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Laureano Márquez: "Los Tualé Papers"

Laureano Márquez / Foto: Williams Toledo

Laureano Márquez agradeció sacarasticamente a las cúpulas corruptas / Foto: Williams Toledo

En su editorial, el humorista y politólogo expuso la implicación de funcionarios venezolanos en las revelaciones de los Papeles de Panamá. Un funcionario castrense, una pastor y un edecán de la presidencia, son algunos de los protagonistas de 241.000 documentos sobre las empresas offshore criollas

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Nos agarra este nuevo deslave de corrupción sin papel tualé a la mano, ¡que incomodidad! La palabra Venezuela aparece en 241.000 documentos de los Papeles de Panamá. Es de agradecer que las “cúpulas podridas” hayan puesto el nombre de Venezuela en tan alta distinción, entre todos los records a los cuales olímpicamente nos han conducido: primeros en inflación, segundos en violencia y en los países marcados en rojo por la corrupción, Venezuela es roja rojita, como diría Ramírez. Los Papeles de Panamá, para nosotros los venezolanos, son un ejemplo de esfuerzo, religiosidad y constancia, además de constituir un aporte cultural, inmensamente valioso para elevar nuestro espíritu en los tiempos que corren:

  • Gracias a ellos nos enteramos de que un edecán del presidente anterior, con sueldo de 200 dólares mensuales, tiene capacidad de ahorro tan extraordinaria, que es dueño de una propiedad de 400.000 dólares y una fortuna de 1,6 millones de dólares. Es decir, que lleva 833 años guardando la totalidad de su sueldo sin gastar ni medio. Si él pudo, usted también puede: ahorra o nunca.
  • También un militar venezolano nos puso en conocimiento de que existe un paraíso llamado Seychelles. Seguramente usted tampoco tenía idea de la existencia de este pequeño país conformado por 115 islas tropicales, como dispone su constitución. Este archipiélago está ubicado al norte de una isla cuyo nombre preferimos no escribir, no vaya a ser que nos equivoquemos y papel tualé no hay. Se trata de un archipiélago de 455 kilómetros cuadrados. Para que se hagan una idea, 115 islas que unidas hacen la mitad de nuestra Margarita, claro que allá no falta el agua ni la luz, entre otras cosas gracias a nuestras florecientes inversiones. Es de notable interés su Jardín Botánico y cuentan que las tortugas gigantes allí son endémicas, no tanto como los choros venezolanos. Gracias, general por descubrirnos este hermoso paraíso, ignorado para nosotros. Si le asignan el cupo de Cadivi no dude en incluir este destino en sus próximas vacaciones.
  • Un Pastor nos revela la poderosa fuerza del Evangelio a la hora de producir billete. Con la pura ayuda del Señor, llega a la presidencia de una empresa valorada en 5 millones de dólares. Seguramente se llama César y aplica rigurosamente la enseñanza del maestro: “dad al César lo que es del César” y también aquella de “ayúdate que yo te ayudaré”. Dicen que la multiplicación de los panes (dije panes) y los peces es un milagro de segunda categoría frente al de los dólares en su cuenta. Dios te bendiga, hermano.
  • Nos enteramos de que los pasaportes no necesariamente tienen que ser rectangulares, sino que también pueden ser triangulados. Cuando abra su pasaporte, recuerde que usted no es solo ciudadano de Venezuela, sino también de alguna manera de Panamá, donde se hizo el negocio, de Perú, patria del negociante, de Cuba que está en todos los guisos y de Alemania, tierra de Gutenberg, el de la imprenta. Mil gracias a los tualé papers por la internacionalización.

La lista es larga (son 241.000 documentos). Seguro en los días por venir sabremos muchas más cosas otras cosas que nos llenaran de auténtico orgullo nacionalista. En todo caso, no deje que esta situación le perturbe. Si usted es de lo que no tiene inversiones off chores, amárrese bien los pantalones y no permita que estas noticias le aflojen el ánimo, porque aquí se chorearon hasta los tualé papers.

Al cierre de esta edición se nos informa que la semana de trabajo se reduce a cuatro días por culpa de El Niño. Muy a tono con estos tiempos, para que nos termine de quedar clarísimo, por si alguien no lo ha entendido, que el trabajo decente no es en nuestra tierra el camino del progreso y el bienestar, nuestro futuro está en la democratización del choreo.

A mí no me vengan con que la culpa de todas nuestras calamidades es solo de El Niño, porque aquí el verdadero culpable es el que nos dejó al Niño.

¡Rumbo a la abolición definitiva del trabajo en Venezuela!
Choros de la patria: ¡uníos!