• Caracas (Venezuela)

Sociedad

Al instante

Historia de la bibliotecaria de Auschwitz se convierte en una novela

La bibliotecaria de Auschwitz / Editorial Planeta

La bibliotecaria de Auschwitz / Editorial Planeta

Dita Kuraus, una auténtica heroína de la cultura, encargada de la biblioteca clandestina del campo nazi, protagoniza la historia del periodista español Antonio G. Iturbe

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:


Fue responsable de un pequeño oasis de cordura en mitad del horror de un campo de exterminio nazi, una biblioteca mínima que, si bien no ayudaba a sobrevivir, sí aportaba un resquicio de esperanza.

Su nombre es Dita Kraus y tiene 82 años. Su historia ha sido recogida por el novelista Antonio G. Iturbe en la novela “La bibliotecaria de Auschwitz”, que parte de hechos reales para crear una historia de ficción en la que ella es una auténtica heroína de la cultura, encargada de la biblioteca clandestina del campo nazi.

Cuestión de convicción

Pero la Dita Kraus real asegura, en una entrevista en Praga, que no se considera como tal. “Ni fui especialmente fuerte, solo que siempre tuve la convicción de que no iba a morir, que no acabaría en la cámara de gas”, declaró al recordar su dura infancia.

Kraus llegó a Auschwitz cuando tenía 13 años, procedente del gueto judío de Terezin, en la República Checa.

“En Auschwitz había una cosa única. Había un barracón de niños. Y como niña estuve en este barracón y era responsable de los pocos libros que había allí. Era algo único que no existía en otros campos de concentración”, relata.

En realidad, de esos doce o catorce libros, sólo se acuerda de uno: “Estoy totalmente segura que allí estaba A short history of the World, del novelista fantástico y filósofo británico H.G. Wells.

Kraus se encargaba de cuidar de esos libros, “algunos sin tapas”, y prestarlos a los demás niños, aunque afirma que los libros no ayudaban a sobrevivir. “No jugaban ese papel”.

“Antonio (G. Iturbe) en esto exageró un poco”, ya que la tesis de la novela es que la literatura sirve de antídoto al sufrimiento y contribuye a liberar a las civilizaciones de sus fantasmas.

La cultura como forma de escape

Los libros en Auschwitz, recuerda esta mujer octogenaria, les llegaban de manos de un presidiario polaco, que seleccionaba la literatura en checo para los niños del barracón 31, cuando los nuevos presos llegaban a la rampa de acceso y eran despojados de sus bienes.

Con todo, en mitad de la muerte y el miedo, el barracón infantil de Auschwitz llegó a convertirse en una especie de oasis, como recordó en varias de sus obras el escritor Ota B. Kraus, también internado en el campo de exterminio, donde conoció a Dita Kraus, con la que luego se casó.

El paso por Auschwitz marcó para siempre a Dita. “Perdí a toda mi familia allí: mis padres y abuelos, y todos mis tíos y tías”, lamenta.

“Pienso que si uno cuenta que personas fueron enviadas a la cámara de gas, nadie se lo puede imaginar”, narra con la voz entrecortada, como si tuviera un nudo en la garganta.

Aún hoy sufre a menudo pesadillas por lo que sucedió a uno de sus parientes: “Mi suegro pasó por eso, no supero la selección del doctor (Josef) Mengele. Y por él pienso en estas cosas. Y no es una muerte rápida”.

“A veces me viene ese sentimiento, y me identifico con el sufrimiento que debían tener en la cámara de gas, que parecía como una ducha. Y en vez de agua, llegaba gas y empezaban a ahogarse, a gritar y a angustiarse unos por otros”, recuerda la checa.

Y sufre hoy al ver como “esas madres sujetaban a sus hijos para que no les llegara el veneno. Esto lo experimento y creo que es una de las peores ideas que puede existir”, añade.