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Malnutrición infantil alcanza 30% por crisis alimentaria

Un estudio registra que 25% de los niños dejó ir a la escuela porque no tenía qué comer en su casa | Foto: Ernesto Morgado / Archivo

Un estudio registra que 25% de los niños dejó ir a la escuela porque no tenía qué comer en su casa | Foto: Ernesto Morgado / Archivo

Los investigadores sostienen que la pérdida del poder adquisitivo de las familias y la escasez registrada en el último año dejan rastros visibles en los niños

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Detrás de la actitud aparentemente perezosa de un niño puede esconderse el hambre. La ausencia de proteínas en su dieta diaria, así como de un adecuado requerimiento calórico, no solo lo hará ver más pequeño, débil y delgado, sino también desconcentrado, distraído y levemente tardío en sus respuestas.

La explicación la ofrece la médico pediatra Mercedes López de Blanco, vicepresidente de la Fundación Bengoa, quien trabaja el tema nutricional desde hace más de medio siglo: “Creen que los niños son flojos, pero no se dan cuenta de que están desnutridos. Así como cuando se enferman cada dos o tres meses. Son los síntomas de una misma situación”.

Desde hace 5 años esta ONG trabaja en alianza con 22 escuelas de Fe y Alegría de todo el país. Allí ofrecen información sobre la correcta nutrición de niños y jóvenes, además de desarrollar programas de registro de talla y peso.

En el último semestre del año 2015 y lo que ha transcurrido de 2016, los investigadores de Bengoa se han percatado de que la malnutrición infantil llegó al 30% de la población, basados en una muestra de 4.000 niños de esos centros educativos.

Maritza Landaeta, coordinadora de investigación de Bengoa, cree que la intensificación de la crisis que atraviesa Venezuela, registrada en el último año, deja consecuencias visibles en el deterioro de la alimentación. Aseguró que 25% de los niños dejó de ir a esas escuelas porque no tenía qué comer.

Landaeta indicó que a las fallas del Programa de Alimentación Escolar se suma la crisis de cada hogar, donde ha disminuido el poder adquisitivo de las familias que también se ve afectado por la inflación, la escasez y el desabastecimiento.

“No quiero pensar cómo estarán los porcentajes de anemia de la población infantil, si el año pasado la deficiencia de hierro se ubicaba entre 20% y 30%; y los datos de la Encovi 2015 (Encuesta sobre Condiciones de Vida en Venezuela), indicaban que había una reducción de 50% en el consumo de alimentos como leche, queso, huevos, carne, pescado y pollo, fundamentales para el crecimiento de los niños”, explicó Landaeta.

Además de enseñar a los alumnos, a través de pequeñas obras de teatro, cómo deberían alimentarse correctamente, y de analizar las tabulaciones que han registrado de sus tallas y pesos, la Fundación Bengoa refiere a los niños con déficit de nutrición a Cania, el Centro de Atención Nutricional Infantil Antímano; donde le brindan la asistencia médica necesaria para que salgan de ese estado.

“Estamos muy mal con relación a un año atrás, porque aún en este gobierno la nutrición se mantuvo, así fuese a punta de importaciones y de realazos. Lo que sucede es que, de repente, los reales se acabaron y llegó la supercrisis”, apunta López.

Como coordinadora del grupo de trabajo de Transición Alimentaria y Nutricional de la Fundación Bengoa, López se ha dedicado a revisar el cambio de la dieta tradicional a la dieta moderna en el país. En su trabajo diario se ha dado cuenta de que en la mayoría de los hogares falta el dinero para comprar proteínas, frutas y vegetales, por lo cual las personas basan su alimentación en pasta: “Esto es una tragedia. La actual dieta basada en pasta engorda y llena, pero no alimenta. Crea obesos e hipertensos, por eso se genera sobrepeso y anemia, diabetes y enfermedades del corazón”.

A pesar de este panorama, la doctora López de Blanco es optimista. Explica que el ser humano tiene una alta capacidad de recuperación: “Desde el momento de la concepción hasta los dos años de los niños es una situación crítica. Allí cualquier cosa que ocurra es difícil de corregir. Sin embargo, se puede. En cambio, los niños que hayan presentado un daño permanente, por ejemplo cinco años de hambre, no se recuperarán. El momento es grave, pero si actuamos ya, será reversible”.

Las cifras
25% de los alumnos dejó de ir a las escuelas monitoreadas por la Fundación Bengoa porque no tenían qué comer.

30% de la población, de una muestra de 4.000 niños en 22 escuelas del país, presentan malnutrición infantil.

30% de los niños analizados por Bengoa presentaron deficiencia de hierro el año pasado.