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El Hatillo persiste en sus echadores de cuentos

José Luis Muñoz perifonea las actividades que se pueden hacer en El Hatillo | Foto Manuel Sardá

José Luis Muñoz perifonea las actividades que se pueden hacer en El Hatillo | Foto Manuel Sardá

Antonio Guerra, con su memoria elástica, y José Luis Muñoz, el hombre del megáfono, son los cronistas del pueblo 

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Antonio Guerra se especializa en echar cuentos, como él dice. Lo que sabe no se lo debe a la investigación en libros y documentos, sino a lo que ha escuchado desde pequeño y lo que ha presenciado. Es un vecino más del pueblo de El Hatillo que hoy cumple 230 años, pero se diferencia de los demás porque le gusta hablar más que otros y, asegura, tiene mejor memoria. 

“El Hatillo no tiene historia escrita”, se lamenta Guerra, de 75 años de edad, y a quien nunca le contaron en la escuela sobre personajes importantes como Baltasar de León, fundador del pueblo, o Manuel Escalona, importante hacendado de la localidad vinculado a los hechos del 19 de Abril de 1810.

Guerra no solo se refiere a esa historia clásica de pioneros, sino también a esas anécdotas, especialmente a las de tintes divinos o sobrenaturales, como aquella que dice que Santa Rosalía de Palermo, la patrona del lugar, se molestó cuando cambiaron la fecha de la celebración en su honor, tradicionalmente el 4 de septiembre, porque cayó un día de semana.

 “Había una cantidad de cohetes que se lanzaban. No se explican por qué se incendiaron. Hubo muertos, gente lisiada, perdieron partes, se quemaron. Quedó como que a la santa –cosa que yo nunca he creído– no le había gustado que le cambiaran la fecha”, detalla.


Cumbres borrascosas y sin vecinos. Guerra habla con esmero y entusiasmo, pero también está preocupado. “El pueblo va a desaparecer. Nos vamos a convertir prácticamente en un centro comercial al aire libre”.

Se refiere a que muchas personas han vendido sus casas y quienes compran abren un comercio. “Los pueblos no lo hacen las casas viejas, los pueblos lo hacen los vecinos”.

Le alarma también que en las urbanizaciones de alrededor se ha perdido la costumbre de compartir entre familias. Atrás quedó la época en la que la plaza Bolívar era el centro social: “Al no haber vecinos se pierden las tradiciones”.

La misma inquietud la tiene José Luis Muñoz, un locutor de 55 años de edad que también hace perifoneo. Dice que hasta aproximadamente 1986 El Hatillo era un lugar tranquilo. Pero con el transcurso de los años todo cambió, especialmente cuando en 1993 se obtuvo la autonomía como municipio que intensificó el crecimiento de comercios. No se opone a los cambios, solo pide que el progreso no afecte al residente.  

Resalta otro hecho como detonante: la zona se convirtió en locación de telenovelas con la grabación de Cumbres borrascosas. “Eso catapultó a El Hatillo. Comenzaron a venir Radio Caracas y las agencias de publicidad”.

Muñoz, que es invidente, es conocido por los lugareños por andar con su megáfono por ahí. Informa sobre toda actividad cultural, sanitaria, deportiva o cualquier otro evento que haya, además de recibir las denuncias de la gente. Lo hace caminando, en moto, carro y hasta en patrulla.