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Indígenas y pastores oraron por la salud de Chávez

Anoche, en El Calvario, chamanes realizaron un ritual de sanación por el presidente Hugo Chávez | Foto: AFP

Anoche, en El Calvario, chamanes realizaron un ritual de sanación por el presidente Hugo Chávez | Foto: AFP

Seguidores asistieron a la convocatoria y clamaron por la sanación del Presidente

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Con flores, frutas y velas en mano, decenas de seguidores del presidente Hugo Chávez se reunieron en las escaleras de El Calvario, en el centro de Caracas, para orar por su salud. Llegaron puntuales y cumplieron con la convocatoria, prevista para las 4:30 pm.
Los sabios indígenas se hicieron presentes 45 minutos después y comenzaron un rito de iniciación, que se escuchó como un aullido agudo. Después, las flautas empezaron a sonar y comenzó la danza sobre la tarima, colocada justo enfrente de las escalinatas. 20 hombres y mujeres formaron un círculo y agitaban las maracas y los collares, al tiempo que miraban hacia el cielo, en franca actitud de clamor.
Entre los espectadores, Miriam Palacios, de San Agustín, observaba el baile junto a 4 de sus 10 hijos. “Oraré para que se mejore”, dijo.
Marlene Vanegas, de 75 años de edad, a quien saludaron como “la Caperucita”, en alusión a su vestimenta carmesí, aseguró estar dispuesta a intercambiar su vida por la del primer mandatario: “Que Dios me lleve a mí, ya he vivido suficiente. En cambio, él todavía no ha terminado su misión”.
A Luisa Morao se le salían las lágrimas. “Después de Dios y Simón Bolívar sigue Chávez. Es el único Presidente que tenemos los pobres y la maldad no puede entrar en él”, subrayó.
Además de la danza de los indígenas provenientes de ocho estados del país, así como de los oriundos de Panamá, Bolivia, Perú y Guatemala, que clausuraron el Encuentro por una Alternativa y Justicia de Paz en honor al primer mandatario nacional, hubo plegarias como la ofrecida por el pastor evangélico Juan Madrid, quien clamó a Cristo para que bendijera al jefe del Estado de manera sobrenatural. “¡Que tu brazo protector lo sane, padre querido, y te conviertas en su mesa de noche, en su edredón, en su enfermero, en su médico!”, rogó. Un coro intermitente respondió: “Amén, amén, amén”.