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Matas de Pascua florecen en diciembre y siguen vivas todo el año

La familia Méndez se dedica a cultivar la planta todo el año | Ernesto Morgado

La familia Méndez se dedica a cultivar la planta todo el año | Ernesto Morgado

El cristianismo adoptó la planta de los aztecas. Una familia de origen portugués cultiva desde hace décadas las flores que adornan los hogares en Navidad

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La Navidad no muere en diciembre, pero muy pocos lo saben; al igual que las matas de Pascua, necesita ser cuidada y protegida con el corazón para que su espíritu se mantenga todo el año y así, aunque cambien los meses, siempre esté viva. Así lo afirma Teresa Méndez, quien llegó al país procedente de Portugal hace 36 años y desde entonces cultiva la tierra por los predios de El Hatillo, junto con su familia.

Méndez trabajó primero en el Alto Hatillo y, luego, instaló el vivero San Germán en la vía El Seminario, cuando ni siquiera había carretera. Desde entonces siembra los surcos con paciencia, respeto y dedicación, como se labran las buenas amistades. Tan abnegada ha sido en su trabajo que los años le han permitido ver el florecimiento de su constancia: lirios, orquídeas, rosas, jazmines, claveles y matas de Pascua, que en diciembre, especialmente, adornan el local, de la misma manera que brotan sus amigos, antiguos clientes que por décadas la han visitado.

“La gente viene acá y se siente atendida. Teresa es muy amable, de verdad es especial”, asegura Yuly Corredor, clienta del vivero.

Alexa Trujillo, asidua visitante del lugar, coincide con Corredor: “Tengo 25 años comprando mis matas de Navidad aquí. Son bellísimas, y creo que es porque Teresa y sus hijos las cultivan con amor, de la misma forma como tratan a sus clientes”.

La tradición

Méndez llegó de la isla de Madeira y en su tierra fue costurera, pero como nunca le gustó trabajar encerrada en la casa, se marchó al campo y allí trabajó en una fábrica productora de leche. Así como emigró a Venezuela, también las plantas rojas de Pascua tienen su historia viajera. Son originarias de México y dicen que los aztecas la nombraban cuetlaxochitl, que significa la flor mortal que se marchita como todo aquello que es puro.

La planta sirvió para los ritos que involucraban sacrificios de sangre, hasta que los sacerdotes de la congregación de San Francisco la incorporaron en los adornos de las procesiones navideñas en el siglo XVII, como símbolo de la sangre de Cristo.

Con los años, la mata de flores rojas llegó a Estados Unidos, gracias a Joel Roberts Poinsett, embajador de esa nación en México, que fascinado por su colorido la llevó a Carolina del Sur.
En las regiones de habla inglesa se conoce con el nombre de Euphorbias poinsettias por su nombre botánico, pero en El Hatillo y otras regiones de Venezuela siguen llamándola mata de Navidad, y así se la piden a Méndez y a su hijo Kelvin, quien asegura que nunca mueren, sólo hay que atenderlas, resignarse a la despedida de las hojas rojas, amar también su color verdoso, para luego festejar el renacimiento decembrino.