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Niños con discapacidades tuvieron función privada de danza en Antímano

AM-Compañía de Habilidades Mixtas bailó en el barrio | Foto Raúl Romero

AM-Compañía de Habilidades Mixtas bailó en el barrio | Foto Raúl Romero

El grupo AM-Compañía de Habilidades Mixtas, que cuenta con bailarines con movilidad reducida, visita las parroquias de Caracas para recordar que todos pueden bailar

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El cerro adquirió un nuevo rostro cuando a Antímano llegó el grupo de danza AM-Compañía de Habilidades Mixtas. En el barrio la sonrisa resplandeció en los niños de la Fundación Especialmente Amigos, jóvenes con discapacidad intelectual que disfrutaron de una función exclusiva.

La bailarina principal Fabiola Zérega, Premio Municipal de Danza 2015 por su calidad interpretativa en la escena, capeó las aguas servidas con su silla de ruedas. Javier Ávila hizo lo mismo. Mientras Marilyn Chirinos le abría el paso a José Conde (Premio Municipal de Danza 2013) quien, apoyado sobre bastones, desplazaba su única pierna sobre las irregulares aceras de la calle.

Alexander Madriz, fundador, director y coreógrafo de la compañía, caminaba detrás. Después le correspondió subir 14 escalones con Fabiola en sus brazos, como paso previo a la presentación de la pieza Euritmia, que tuvo que adaptarse a los 6x4 metros de la sala de la casa N°9 de la calle El Carmen, donde diariamente se escolariza y enseña música a 150 niños con discapacidad intelectual.

Madriz es un activista de la integración a través del baile. En enero de 2012 formó el grupo con 5 bailarines, con quienes venía trabajando desde hace 15 años en el área de danza contemporánea. Tiene estudios certificados en DanceAbility, un método que facilita a personas con y sin discapacidades físicas a vivir la experiencia artística.

“Todos podemos bailar solo que con habilidades diferentes. De allí surge la complementariedad”, explica Madriz, quien recuerda cómo de niño se alistaba en todos los bailes de la escuela, practicó gimnasia durante la adolescencia, fue miembro del grupo Pisorrojo de la UCV y llegó a tomar clases en la academia de Pina Bausch, en Alemania. Después, cuando regresó al país, bailó con una compañía de danza integrada y descubrió los enlaces indisolubles del afecto.

Cada pirueta de sus bailarines subraya el mensaje de que los límites son ajenos a la danza y a quien opte por expresarse a través de ella. Así lo han demostrado desde hace tres años al bailar en canchas deportivas, estaciones de Metro, colegios, domicilios particulares y en todos los teatros de la capital. Sus coreografías han sido mostradas en el I Encuentro de Artes Integradas de Bucaramanga, Colombia; en los festivales Paladio Arte de Segovia, España, y Cambalache de Argentina; así como también en Bolivia, Brasil, Uruguay, Perú, Alemania y Kenia.

“Al principio asombra ver las muletas, las sillas de ruedas y los bastones, pero luego, cuando sucede la magia de la danza, todo se fusiona y la silla pasa a convertirse en una extensión de mi cuerpo”, dice Zérega quien sabe que no puede mostrar un empeine cubierto de raso sobre una zapatilla de punta, pero no por ello está imposibilitada de expresar sentimientos: “La danza tiene el sentido sublime de la emoción y nosotros la transmitimos al público”.

Víctor Simancas, uno de los niños de Antímano que vio cómo los bailarines se transformaban en olas, en aves, en aspas o en amantes (mientras danzaban con la música Black Sands, del DJ británico Bonobo); admitió estar impresionado por José Conde: “¡Yo nunca había visto bailar a personas que les faltase una pierna en este barrio, y eso que hay bastantes!” A lo que el bailarín explicó que el suelo, la muleta y la pared también pueden servir de apoyo: “Antes de entrar a la compañía no había bailado. Lo más bonito es que con la danza redescubrí otra forma de hablar”.

La bailarina Marilyn Chirinos resaltó, por su parte, lo valioso de cada aporte individual para la compañía: “Nuestra mayor habilidad es aprender a aceptar y fusionar las características de cada quien. Yo, por ejemplo, tengo un brazo quemado y pensaba que no luciría bien en las imágenes del grupo. Resulta que ese rasgo ha hecho que las fotos queden más bellas y únicas”.

Euritmia hizo que Mayarí Díaz llorara. Esta egresada de Estudios Liberales, de la Universidad Metropolitana, con máster en Estudios de Paz y Transformación de Conflictos, en Austria, enseña música y yoga de la risa en esta casa de Antímano.

Allí, al final de la presentación, dijo a los presentes que jamás volvería a repetir la palabra imposible: “Cuando los vi moverse descubrí que sus posibilidades son ilimitadas. Me inspiraron. Creo que si el grupo puede lograr eso, ¿qué no podremos hacer todos?”.