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Jóvenes inician negocios con creatividad para afrontar la crisis

Ante la opacidad del futuro hay quienes deciden trabajar por el país. Los emprendedores reportan 0,6% de morosidad, la más baja del sistema bancario según Bangente

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El emprendimiento en Venezuela no es una moda. En el año 2012, el estudio Global Entrepreneurship Monitor, realizado por el IESA, indicaba que los emprendedores representaban 15,4% de la población adulta del país. Eran 2.695.000 personas de entre 18 y 35 años de edad que querían comenzar un negocio por cuenta propia.

Edwin Ojeda, coordinador del programa Emprende del IESA, considera que, aunque no se dispone hoy de cifras actualizadas, es un movimiento en auge, motivado por el sentido de oportunidad o búsqueda de subsistencia: “Es como una olla en ebullición, de la que no sabremos cuáles serán los resultados a futuro”. 

Existen organizaciones dedicadas a impulsar al emprendedor, un vocablo que comenzó a escucharse hace 15 años, pero que, según Ojeda, se trata del mismo trabajador que siempre quiso producir ingresos extra.

Una de ellas es el Centro al Servicio de la Acción Popular (Cesap), que hoy abarca 19 grupos regionales, 470 trabajadores, en 1.200 comunidades de 120 municipios del país y mantiene 75 programas con un resultado de más de 40.000 emprendedores formados. Allí, el sacerdote jesuita de origen belga Armando Janssens, uno de los pioneros reconocidos en la capacitación de emprendedores sociales, desarrolla desde hace 50 años programas de formación en las comunidades vulnerables del país.

Janssens percibió que la educación media y la universitaria tenían discursos avanzados, pero eran incapaces de concretar hechos en las comunidades, y creó el Cesap. Con 81 años de edad, se confiesa sorprendido por el apogeo del movimiento: “Me impresiona que cuando se habla de socialismo la iniciativa para comenzar un negocio esté en auge. Significa que hay algo en el hombre de sana defensa, que busca crear salidas ante la situación extraordinariamente difícil. Hay gente interesada en surgir. Saben que la solución de sus vidas depende sólo de ellos”.

“Siempre saldremos adelante”

Cansada de ejercer como abogada en el CNE, con años de vacaciones acumuladas, un divorcio a cuestas y una condición de hiperinsulinismo que le impedía comer lácteos, gluten y azúcar, Sheslayne Guillén decidió en 2012 transformar su vida. Quería ser independiente y hacer algo que le apasionara.

Empezó a estudiar orfebrería, pero se dio cuenta de que ese no era su oficio. Un buen día hizo una torta de zanahoria con cambur a base de harina de almendras, como parte de la búsqueda que emprendió para preparar recetas especiales que le sirvieran en su dieta cotidiana. Nadie creía que un postre sin azúcar, leche o mantequilla pudiera ser tan delicioso. 

“Siempre me decían que las vendiera, pero en ese momento trabajaba más de 10 horas al día”, recuerda Guillén, quien luego participó en un programa de formación de liderazgo productivo de Emprered, organización que ha creado 15 clubes de emprendedores en el país y ha formado a 3.528 microempresarios.

Después de hacer cientos de pruebas con auyama, brownie, batata y fresas Guillén empezó a vender sus postres en abril de este año en gimnasios de la capital.

“Me han llamado loca por querer renunciar a mi trabajo y hacer de esto un negocio rentable, pero descubrí que cocinar es mi pasión y mi manera de ayudar al país. Venezuela ha sido generosa en oportunidades con los extranjeros, ¿cómo no lo será con los propios venezolanos? Creo que siempre saldremos adelante”.

“Hacemos del miedo un reto”

Ramón Eduardo Ginez, Félix Fernández y Atilana Piñón convirtieron un problema en negocio. Observaron lo engorroso de pagar el estacionamiento en Caracas, no solo por las infinitas colas sino también por la inseguridad.

Ginez y Fernández fueron compañeros en la Escuela de Ingeniería Informática de la UCAB. Les fue fácil intercambiar opiniones y emprender un proyecto. Así crearon City Wallet a finales de 2015, compañía que emplea tecnología para mejorar la calidad de vida.

“Apostamos por el área de movilidad. Desarrollamos una herramienta de pagos con calcomanías inteligentes para cancelar tickets de estacionamiento de manera simple, rápida y segura. Proponemos evitar el manejo del efectivo”, explica Ginez.

Piñón, que es ingeniera industrial, desarrollaba de modo paralelo la misma propuesta con un punto de vista comercial. Luego los tres coincidieron en el Impact Hub Caracas, un espacio para emprendedores.

En enero concursaron en la convocatoria de Wayra, empresa de Telefónica que impulsa “startups” digitales, y fueron uno de los 5 equipos ganadores entre más de 150 participantes.

Con el aporte de un capital semilla, asesorías y todos los servicios para desarrollar su idea, aseguran que continuarán en Venezuela: “Constantemente nos enfrentamos con cambios y los superamos. Si bien el país está en una coyuntura, esto nos favorecerá a futuro porque estaremos mejor posicionados. Hacemos del miedo un reto y esto nos lleva a buscar soluciones”.

“Guapeo en el mercado de La Urbina”

Con 23 años de edad Paula Escalona fue una de los 60 jóvenes de Petare que recibieron en 2013 cursos de marketing, asesoría legal, contabilidad y desarrollo de negocios, dictados por la Fundación Mendoza como parte del programa de formación Emprende y Progresa, iniciativa de la Alcaldía de Sucre junto con la Universidad Metropolitana que sirve para capacitar a jóvenes en la creación de sus propias empresas.

Por ser una alumna aventajada, Escalona recibió un espacio en el mercado de La Urbina para desarrollar sus proyectos. Es publicista y su novio diseñador gráfico, por lo que decidió ofrecer material POP, que incluye impresión en tasas, camisas y chapas. 

Escalona admite que los transeúntes poco visitan el lugar, pero insiste en permanecer e incluso ampliar la oferta de productos: “Estoy guapeando en el mercado de La Urbina. El material publicitario es muy costoso. Sé que ahora vendo muy poco, pero en algún momento la situación mejorará”.

Ana Cristina Blessing, coordinadora de Emprende y Progresa, explica que en octubre empezará otra etapa del programa que contará con la asesoría de la Universidad Metropolitana, la Asociación Civil Por la Caracas Posible y el Impact Hub Caracas, así como el apoyo financiero de Banauge a través de microcréditos. La capacitación seguirá siendo completamente gratuita. “Queremos brindarles a los jóvenes la oportunidad de crecer y que sientan que todavía hay futuro en el país”, acota.