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#RostrosDeLaCrisis: “En Min Salud nos dieron la medicina que no era”

Foto: Archivo

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Luis Gerardo Rodríguez sufre, entre otros males, de hepatitis C. No tiene tratamiento. El asbesto con el que fue construido el techo de su casa le ocasiona infecciones pulmonares

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Luis Gerardo Rodríguez es un hombre callado, casi siempre está mirando el piso. Su timidez, quizás, se debe a un retardo mental leve. En su piel se notan tres rasgos que definen sus padecimientos: manchas blancas en la parte superior de la cabeza, brazos y labios revelan vitiligo, no tiene vellos por una alopecia universal, y tiene la piel y los ojos teñidos de amarillo por la hepatitis C, que presumen se contagió en una de sus visitas al hospital.

Con 39 años de edad ha estado dos veces hospitalizado por infecciones pulmonares. Los médicos presumen que las recaídas son causadas por el techo de asbesto –material cancerígeno– con el que fue construida su casa en Hoyo de la Puerta.

Fue diagnosticado con hepatitis C en 2006. “En 2011 recibió un tratamiento con su gastroenteróloga en el Pérez Carreño que eran unas inyecciones y pastillas. De las pastillas solo pudo tomarse dos cajas porque le bajó mucho la hemoglobina. Estábamos en espera de un nuevo tratamiento que no fuese tan fuerte”, cuenta la madre de Luis, María Teresa Beroes.

Cinco años después, el Ministerio de Salud les entregó seis cajas de Sovaldi, medicamento contra la hepatitis C de última generación, que le alcanzaría para tres meses, en los que en teoría los niveles del virus en la sangre bajan a niveles indetectables. “Nos dieron la medicina que no era, le falta un componente y no puede tomársela. Había otras personas que no necesitaban ese tratamiento y se lo dieron igual. ¿Qué hacemos con esto si no se lo podemos dar? Fuimos con la ilusión de que a los tres meses estaría curado y mira”, dice María Teresa. El coctel que requiere Luis Gerardo, llamado Harvoni, se compone de sofosbuvir, que le fue entregado, y ledipasvir. “Estamos esperando respuesta para ver cuándo es que nos van a dar el tratamiento que le corresponde”.


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Además, toma Euthyrox para la tiroides, vitamina D, el antiácido Riopan, Propanol para la tensión, Moderan para ir al baño, el diurético Aldactone, el protector gástrico Pantoprazol, y el antibiótico Normix.

“Es muy difícil conseguir todo eso. Mi familia me ayuda con el dinero y a ir a las farmacias, porque en la casa solo trabaja el papá de Luis. A veces ni siquiera encontramos acetaminofén. El otro día uno de los niños tuvo fiebre y no teníamos la medicina y tuvimos que meterlo en la ducha para bajársela”.

Cada vez que Luis Gerardo debe ir al hospital hay un gasto para su familia. “Ahora tengo que hacerle un perfil tiroideo y hepático, esos 2 exámenes me cuestan más de 7.000 bolívares y tengo que hacérselos antes del 21, que es cuando tiene la consulta. Si no, le hago los exámenes que pueda”.

La prima de Luis, Aranza, tiene síndrome de Down. Con un año y 3 meses de edad tiene 11 meses esperando por un cateterismo que corrija una falla cardíaca, que además le ocasiona hipertensión pulmonar. En el Cardiológico Infantil no sirve el equipo.


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El Dato. Adquirir la dosis completa de Harvoni en el exterior puede costar 94.000 dólares y la de Sovaldi 25.000 dólares. Entre 280.000 y 300.000 personas están infectadas con hepatitis C en el país, de acuerdo con el servicio de Gastroenterología del Hospital Universitario de Caracas de la Universidad Central de Venezuela. No todas esas personas están diagnosticadas. Entre 70% y 80% de quienes están infectados no desarrollan ningún síntoma. Cuando se manifiestan, los signos incluyen ictericia, dolor en la parte superior del abdomen e hinchazón abdominal por líquido.