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Fundación La Tortuga, la articulación entre ecología y educación

“Somos parte de la naturaleza, no sus dueños” y “No es basura, son materiales” son los lemas bajo los cuales se rige la organización para ayudar a que exista mayor conciencia ambiental en las poblaciones del oriente del país

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Héroes anónimos dedican sus vidas al salvaguardo de la naturaleza en Venezuela. Entre campañas de concientización y educación ambiental, y expediciones científicas dentro de los parques nacionales para estudiar la flora y la fauna, fluctúan las actividades que se realizan desde la fundación La Tortuga, en el estado Anzoátegui.

Educar y concientizar

Gaizkale Garay, coordinadora de educación de la ONG, asegura que una de las necesidades primordiales es la toma de conciencia, por parte de la sociedad civil venezolana, acerca del estado en el cual se encuentran las playas. Por esta razón, la fundación La Tortuga realiza charlas en colegios, liceos y universidades para exponer el alto impacto del hombre en el hábitat marino, enseñar a minimizar el daño ambiental y transmitir el respeto hacia la naturaleza a los más pequeños a través de dinámicas que integran la recreación y el aprendizaje.

En la sede de la fundación, ubicada en Lechería, se realizan actividades de reciclaje, talleres de reutilización y separación de la basura. “Tenemos contenedores en los colegios para que los niños lleven la basura de su casa, la separen y luego la traemos para clasificarla”, señaló Garay. Este es uno de los medios de financiamiento que utiliza la fundación para seguir trabajando, ya que no reciben apoyo gubernamental. “Somos una ONG, y como una organización de esta índole no recibimos dinero del gobierno. Nos apoya la empresa privada y las actividades que realizamos nosotros mismos”, dijo Chelo Nogueira, vicepresidenta y fundadora de esta institución.

El edificio donde se encuentra instalada la nueva sede de la fundación es ahora un templo de la reutilización de desechos. Mesas, lámparas, muebles y demás piezas utilizadas en el espacio fueron creadas a partir de troncos, antenas y botellas de vidrio. Existe, además, una amplia biblioteca abierta al uso público que se nutre del intercambio, ya que los usuarios, además de consultarlos, pueden hacer donativos e intercambios. La casa funge como un salón de usos múltiples donde, inclusive, se imparten clases de la Universidad de Oriente; así como talleres y clases de yoga abiertas al público.

Trabajo de campo: cuidar la flora y la fauna marina

Fundación La Tortuga nutre su trabajo a través de un equipo multidisciplinario de profesionales con conocimiento especializado y vocación para resguardar el hábitat de las tortugas marinas. Asimismo, promueven la participación de nuevos integrantes voluntarios, a quienes forman para que acudan a las distintas playas de anidación y apoyen en los procesos de investigación.

Las salidas de campo suelen realizarse cada mes. El equipo recorre en una embarcación las playas del parque nacional Mochima para recabar información sobre el entorno de las tortugas marinas, sus huevos y tortuguillos. “Solemos recorrer alrededor de dieciocho playas en un día”, aseguró Pedro Vernet, biólogo especialista en tortugas marinas, al referirse al arduo trabajo de estudiar remotos parajes en pro de la preservación y la supervivencia de las cuatro especies de tortugas marinas que habitan en Venezuela.

Biólogos y veterinarios son los encargados de recabar información sobre las costumbres de estos reptiles. Con la colaboración de voluntarios, suelen realizar otras actividades de campo como jornadas de limpieza de playas para disminuir el impacto negativo del ser humano en el ecosistema y crear un ambiente favorable para la preservación de las tortugas marinas y otras especies que hacen vida en las costas de Venezuela, específicamente en Anzoátegui, cuya extensión representa el rango de acción de la fundación La Tortuga.

Tortugas marinas amenazadas en Venezuela

En las costas de casi todo el país existen poblaciones mermadas de cuatro especies de tortugas marinas. Estos reptiles de enormes proporciones utilizan las playas venezolanas en temporadas de desove; sin embargo, por la proliferación del turismo sin responsabilidad ambiental, los altos niveles de contaminación lumínica y del agua, la cacería ilegal y comercio de la carne y los huevos, hacen que las tasas de población de tortugas marinas desciendan a niveles críticos, colocando a estas criaturas en la lista de animales en peligro de extinción.

“La extinción es para siempre”, señaló Pedro Vernet al referirse a la dura situación que atraviesan las tortugas en la actualidad. De las cuatro especies, la más grande es la tortuga cardón o laúd, como también se le conoce, que llega a tener un caparazón de 1.75 metros de largo. La tortuga boba (caretta caretta o Caguama) y la tortuga verde son de tamaños similares, con caparazones de hasta 1.50 metros. La más pequeña y más común es la tortuga carey. Aunque, todas se ven afectadas por las duras condiciones que impone el impacto humano en su entorno. La arena ha desaparecido para dar lugar a una alfombra de plástico, incluso se puede llegar a ver neveras y otros enseres; todos estos desechos son arrojados al mar y yacen en la orilla de las playas, por lo cual se necesitan por lo menos 100 años para que se desintegren, pero la flora y la fauna que allí habitan no tienen tanto tiempo.  En razón de esto, es necesaria la toma de conciencia y el compromiso responsable de la sociedad y el Estado, pues urgen para la conservación del patrimonio natural venezolano.