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Médicos pediatras pueden prevenir maltrato infantil en la familia

Hospital J. M. de los Ríos | José Pacheco

Hospital J. M. de los Ríos | José Pacheco

Determinar si se trata de un incidente o si hubo intención de causar daño por parte de los padres es todo un desafío

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Un bebé puede llegar a morir después de recibir una fuerte sacudida. El zarandeo que algunos padres o cuidadores practican para calmar el ánimo del niño logra aquietarlos, pero lo que no saben los progenitores es que, internamente, esa acción puede generar una contusión o un edema cerebral cuya repercusión puede ir desde la sordera o la ceguera hasta el fallecimiento.
Esta advertencia fue hecha por la pediatra María Mercedes Castro en la conferencia Retos en Maltrato Infantil, que dictó ayer en el hotel Marrito, como parte del Congreso 75° Aniversario del Hospital de Niños J. M. de Los Ríos.
En su discurso, Castro advirtió a sus colegas pediatras que identificar si se trata de un incidente o si, por el contrario, hubo intención de maltrato es todo un desafío, para lo cual hizo una enumeración de pasos que podrían ayudar a los especialistas a evitar que las agresiones sigan ocurriendo.
A juicio de Castro, el primer paso es pensar lo impensable: que los padres o cuidadores sean capaces de lastimar a los niños en diversas formas; que los maltratos ocurran independientemente de raza, sexo, grupo social o estrato socioeconómico; y que no se dan por azar pues el agresor es alguien muy cercano al niño.
Los médicos también deberían detectar los relatos inconsistentes sobre los hechos ocurridos, diferenciar lo accidental de lo intencional (cuando exista desproporción física entre la víctima y el agresor), percibir cuando haya silencio por parte del niño maltratado, diagnosticar las lesiones físicas sospechosas del abuso físico y sexual, descubrir historias flojas y estar atentos a síntomas en la esfera neurológica que puedan simular un proceso infeccioso pero que, en realidad, encubran un Síndrome del Niño Sacudido o shaken baby, revisar cuadros clínicos confusos que no correspondan con afecciones clásicas conocidas, detallar cronológicamente los hechos que generaron las lesiones con la máxima precisión posible en la historia clínica, informar sobre hallazgos médicos dudosos en el niño y, por último, prevenir el maltrato a través de estrategias como la de proporcionar información a los padres y cuidadores sobre prácticas no violentas de crianza.

Orígenes de un agresor. Castro cree que en buena medida los maltratos a los niños suceden por varios factores. Muchas veces los padres repiten sus propios hábitos de crianza, tienen altas expectativas frente a sus hijos y desconocen las capacidades reales de los niños de acuerdo con su edad, no poseen herramientas para manejar el estrés y afrontan carencias afectivas que no han sabido resolver y las vuelcan sobre sus hijos.
Aunque no posee cifras de abusos infligidos a los niños, pues asegura que en el país esto no se documenta, afirmó que entre los más frecuentes destacan las agresiones hechas contra las partes blandas (piel y tejidos) y las fracturas y daños en órganos internos, así como las agresiones psicológicas.

Enseñar a las familias
El Hospital J. M. de los Ríos ofrece Talleres de Escuela para Padres para reeducar a la familia en valores y así trabajar por una mejor sociedad. En 2011 atendió a 324 personas, que recibieron instrucciones y herramientas para conocer otras formas de ser padres. Temas como la responsabilidad, la calidad del afecto, las creencias, la diferencia entre castigo y autoridad y la importancia de los vínculos son algunos de los tratados en el curso.