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“Necesitamos que rescaten el J. M. de los Ríos”

Médicos y familiares de pacientes reclaman una acción inmediata | Foto María Emilia Jorge M.

Médicos y familiares de pacientes reclaman una acción inmediata | Foto María Emilia Jorge M.

Una comisión de la Contraloría General de la República evaluará por 15 días el estado del hospital

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Tal como sucedió en 2014, ayer en la mañana la Contraloría General de la República instaló una comisión que evaluará durante los próximos 15 días el estado del Hospital J. M. de los Ríos.

“El hospital está destruido y necesitamos que lo rescaten”, dijo Lidibel Marín, madre de una adolescente de 17 años de edad que se trata en la institución un neuroblastoma desde hace 12 años. Junto a ella, familiares de pacientes, médicos y enfermeros esperaban a los funcionarios en la puerta de la dirección gritando consignas como “dónde están los reales, se cae el hospital”, “no somos brujos, queremos los insumos”, “queremos comida, pero sin chiripas” y “Contraloría, da la cara, te hacemos visita guiada”.

Marín y su hija viajan a Caracas desde Nueva Esparta. La madre cuenta que cuando acudió por primera vez al hospital con su niña de 5 años la situación era diferente: “Desde 2010 esto se ha ido desplomando. Llegan medicamentos y duran para 3 días. ¿Cómo engañas a un niño enfermo? La atención al principio era buena. Solo salía a la calle a hacerle una tomografía. Ahora tengo que salir a hacer los exámenes más simples”. La adolescente necesita una base para ponerse una bolsa de colostomía luego de que su intestino colapsara. La está esperando desde hace 2 meses porque no hay en el hospital. “Tengo que ponerle un pañal. Te imaginarás lo que significa eso para una niña de 17 años. La operaron de la columna y no hay morfina en el hospital, no hay récipes morados. En Anatomía no están procesado biopsias”.

Peor. Hace dos años la Contraloría denunció en su informe de actuación que en el J. M. de los Ríos había 4.428 niños en espera por una cirugía por carencias de material médico-quirúrgico, disminución de las camas operativas de 300 a 172 y el funcionamiento de 8 de los 12 quirófanos. De acuerdo con los médicos, la situación ha empeorado.

“¿Qué queremos?”, preguntaba a voz en grito uno de los médicos que protestaba. “Tomógrafo, ambulancias, rayos X, seguridad, vacunar, operar, sueldos justos”, vociferaba el resto.

En un corto recorrido que comenzó en la dirección y siguió por los servicios de Emergencia, Triaje y Terapia Intensiva, los médicos aprovecharon de denunciar las carencias. “Tenemos 3 ambulancias paradas, no hay alcohol, no hay curas, no hay anestesiólogo. En Medicina 2 atendíamos a 27 pacientes y ahora solo podemos tener a 8 hospitalizados”, dijo José Soto, pediatra intensivista. En Terapia Intensiva, la propia directora, Mayra Oviedo, admitió que la filtración en una pared impedía ampliar el número de camas, y el jefe de la Emergencia, José Antonio González, aseguró que tienen que usar tubos de tórax para hacer drenaje a los niños, y que escasean soluciones y productos para nebulizar.

“La comida es muy mala. La semana pasada era plátano con carne molida o con queso. Apareció el pollo, pero no pueden comérselo porque viene con mal olor y cucarachas”, refirió González.

Angely Escalante, madre de una bebé de un año con infección pulmonar, denunció ante los funcionarios que en el hospital le negaron unas inyecciones del surfactante Curosurf. “Fuimos a buscarlo a un hospital en Los Teques, el director se comunicó con Oviedo y ella dijo que aquí había. Me pelotean y no le ponen nada a la niña. Cada inyección afuera cuesta 45.000 bolívares”, dijo la mujer que además asegura haberse infectado con zika en la sala de espera de la Terapia Intensiva.

La Contraloría dijo a los padres que no pueden dar respuestas hasta tener el informe. “La salud no espera”, fueron los gritos de frustración que antecedieron a la toma de la entrada del hospital.

El Dato
La comisión de la Contraloría General de la República, integrada por al menos 7 personas, debió salir del área de Triaje por el calor. No hay aire acondicionado. “La semana pasada teníamos a pacientes hospitalizados en las sillas de espera. Los niños se sofocan y el calor contribuye a la proliferación de bacterias”, dijo una de las doctoras del área