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Nacen escuelas para hacer el amor

La moda neoyorquina del sex coach traspasa fronteras, lo que demuestra que obtener placer se aprende, si alguien aconseja

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No se vayan a reír, pero Mirna y Jorge dejaron por la mitad el curso avanzado de inglés para asistir al taller de aprendizaje sexual que imparte la terapista Amanda Olivera en un pequeño salón en La Castellana. Jorge y Mirna parecen tener todo planificado. Novios por cuatro años, están por celebrar en familia la tan ansiada boda; luego, renunciarán a sus respectivos empleos y, con los ahorros, se marcharán del país en busca de otros horizontes.

"Nos pareció emocionante enriquecer lo que más nos une: el sexo, de manera que no está mal que asistamos a estos talleres", explica la ingeniera civil, 26 años de edad y una sinceridad que contrasta con lo reservado de su pareja.

"Le digo a Jorge que en vez de enviar correos en busca de tratamientos para agrandar el pene, mejor es que aprendamos a hacer el amor".

Para evitar especulaciones es menester aclarar que los cursos de la psicóloga Olivera en nada se semejan a una orgía ni al casting de un filme porno. "Más que experta, soy una observadora. Mi labor consiste en ayudar a parejas que saben lo que es hacer el amor, pero a veces lo hacen tan mal, que al final del orgasmo no les queda más que la insatisfacción", indica la uruguaya, quien seguro atrapa a sus clientes con el cartelito "El sexo es algo que se debe aprender" que cuelga en su atelier.

Olivera se dice "alumna" de Eric Amaranth, el mismo que, junto a Amy Jo Goddard, desarrolló la terapia sexual de la que se habla como la nueva tendencia en Nueva York.

Tanto Amaranth como Goddard emplean métodos distintos. Amaranth asiste personalmente a las parejas requeridas de ayuda, explicando qué hacer y qué no en el momento en que se desempeñan en la cama. Amy Jo Goddard da indicaciones por teléfono o a través de Skype.

Así no... ¡Ajá! con calma. El asunto es raro. ¿Imaginan a un entrenador al lado de su cama, olfateando su vida sexual? Olivera dice que por eso su taller se realiza en el apartamento que acondicionó, y que su condición es atender a una pareja por sesión. Asegura que la misión de sex coach es ayudar a la gente a disfrutar del sexo a plenitud, y hasta revela que para ciertas parejas su presencia, como observadora, "le añade un grado de excitación".

"Es verdad, para otros pudiera resultar incómodo porque, como su nombre lo indica, se trata de una relación íntima, y un tercero explicando cómo acariciar suena a fin de mundo", responde. "Pero no... como mi trabajo es guiarlos, sin hacer contacto físico, me ven como lo que soy: una entrenadora que está ahí, no para espiarlos, sino para mejorar su desempeño sexual".

Diplomados sin diploma. "Necesito concentrarme más de lo que lo hago en la cama, ¿cómo puedo lograrlo?". Esa pregunta, que aparece con frecuencia en las revistas del corazón, forma parte de una preocupación de hombres y mujeres seguros de sí mismos... hasta que llegan a la cama.

Se sabe que el sexo placentero está en algún punto de la unión entre la mente y el cuerpo, donde cada aspecto del individuo interactúa para disfrutar de una experiencia física y emocional maravillosa. Si la mente no está centrada en la experiencia sexual, se pierde la concentración en las señales eróticas que llegan a través de los sentidos. Mente y cuerpo deben crear una buena sinergia para alzarse con el máximo trofeo: el placer.

Olivera afirma que hay hombres que físicamente están haciendo el amor con su esposa, mientras su mente está en la oficina buscando el documento que debía firmar; como también hay amas de casas que ansiaban la llegada del esposo, y en el momento justo del acto sexual se preguntan si dejó abierto el grifo del fregadero. Para esas personas "normales" que no entran de pleno a la escena sexual es que existen los sex coach.

El taller de Olivera no se anuncia en los diarios. Confía en Facebook y en el boca a boca de los clientes, en su mayoría profesionales que, como describe ella con cierta ironía, "son diplomados en todo, pero incultos en sexualidad". El perfil es de parejas que están cercanas a los 30 años de edad, y que dan muestra de poseer confianza plena de su amor.