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Maza Zavala: una lectura de su memoria

Domingo Maza Zavala

Domingo Maza Zavala | Henry Delgado

Destacan su formación y sus conocimientos como profesor, investigador y autor de notable relieve intelectual

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Una lectura de la memoria, por quienes aún tenemos la razón para observar los atributos y valores contemporáneos de Venezuela, hoy nos permite evocar la humana figura de Domingo Maza Zavala, nuestro maestro y amigo en una relación enriquecida por el diálogo y el discernimiento de la realidad latinoamericana y venezolana de estos tiempos.

Hoy recordamos 90 años de su nacimiento y 2 de su muerte. Así, con este sencillo homenaje, honramos la mención de quien en la cátedra fuera un profesor y, aledaño a la cátedra, un maestro. Tuvo no pocos discípulos que lo honran valorando los frutos de su inteligencia. Sus enseñanzas las impartió en las aulas universitarias, en las actuaciones académicas, en el desempeño profesional de su disciplina, en las crónicas periodísticas, a lo largo de un ejercicio continuo de pedagogía activa, sin jamás abrigar la egolatría de que sus conceptos y vislumbres fuesen únicamente suyos, pues creía que en la consustancialidad científica y humanística de las ideas radicaba la matriz de la libertad de pensamiento. En esto se distinguía de los colegas intemperados que se adjudicaban ideas cual patrimonio propio.

Su currículum, que casi nunca refiriera expresamente, consta de títulos, atributos y funciones que evidencian la altura de su formación y sus conocimientos como profesor, investigador y autor de notable relieve intelectual. También creía que la mención de profesor universitario era lo que más lo dignificaba y satisfacía.

La Universidad Central de Venezuela fue madre de sus luces. Esta casa de estudios, cuya voz habla por el espíritu de su magnificencia, le confirió los títulos de reconocimiento para que luego la experiencia le fecundara los instrumentos de su razón. Doctor en Economía, profesor titular, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales, director del Instituto de Investigaciones Económicas, profesor honorario, Orden José María Vargas, entre otras menciones que certifican los dones del educador universitario. Fue además presidente e Individuo de Número de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y director del Banco Central de Venezuela.

En la Universidad Central forjó su obra ­principalmente sobre temas y problemas económicos y sociales de Venezuela y América Latina­ en el temperamento de las corrientes teóricas y doctrinales que han controvertido en la región durante los últimos 50 años.

Entre sus libros mencionamos en no estricto orden cronológico: Los mecanismos de la dependencia; Universidad, ciencia y tecnología; Ensayos sobre la economía y la política económica; La crisis monetaria internacional (en autoría con Robert Triffin); Explosión demográfica y crecimiento económico; Venezuela: crecimiento sin desarrollo (con Orlando Araujo, Alfredo Chacón, Héctor Malavé Mata...); Ensayos sobre la dominación y la desigualdad; HispanoaméricaAngloamérica: causas y factores de su diferente evolución; Monografías y ensayos escogidos (con prólogo de Héctor Malavé Mata); La insuficiencia del ahorro nacional en América Latina; Observatorio económico. De la teoría y los hechos; La década crítica de la economía venezolana (1998-2007); Venezuela: economía, tiempo y nación; y Yo, el Banco Central y la economía venezolana.

La travesía En el segundo de los libros ya mencionado, Universidad, ciencia y tecnología, nuestro maestro parece sugerir que muy pocos científicos sociales se aventuran, si se me permite la paráfrasis, ni siquiera a comentar que el crecimiento bastaría para dispensar al país un reparto más equitativo del bienestar y el ingreso, allí donde un orden socioeconómico regresivo, que amplía las disparidades sociales y ensancha la grieta entre prosperidad y pobreza, ha cedido lugar al concepto de desarrollo para mejor significar el proceso que rebasa al crecimiento en un horizonte de mejor distribución social. Venezuela en los últimos 15 años ha experimentado un crecimiento fluctuante con el desenfreno de un perverso rentismo petrolero. Ha ocurrido por tanto crecimiento sin desarrollo: crecimiento como nueva expansión cuantitativa del producto interno bruto, pero no desarrollo en el sentido de auge de la capacidad creativa del hombre.

En este mismo sentido, continuando esta breve lectura del pensamiento económico y social de Maza Zavala, es procedente destacar la importancia de la educación en el proceso de desarrollo. Para una educación coherente con el progreso de la realidad nacional es indefectible su participación efectiva en los proyectos creativos del país real. En derivación lógica de este asunto, ya tratado en obra mencionada del profesor Maza Zavala, planteamos ahora particularmente la crítica situación de las universidades nacionales en lo inherente a la problematización causada a la correspondencia entre educación y desarrollo, con evidencias turbadoras de la actual realidad venezolana. Aludimos sucintamente al problema de la producción y transmisión de conocimientos causado a la actividad esencial de la universidad en estos últimos años de reiterados cercenamientos del presupuesto universitario, sancionados por voluntad de la suprema instancia del Estado.

Pero además en esto es visible la coartada oficial contra la autonomía universitaria, esgrimiendo maquinalmente el argumento de la cantidad matricular con perjuicio de la calidad académica, para colocar la autonomía en el espacio de las desviaciones culturales y políticas del régimen actual, como apenas queriendo acreditar y no educar. Educar significa generar y transmitir conocimientos en un concerniente clima de libertad. Educar denota libertad, capacitar significa eficiencia, al punto de que para esta universidad, puesta por caso, la libertad de pensamiento, de cátedra, de investigación Esta travesía a lo largo de los recursos y problemas nos conduce de nuevo al pensamiento del profesor Maza Zavala.

Esta vez como autor que dedicó muchas reflexiones a la auscultación de la economía, evidenciando en sus libros el discernimiento que nos permite entender algunas razones de nuestra entidad periférica, subdesarrollada, no poco contradictoria, con petróleo ahogando en dependencia la fisonomía del cambio. El maestro nos decía a todos que la conversión de nuestro subdesarrollo en desarrollo depende de las inspiraciones de cambio que instruyan la viabilidad y sustentabilidad de planes imaginados desde la realidad, no sin observar la trayectoria de la economía en su evolución cíclica para informarnos de su crecimiento, sus crisis y recesiones.

Finalmente, en memoria de las razones del maestro, señalamos que "el sujeto de la economía es el ser humano concreto, y el objeto, su bienestar y salud, su educación y su esperanza". Ningún dogma, ningún absolutismo conceptual, ningún alarde econométrico, ninguna estadística de apariencia formal, debe separarnos de esos objetivos elementales, tan sencillos que casi siempre son desestimados por los economistas, pero no por los ciudadanos que al contrario de los economistas, como dice Galbraith, no han sido entrenados en inventar ilusiones.