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Narran las historias mínimas de Sabana Grande

Pdvsa La Estancia recupera espacios en Sabana Grande | Alexandra Blanco

Sabana Grande | Alexandra Blanco

La organización Urbanimia recopila anécdotas del bulevar y las resume en 24 paradas

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Cada recoveco de Caracas tiene una historia que narrar. Los cuentos del francés ex presidiario fundador del Gran Café, médicos brujos y fabricantes de chocolates se entremezclan en las esquinas del bulevar de Sabana Grande con la de los comercios que lograron sobrevivir el declive de la caminería ocurrida en la década de los noventa, debido a la llegada de la economía informal.

Adriana Arias y Stefany da Costa, fundadoras de Urbanimia, recopilaron las anécdotas del bulevar y organizaron el recorrido Pequeñas Historias de Sabana Grande, para contar en 24 paradas, década a década –aunque sin orden cronológico– las transformaciones que se han registrado en el paseo peatonal desde que fuera avenida Abraham Lincoln, hasta la recuperación realizada por Pdvsa La Estancia.

Durante más de un año, las licenciadas en Arte documentaron el paseo, no sólo con la información disponible en la bibliografía, sino que entrevistaron a cronistas y residentes para recordar el aroma que emanaba de la antigua tienda de chocolates Savoy en el cruce con la avenida Los Apamates, que la forma triangular del edificio de La Previsora simboliza el progreso de la empresa o que en los ochenta el sitio fue escenario del surgimiento de los primeros movimientos punk y gay en el país.

“Es un recorrido desde la visión de Urbanimia, pues seguramente hay muchas historias que no conocemos y detalles que se nos escapan, desde los episodios más majestuosos del bulevar en los cincuenta y sesenta, cuando el propio Christian Dior vino para inaugurar una de sus tiendas, pasando por los cambios –incluso sociales– que ocurrieron con la inauguración del Metro en los ochenta, hasta la visión más artística que tiene el bulevar luego de la intervención de Pdvsa”, dijo Da Costa.

El recorrido realizado ayer duró poco más de dos horas. Tuvo como punto de partida La Previsora y terminó en la plaza Brión de Chacaíto. En cada parada hay un lapso para las preguntas y para tomar fotografías. En la panadería Pan 900 hay tiempo para comer un golfeado y para observar las fotos que el dueño del establecimiento conserva, que muestran el local cuando esa era la avenida Abraham Lincoln.

Anécdotas de calle. El paseo no sólo se detiene en edificios emblemáticos, como el Radio City o el Gran Café. En la calle Negrín, Da Costa relata el origen de su nombre: “Jesús María Negrín era un herbolario que utilizaba las hierbas para curar. Su fama creció y las personas preferían ir a verse con él que con los médicos. Había una ruta de camionetitas en el centro que iba directo hasta donde él atendía. Por celos, los médicos lo acusan de brujería y lo meten preso. Pero sucede que Juancho Gómez, hermano de Juan Vicente, se enfermó y nadie sabía cómo curarlo y terminan llevándolo hasta Negrín, quien con sus hierbas sí puede hacerlo. Finalmente, lo liberan y termina montando su consultorio en esa calle, y se hizo tan famoso que la bautizaron en su honor”.

Al llegar al punto final en la plaza Brión, Arias y Da Costa aprovechan para hacer una reflexión. “El Cubo Virtual Azul y Negro de Soto, de la colección del Metro, está deteriorado. En el sitio hay terminales de autobuses improvisados que influyen en que la obra se haya degradado. Un poco más adelante está el Toki Eder, único edificio de arquitectura neovasca que queda en la ciudad, que nadie está dispuesto a mantener. Entonces, vamos de lo mejor de lo mejor a lo peor de lo peor, porque la ciudad hay que conocerla y saber qué existe en ella. La ciudad es lo que queramos que sea”, concluyó Da Costa.