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Inseguridad ahuyenta y encierra a los venezolanos

Armas de fuego, foto referencial / AVN

Armas de fuego, foto referencial | AVN

Encuesta sobre Condiciones de Vida de Venezuela refleja que no hay confianza en el sistema de justicia, se cambiaron los hábitos de socialización y la huida o el encierro son opciones para protegerse

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El 31 de octubre de 2011 Manuel Betancourt viajaba en el Metro con temor, pero alerta. Había leído de un nuevo modus operandi en el que hacían secuestros exprés a personas en el subterráneo para pedirles sumas de 5.000 bolívares a sus familiares, mientras los paseaban amenazados en el sistema de transporte. Una marca en su pecho y en su espalda no lo deja olvidar ese día. Betancourt fue bajado del tren en la estación La Bandera apuntado con una pistola, le pidieron el celular y como no tenía uno lo suficientemente costoso recibió un tiro en el pecho que le rozó el pulmón y traspasó su cuerpo.

La experiencia de Betancourt podría ilustrar algunos de los principales resultados que arrojó la Encuesta sobre Condiciones de Vida de Venezuela 2014,que realizaron la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Simón Bolívar y la Universidad Católica Andrés Bello, en 1.500 hogares en el ámbito nacional. Manuel Betancourt y los encuestados concluyen en que no confían en el sistema de justicia, cambiaron sus hábitos de socialización para protegerse y pensaron en irse de su comunidad, o del país, porque se sienten amenazados. Seis meses después del incidente en que que Betancourt supo lo que significaba “un tiro a quemarropa”, decidió emigrar a Colombia porque no encontró otra manera de protegerse.

El estudio sobre seguridad personal que elaboró Roberto Briceño León, director del Observatorio Venezolano de Violencia, evidencia que 62% de los encuestados siente temor y ha estudiado la posibilidad de mudarse de sus comunidades. El investigador apunta que aunque Venezuela no es un país en guerra el concepto de “desplazados” se está evidenciando en familias que se van al interior del país porque son víctimas de la violencia, o aquellos que, dependiendo de su capacidad adquisitiva, deciden emigrar desesperadamente como lo hizo Betancourt.

“Estoy en Colombia donde hay personas víctimas de desplazamiento por guerra. Yo decía que ustedes tienen una razón cierta para irse porque están en una situación de guerra, pero en Venezuela no hay un grupo terrorista atemorizando sino ciudadanos comunes”, expresa Betancourt.

Roberto Briceño León puntualizó 75.000 personas quedaron heridas en 2014 y que han perdido la calidad de vida luego de que se convirtieron en víctimas. Ahora viven con miedo y con una huella de ese miedo en el cuerpo, por lo que debieron cambiar sus hábitos.

La encuesta refleja que 78% de las personas tiene temor a viajar en transporte público, 55% no se siente segura en su vivienda y 64% ven la calle como un posible lugar para ser asaltados en el día. Mientras que 62% limita su diversión porque vive con miedo, 60% estudia en lugar donde va a comprar y 43% evalúa los sitios de trabajo o estudio.

La familia Cuellar tiene miembros de su núcleo que los han asaltado entrando a su casa, han hurtado sus pertenecías dentro de sus viviendas y los han robado a mano armada en plena luz del día. Ahora evitan las salidas nocturnas, tratan de mantenerse en zonas conocidas de Caracas para evitar ser sorprendidos en lugares donde no se saben desenvolver. Las víctimas del hampa nunca denunciaron las veces que fueron atacadas.

La investigación arrojó que 47% de los encuestados considera que los vecinos son una protección para la delincuencia y 46% cree que la policía no los protege. La falta de confianza en el Estado sería un motivo para que 13% de los encuestados considere armarse.

Francisco Figueras estuvo siete años armado con una glock calibre 9 mm. Reconoce que es más riesgoso tener un arma que debe accionar si la llegaba a desenfundar, tal y como ocurrió una vez en la que se atrevió a disparar al aire para huir de un robo. Hace dos años dejó de usarla porque se le venció el porte y desde 2011 hay restricciones para la emisión. Aun así considera comprar otra pistola para cuando le toque hacer viajes largos con su familia. Le teme a la carretera, pese a que su vehículo está blindado.

“Desde hace años la gente se está armando, pese a las prohibiciones porque muchas personas siguen considerando que deben proveerse una seguridad personal y asumen que tienen el derecho. Pero las implicaciones son preocupantes porque cada vez hay más violencia y más muertes”, expresa el sociólogo.

Para el director del Observatorio Venezolano de Violencia la salud mental de Venezuela tiene un diagnóstico: en Venezuela se vive atemorizado. “El venezolano tiene una situación de impunidad que no es posible darle respuestas”, puntualiza Briceño León.

El estudio concluye: “En Venezuela, unos pierden la vida; otros, los sobrevivientes, han perdido la calidad de la vida y la libertad”.



iherrera@el-nacional.com