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Nadie quiere volver a su casa sin haber visto al Presidente

Desde la noche de este martes la cola para ingresar al hall de la Academia Militar y dar el último adiós al comandante Hugo Chávez no ha disminuido | Foto: Agencias

Desde la noche de este martes la cola para ingresar al hall de la Academia Militar y dar el último adiós al comandante Hugo Chávez no ha disminuido | Foto: Agencias

Quienes se movilizaron a Fuerte Tiuna, compararon la muerte del mandatario con la pérdida de un familiar

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El sentimiento parecía unánime: nadie quería retirarse de las instalaciones de Fuerte Tiuna sin haber entrado a la capilla ardiente para ver los restos mortales del presidente Hugo Chávez. En la fila había gente de todo el país, que desde el martes en la noche hizo los preparativos para venir a Caracas a despedirse.
Un grupo de San Fernando de Apure llegó ayer a las 3:00 am a Fuerte Tiuna; otro, de Puerto Ordaz, lo hizo a las 5:40 am, y del Tigre llegaron a las 8:00 am. “Hasta que no lo vea no lo creeré. Él se sacrificó por nosotros. Dio su vida por el pueblo. Hasta el final prevaleció su amor por Venezuela”, declaró Olga Velásquez, quien vino desde El Tigre.
        
“Es como perder a un hijo”
Cuando Rosa Angélica Morillo tocó la urna en la que reposan los restos del mandatario sintió que el suelo bajo sus pies se movía. Se apoyó en un militar, miró el féretro un segundo más y abandonó el Salón de Honor de la Academia Militar, cerca de las 7:30 am.
Morillo es dominicana, cocinera, tiene 63 años de edad y vive en Venezuela desde 1981. A Fuerte Tiuna llegó de madrugada. Para trasladarse tomó el Buscaracas poco antes de las 3:00 am en la avenida Nueva Granada, cerca de donde vive. La cantidad de gente que vio esperando la impresionó, especialmente aquellos que habían separado un huequito en la grama para dormir. “Trabajé en el Círculo Militar, las personas que custodian me reconocieron y me permitieron pasar. Aunque físicamente no esté, yo doy mi vida por él”, aseguró.
Hace 10 años, el hijo de Morillo falleció en la República Dominicana. Ella viajo a su país a verlo, aunque su jefe le negó el permiso: “Cuando regresé me despidieron, pero yo fui al Ministerio del Trabajo y, gracias a Chávez, me reconocieron los años de trabajo. Es como si volviera a perder a mi hijo”.
Para Morillo, este es un momento único en la historia, pues el Presidente fue un ejemplo para chicos y jóvenes. “En Venezuela había mucha injusticia y con él eso se acabó. Nos trató a todos como iguales”, subrayó.

Apoyo incondicional, desde la clandestinidad
Reina Hernández es de Valencia. Llegó a la Academia Militar el miércoles a las 5:00 pm. Logró ver los restos del Presidente en la madrugada. “Me aparté del grupo porque yo sufro de la columna y vine a sentarme. Un militar me vio, me ofreció una pastilla y me preguntó si lo había visto. Como le dije que no, me tomó de un brazo y me permitió la entrada”.
Hernández vino a Caracas con un grupo que llenaba 22 autobuses. Cuenta que dentro del Salón de Honor el ambiente es sumamente triste. “El Presidente tiene el rostro hermoso. Es como si estuviera dormido. Esta rellenito y no se ve demacrado”, describió.
Su andar con el mandatario empezó mucho antes del 4 de febrero de 1992. Afirma que su casa fue un punto de encuentro para los militares del MBR-200. “Estábamos en la clandestinidad. Teníamos reuniones en las que participaba el actual gobernador Francisco Ameliach, en las 4 Avenidas, en Valencia”.
Vio a Chávez de cerca una sola vez cuando estaba vivo. “Fue antes de que ganara la Presidencia. Nos saludamos y hablamos de la situación de Carabobo”. Ha participado en las campañas de las 16 elecciones por las que atravesó el mandatario. “El Presidente fue un padre, un hermano, un amigo. Sacó a la gente de las nebulosas con las misiones”.
La docente entró en el Salón de Honor a las 4:00 am, pero al mediodía su grupo seguía lejos de la Academia Militar. “Todos esperamos verlo, pero si no lo logramos nos queda el consuelo de que nos presentamos y lo apoyamos, para que se vaya feliz”.

Se turnaban para descansar
La voz se le corta a José Álvarez cuando recuerda el momento en que se enteró de la muerte del mandatario. Calla un momento y asegura que en ese instante supo que vendría a Caracas para participar en los actos velatorios. Álvarez es de Puerto La Cruz. El miércoles a las 10:00 pm emprendió el viaje con una comitiva de más de 100 personas. “La cola es bastante larga. Estamos en Fuerte Tiuna desde las 6:00 am. No vamos a regresar hasta que hayamos visto a nuestro comandante”.
Álvarez aguardaba sentado a la sombra, pero aún muy lejos de la capilla ardiente. “Varios miembros del grupo siguen haciendo la cola y nos turnamos para descansar”, dijo.
Tenía una gorra roja con el mensaje “Yo soy Chávez” y enrollada sobre sus piernas una bandera con la misma inscripción. “Todo el país está aquí apoyando al Presidente. Nosotros no vemos hora ni tiempo. Soy seguidor de él desde que llegó al cargo y tomo las riendas del país. Chávez significa amor. Fue un patriota humilde, tanto que expuso su vida y la de su familia por nosotros”.
El hombre trabaja en una cementera. Para él, Chávez no sólo fue un líder latinoamericano, sino el presidente de los pobres: “Estamos dispuestos a seguir sus instrucciones. Estamos obligados a apoyar a Maduro”.

Una caminata de siete horas
Vanessa Ávila marchó al lado del féretro el miércoles. Llegó a la Academia Militar ese día a las 6:00 pm. Luego de siete horas de caminata no tuvo fuerzas para hacer la cola ese mismo día, pero ayer a las 6:15 am ya estaba en Fuerte Tiuna. Salió de Los Teques, donde vive, poco después de las 5:00 am. “Hoy lo voy a ver pase lo que pase. Nadie se puede quedar sin verlo”.
Ávila tiene 27 años de edad y es educadora egresada de la Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada Nacional. “Tengo mi título gracias al Presidente, porque abrió la universidad al pueblo, cuando antes tenían acceso sólo los militares”.
A las 10:00 am estaba muy cerca del punto de acceso a la Academia Militar. Afirma que en la cola encontró mucha solidaridad. Tanta que se protegía del sol bajo el paraguas de su vecino: “Nos conocimos aquí, pero somos un solo pueblo”.
La muerte del mandatario la tomó por sorpresa: “La cadena que hizo Nicolás Maduro al mediodía nos preparó para lo que venía. Esa tarde llegué a mi casa y el vicepresidente estaba dando la noticia. Todos nos pusimos a llorar juntos”.
Entonces no lo podía creer y aunque participó en la marcha fúnebre y estaba muy cerca de ver el cuerpo, todavía ayer le costaba asimilarlo. “Es un dolor muy grande. Él era como nuestro padre”.