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Santos Michelena llevará su estética a las nubes

Santos Michelena | José Grillo / Archivo El Nacional

Santos Michelena | José Grillo / Archivo El Nacional

Diseñó las fuentes de las principales plazas de Caracas y construyó el primer laboratorio hidráulico a control remoto de América Latina

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La pluma de Santos Eduardo Michelena sólo se aquietó con su muerte. De ella emanaba un retrato casi con la misma frecuencia que de sus labios surgía una palabra franca. Observador atento. Iba por los pasillos del Colegio de Ingenieros repartiendo tanto dibujos como conocimientos.

Dos sillas de plástico faltaban el martes en la entrada de la institución: una era la que solía ocupar el ingeniero creador de las fuentes de Plaza Venezuela, plaza Francia y la plaza Diego Ibarra, entre muchas otras; y la otra era para el acompañante que nunca le faltaba. El vacío se debía a que Michelena falleció el lunes por un problema respiratorio. Tenía 89 años de edad, 67 de ellos los dedicó al estudio de la hidráulica.

“Ahí voy”, respondía Michelena cuando le preguntaban cómo estaba. “Que le sea de provecho”, le decía al personal del colegio cuando caminaban junto a él con un jugo o un café. “Yo la vi pasar y no me saludó”, reclamaba a Nelly Uzcátegui, jefe de almacén, cuando ella evitaba acercarse a su mesa rodeada de gente en el cafetín de la institución.

“Todo el colegio era suyo”, aseguró Félix Ojeda, miembro de la Junta Directiva del gremio. Todos los días un taxi buscaba a Michelena en su casa y lo dejaba en la avenida principal de Quebrada Honda a las 6:00 am. Estudiantes y profesionales, sin distingo, iban para allá a escuchar lo que el miembro honorario de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat tuviese para decir. En eso nunca fue mezquino. “Era una persona muy afable, siempre dispuesto a transmitir una enseñanza, a hablar francamente y ayudar a los más jóvenes”, dijo Ojeda.


Pionero. De 1946 a 1967 ocupó varios cargos en el Instituto Nacional de Obras Sanitarias. En ese período construyó y dirigió el Laboratorio Hidráulico Ernesto León Delgado. “Una de las suertes grandes que he tenido, me surge justamente de la idea de destinar espacio dentro del laboratorio para experimentar en el campo de la estética del agua”, dijo Michelena cuando lo reconoció la Academia de la Ingeniería. Ese fue el primer laboratorio hidráulico a control remoto de América Latina.

“Dentro de las muchas características de mi papá el tema de la honestidad siempre estuvo presente. Siempre fue muy transparente y exigente en el resguardo de los aspectos técnicos de los proyectos”, subraya el quinto de sus hijos –tuvo seis–, también llamado Santos Michelena.

Michelena desarrolló el estudio Movimiento de Sedimentos en Canales de Alta Velocidad, en el que planteó la creación de canales de drenaje que se autolimpiaban mediante la hidráulica. Desde entonces alertó insistentemente sobre la necesidad de construir un verdadero sistema de cloacas en Caracas y de sanear el río Guaire.


Múltiples aficiones. Capaz de recordar un partido de fútbol con detalle, Michelena era un apasionado del deporte. También lo era de la ópera y del arte. Su memoria le permitía ir por la calle e identificar a los autores de las obras y el período de su construcción. 

Era un radioaficionado. Su hijo recuerda que en los años sesenta y setenta, el ingeniero tomaba su radio en la madrugada y se comunicaba con gente de todo el mundo: “En ese entonces no podíamos ni soñar con las conexiones de ahora”. La obra de Leonardo Da Vinci fue otra de sus pasiones.

En España, aún se mantienen las fuentes dejadas por los moros. Resta esperar que en Venezuela se disfrute por largo tiempo el legado de Michelena.