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José Visconti, un hombre de fe

José Visconti: Una sonrisa que la ¡saca de jonrón!

José Visconti: Una sonrisa que la ¡saca de jonrón!

Una sonrisa que la ¡saca de jonrón! De niño quería ser sacerdote, pero lo atrapó el periodismo. Considera que cada día de la vida es ideal para tratar de transmitir optimismo y esperanza

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"Mi encuentro con el papa Juan Pablo II fue un regalo que siempre agradeceré”, evoca con cariño José Visconti. En una soleada mañana, sentado en un banco de la Universidad Católica Santa Rosa y rodeado del verdor de la naturaleza y estudiantes por doquier, el periodista y docente señala que la oportunidad de compartir con el sumo pontífice marcó un recuerdo muy grato en él, inolvidable. Viste de punta en blanco: traje gris y corbata azul. Además, tiene una característica que no pasa inadvertida: su espontánea sonrisa.

Sus padres lo bautizaron con el nombre de José de San Martín. Nació el 30 de diciembre de 1948 “en una Caracas apacible, noble y bella”. Cuenta que de niño era muy tremendo, entusiasta y espontáneo, y agradece a Dios haber tenido la familia en la que creció.

Su madre, María Teresa Heras, era una mujer bondadosa, atenta y serena que ante sus travesuras le decía: “José deja el griterío”. Sobre su padre, Rafael Visconti Seijas, de origen italiano, dice que era un hombre cortés, honrado y educado; su espejo, modelo y maestro que le señalaba: “Hijo llegó la hora de pensar” y le regalaba libros que devoraba cada vez con más avidez. A los seis años de edad ya sabía leer, lo que era comentado por la familia con orgullo. “Mi infancia fue feliz”, afirma.

Creció en una casa que su padre construyó en el barrio El Cementerio de Caracas, en una pequeña comunidad de españoles e italianos. Cursó la primaria en el Grupo Escolar Francisco Pimentel. “Allí la enseñanza estaba integrada con el medio ambiente. Las aulas eran amplias y abiertas. Había jardines rodeados de árboles y los niños nos encargábamos de mantener en buen estado los huertos y cuidar a los animales, además la relación entre profesor y alumno era una maravilla”, recuerda.

Al cumplir trece años siguió los estudios en el Seminario de Caracas para iniciar la vida eclesiástica. Refiere entre risas que quería ser Papa, pero por cosas de la vida no llegó a ser sacerdote, a lo que añade en tono bromista: “Se salvó la Iglesia, pero el periodismo cayó en mis manos”. En 1968 ingresa en la Universidad Central de Venezuela para estudiar Comunicación Social, sin saber que se convertiría en un personaje querido y respetado en el periodismo nacional.

La familia, una fuente de amor

“El amor es un intercambio. Es el cristal más delicado que existe y por esa razón debe ser tratado con delicadeza”, así define el sentimiento que lo relaciona con su familia. “Que es la respuesta de ¿quiénes somos? y ¿qué hacemos? Es el motivo de tener a quien brindarle los mejores deseos, esfuerzos y pensamientos”.

En los pasillos de la UCV conoció a María Teresa País, su compañera de clase y amiga, y dos años más tarde su esposa. Se casaron el 8 de octubre de 1970. Con un brillo en los ojos y un tono de voz más suave, Visconti afirma que sin el amor y la ternura de su esposa él no tendría nada. “Es mi otro pulmón, no imagino mi vida sin ella”. La pareja tiene dos hijos: Armando, que es educador, y Claudio, matemático. Hombres, igual que sus padres, de principios y valores. Menciona que tiene un nieto de nombre Juan Pablo, pero lo llama Juancito.

Su vida como periodista y ser humano fue marcada por un hecho inolvidable. Ocurrió en 1985, cuando el papa Juan Pablo II visitó el país. “Tuve el privilegio de ser el animador del encuentro del sumo pontífice con más de 70.000 jóvenes en el Estadio Olímpico de la UCV”. 11 años más tarde fue miembro de la comitiva oficial que acompañó al Papa en su recorrido por América Latina, por lo que tuvo la oportunidad de compartir más de cerca con él.

Visconti es considerado “un tipazo” que siempre la “saca de jonrón”. Es un hombre presto a ayudar al que lo necesite, incluso a quienes ni siquiera conoce. Ha recibido dos premios de periodismo deportivo en medios impresos, uno en televisión, cuando estaba en El Observador de Radio Caracas Televisión, y el cuarto fue el Premio Nacional de la Casa del Artista.

Ha pasado por varios medios de comunicación: La República, El Nacional, El Universal, Diario de Caracas, La Religión. Trabajó también en Meridiano, Meridiano Televisión, RCTV y en cinco emisoras, entre ellas Radio Caracas Radio y Radio Capital.

Es un ser humano jovial que disfruta su papel de educador. Por eso, buena parte de su vida la ha dedicado a dar clases. Es profesor de Teología y Comunicación Social. A sus alumnos no sólo les transmite conocimientos académicos, sino también principios y valores.

Dice que la vida real del periodista es un gran riesgo, privilegio y obligación, ya que se debe informar oportuna, objetiva y verazmente, sin agregar ni quietar nada malévolamente. El periodista no tiene la verdad, sino que tiene que meter la mano por la verdad para que se expanda y llegue a todos. Empezó con la fuente de sucesos, pasó por la de farándula y la de religión hasta que llegó al área deportiva. Confiesa que es un fanático del equipo Leones del Caracas.