandera gay | AFP

Este lunes entró en vigor la ley que permite por primera vez este tipo de bodas en esta nación. La primera pareja en casarse lo hará a bordo de un avión

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Lyndley Bendall y Ally Wanikau llevan tres años esperando este día. Cuando este lunes entre en vigor la ley que permite el matrimonio homosexual en Nueva Zelanda, ellas serán unas de las primeras parejas en darse el "sí, quiero". Y lo harán por todo lo alto: a bordo de un avión.

Sus hijos, Javarn, Maycee y Mikaere (de 9, 7 y 6 años) convencieron a los jueces de un concurso de vídeos de la aerolínea Air New Zealand y ganaron el premio principal. Y lo hicieron gracias a una pancarta en la que podía leerse: "Por favor, casen a nuestras madres".

Nueva Zelanda es el primer país de Oceanía que permite el matrimonio homosexual y uno de los menos de 20 que lo consienten en todo el mundo. Con 4,5 millones de habitantes, Nueva Zelanda está considerado un país desenfadado. Según un estudio realizado en 2011, uno de los más desenfadados del mundo.

"Eso quiere decir que aquí hay menos controles y reglas estrictas para la vida cotidiana y que la gente es más libre que en otros lugares para vivir como quiere", explicó en televisión el psicólogo y autor del estudio, Ronald Fischer.

A pesar de ello, en lo social el país tiene un poso conservador, influido en parte por las sociedades tradicionales de los indígenas, como los maorís, o por los habitantes de estrictas creencias cristianas de las islas pacíficas cercanas que se han establecido allí.

Los jóvenes maoríes aseguran que su cultura siempre fue más abierta. "El conservadurismo cultural vino a través de la colonización y la conversión obligatoria al cristianismo", asegura el maorí Chris Miller en un ensayo. Los diputados del partido maorí han votado de hecho a favor de este cambio en la ley.

Otra cuestión es la opinión de los pueblos insulares. "Mucha gente de mi distrito cree que el Parlamento debería ocuparse de cosas más importantes, como la forma de lograr que todo el mundo pueda alimentar a su familia y pagara sus facturas", afirma la diputada de origen samoano Su'a William Sio, que votó en contra de la ley. Los 266.000 habitantes pacíficos de Nueva Zelanda suponen el seis por ciento de la población total del país. Casi la mitad de ellos proceden de Samoa.

"No apoyamos el matrimonio homosexual", asegura por su parte el párroco Leiite Stefano, un samoano que está al frente de la iglesia de Takai de Auckland, y cuya opinión,según él mismo, comparte la mayor parte de la población de origen pacífico. "Vivimos basándonos en la biblia, en nuestra cultura no hay ese tipo de relaciones", aseguró.

Esa opinión no la comparte ni mucho menos Jono Selu, un homosexual de origen semisamoano que inició una campaña de apoyo al matrimonio gay en facebook. "Muchos de nosotros estamos a favor del matrimonio homosexual", afirma. Además, en la cultura samoana están aceptados los "fa'afafine", recuerda. Con ese nombre se conoce en las familias con hijos al más joven, educado tradicionalmente como una chica, para ayudar en casa, y que vive ese rol.

"Puedes decir tranquilamente: soy 'fa'afafine', y la generación anterior lo acepta, pero la homosexualidad es otra cosa", apunta Selu. Muchos habitantes de origen pacífico consideran la homosexualidad como algo extraño, agregó. Lo consideran un "concepto europeo" que vino con la colonización. Muchos de los amigos homosexuales de Salu ocultan su sexualidad por miedo al rechazo. El padre Stefano dice que no tiene ningún problema con los homosexuales. "Son hijos de Dios y les acogemos entre nosotros". Sólo está en contra del matrimonio entre parejas del mismo sexo, explica.

En la vecina Australia, el matrimonio homosexual será uno de los temas de discusión antes de las elecciones de 14 de septiembre. El líder de la oposición, el conservador Tony Abbott, tiene una hermana lesbiana, pero a pesar de ello no quiere oír hablar del tema.

Está en contra de cambios radicales en la ley sólo por seguir "las modas más modernas", argumenta. El líder de los laboristas, Kevin Rudd, quiere sacar adelante la ley, pero las encuestas apuntan más bien a una victoria de los conservadores.