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Moisés Naím: “Ningún país está aún preparado para asumir todos los retos de la globalización”

“Hay inflación de diplomas, y los que valen más son los de universidades reconocidas”, dijo Moisés Naím | Foto: Henry Delgado

“Hay inflación de diplomas, y los que valen más son los de universidades reconocidas”, dijo Moisés Naím | Foto: Henry Delgado

El ex ministro de Industria y Comercio advirtió sobre el riesgo que supone “diluir el mérito y despreciar el talento”

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La educación universitaria no es la misma de hace unos años. Así como la sociedad en general, las universidades están obligadas a transitar por una nueva ruta: la de los cambios tecnológicos y la globalización. El analista venezolano Moisés Naím –experto en política y economía internacional– considera que es imposible deslindarse de esa tendencia mundial.
Naím, quien fue ministro de Industria y Comercio y director ejecutivo del Banco Mundial, dictó ayer una conferencia con la que comenzaron las celebraciones del 60° aniversario de la Universidad Católica Andrés Bello. “La globalización es una realidad. Tratar de obviarla es ignorancia, arrogancia o una combinación creativa de ambas cosas”, dijo en el Aula Magna de la institución, que estaba abarrotada de gente.
¿Las universidades venezolanas están listas para ese desafío? Naím respondió: “Ningún país está aún preparado para asumir todos los retos de la globalización. El primer requisito es reconocer que existen esos retos”.  
Para él –que admitió que no es un experto en educación sino un observador interesado–, una de las tareas esenciales es superar el promedio. Es decir, no hay que conformarse con lo básico, sino ir más allá. “Las universidades, las carreras y los profesionales promedio irán desapareciendo. Hay que buscar una ventaja competitiva adicional”, recomendó.
Por eso, señaló, es peligrosa la tendencia actual de flexibilizar el ingreso a las universidades venezolanas. Si bien es cierto que hay que universalizar la educación, dijo, no se puede diluir el mérito y despreciar el talento con la eliminación de los exámenes de admisión. A su juicio, con esa práctica se ha comprometido la calidad y, por lo tanto, la capacidad para competir con otras instituciones.
Pese a que el trabajo pendiente en las universidades es grande, se ha demostrado que los venezolanos pueden tener éxito, siempre que haya un afán por salir del promedio. Subrayó que los concursos de belleza, el beisbol y los modelos de Naciones Unidas son ejemplos de lo que se puede alcanzar: “Eso comprueba que sí es posible estar entre los mejores del mundo”.

Las tendencias. Una universidad que pretenda ser competititiva debe entender la realidad educativa mundial. Naím señaló que hay tendencias que demuestran que las instituciones de educación superior han cambiado. Una de ellas es, por supuesto, la globalización. Cada vez más, indicó, hay intercambios estudiantiles y universidades que instalan sedes en otros países. Eso trae una competencia más fuerte e intensa.
También, dijo Naím, hay que considerar el impacto que ha tenido Internet en la educación. Actualmente, señaló, hay cursos virtuales del Instituto Tecnológico de Massachussets o de la Universidad de Harvard, que puede tomar cualquier persona de forma gratuita. “Muchos piensan que estos cursos masivos representan el futuro de la educación superior”.
Para él, eso marcaría una nueva forma de competencia en el mundo. En esa circunstancia, se debe pensar cómo se sostendrían financieramente las universidades que ofrecen conocimiento gratis. También habría que reflexionar acerca de la situación de instituciones que mantengan los métodos de educación tradicional.  
Otra tendencia actual en varios países del mundo es la proliferación de instituciones y carreras. “La idea de que la universidad es la única que constituye la educación superior está cambiando de manera profunda”, señaló.  
Del mismo modo, hay una preocupación mundial por la desvalorización de los diplomas. Eso quiere decir, explicó, que un título universitario no necesariamente añade valor al trabajo. “Hay inflación de diplomas, y los que valen más son los de universidades reconocidas. Eso significa que hay ciertos títulos que valen mucho y una gran cantidad que no vale nada”, dijo.
En medio de esta realidad cambiante, se mantiene una misma discusión: cómo lograr la calidad educativa. Y, dentro de esa preocupación, hay una tendencia que se ha extendido en el mundo: el interés que se le da al ranking de universidades.
Esas mediciones, apuntó, han sido cuestionadas por sus metodologías, pero, de todos modos, se le ha dado importancia a sus resultados. Aseguró que ahora Estados Unidos domina las listas, y que eso es así porque estas universidades han entendido que se debe competir y porque, además, tienen sistemas eficientes de gobernanza.

Los mitos. Para que las universidades alcancen la excelencia en el mundo globalizado, también se deben superar ciertas ideas inexactas, afirmó Naím. Una de ellas es que la educación es la solución a todos los problemas del país, así como una navaja suiza que tiene varias herramientas. Generalmente, señaló, se considera a la formación como una salida inequívoca a la delincuencia o la falta de desarrollo.
“Por supuesto que sin educación no se pueden solventar estos asuntos, pero tampoco se trata de una solución universal. Al pensar de ese modo se recarga a la educación de tareas que no puede cumplir. También es una excusa para no arreglar verdaderamente los problemas”, aseguró.
Otro error es pensar que Internet es el único futuro de las universidades. “Eso no es verdad y es, además, peligroso”, señaló. Si bien es cierto que no se debe perder de vista el reto tecnológico, hay que atender el asunto de forma integral. Las instituciones de educación superior, añadió, deben primero ser competitivas con sus estructuras de ladrillo y sus estudiantes en el campus.
 “La competencia virtual es más feroz. Cuando se rompe el vínculo del espacio y el tiempo, se empieza a competir con todo el mundo y eso no es fácil”, explicó.
Naím considera que no hay que pensar que la educación universitaria es un mecanismo infalible de movilidad social –un título de educación superior no necesariamente se valora en todos los contextos–. Pero, independientemente de los mitos que se deben superar, hay una deuda pendiente: llevar a la práctica la idea de que la educación es una prioridad. Eso significa, señaló, que se deben asignar más recursos para que las instituciones funcionen adecuadamente.

El dato
La Universidad Católica Andrés Bello cumple 60 años el 19 de octubre. Sin embargo, durante todo el año se realizarán actividades para celebrar el aniversario. La próxima será entre el 20 y el 30 de enero, fechas en las que reflexionarán sobre el papel de la Iglesia Católica en la fundación de universidades. En febrero habrá un encuentro de instituciones de educación superior, y reconocerán el trabajo de profesores y empleados.