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Indimar Rivero: “Me pongo en los zapatos de los médicos”

El señor Pedro Gónzalez murió mientas dirigía un retiro de padres y jóvenes en una iglesia de Cartanal. Ocho días antes, había sido de alta del Hospital Clínico, porque necesitaba válvulas vasculars que no había 

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Pedro González, 39 años de edad, ingresó al HUC en octubre de 2014 y murió el 6 diciembre. Necesitaba válvulas vasculares.

Un informe médico de la sección de pacientes congénitos del HUC del 22 de septiembre de 2014 reportó –en letras mayúsculas– que Pedro González, de 39 años de edad, tenía un aneurisma de 9,6 centímetros. El documento destacaba que el paciente era conocido en la institución desde los 8 años de edad pues presentaba un diagnóstico de coartación aórtica.

González había acudido a consulta el 4 de agosto de 2014 y refería cansancio físico, incluso en estado de reposo.Un angio TAC reveló que tenía una “disección de aorta ascendente con criterios de resolución quirúrgica de emergencia”, más una calcificación de la válvula aórtica.

La nota de revisión indicaba que era un paciente de alto riesgo al que se le explicó su situación y la del hospital “con respecto a cirugías cardiovasculares”. Indimar Rivero, quien fue su esposa durante 13 años, no recuerda con detalles qué necesitaba Pedro para ser operado. “Creo que le hacían falta dos válvulas”.

El 28 de noviembre llamó a Indimar para avisarle que debía regresar a casa.Desde su residencia, en Santa Lucía estado Miranda, –acompañada del hijo de 8 años de edad que tuvo con Pedro– la mujer recuerda que los médicos prometieron avisarle apenas llegara el material requerido para la operación.

“Sentí mucha tristeza porque vi lejos su operación. Me pongo en los zapatos de los médicos y también me pregunto qué iban a hacer si no tenían materiales para operarlo. Todos los pacientes fueron dados de alta. Nadie podía quedarse allí”.

Pedro González murió ocho días después, mientras dirigía un retiro de padres y jóvenes en la iglesia Nuestra Señora de La Asunción, en Cartanal. “Estaba frente al altar y les pedía a los padres que si tenían algo que decirles a sus hijos lo hicieran en ese momento. Luego pidió lo mismo a los jóvenes. Les dijo que les quedaban dos minutos. Los muchachos, que tenían los ojos cerrados, dicen que de repente escucharon el golpe. Murió allí”.