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Fiesta y muerte se mezclan en el teatro colombiano para contar el conflicto armado

Un actor actúa en la exposición 'Agúzate, que te estan velando', durante el Festival de Teatro Iberoamericano de Bogotá | AFP

Un actor actúa en la exposición 'Agúzate, que te estan velando', durante el Festival de Teatro Iberoamericano de Bogotá | AFP

A través de la tragicomedia, Colombia muestra con una perspectiva diferente la historia reciente del país, sumido en un conflicto armado de medio siglo. Así, en unas obras la música festiva destaca la resiliencia de las víctimas; y en otras, símbolos y silencios aluden a la guerra, incluso sin mencionarla

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La fiesta y la muerte se mezclan en el XIV Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá para presentar el sensible tema del conflicto armado colombiano y dar voz a sus víctimas.

A través de la tragicomedia, Colombia muestra con una perspectiva diferente la historia reciente del país, sumido en un conflicto armado de medio siglo. Así, en unas obras la música festiva destaca la resiliencia de las víctimas; y en otras, símbolos y silencios aluden a la guerra, incluso sin mencionarla.

Una de las cinco obras de sala sobre el conflicto que forman parte del festival -que finaliza el domingo- es 'Los incontados: un tríptico', que muestra en tres partes el nacimiento de las guerrillas, el narcotráfico y las masacres paramilitares, a ritmo de rap y música de banda.

La primera parte del tríptico, una recreación de la fiesta 'Los santos inocentes', donde personas disfrazadas se persiguen con látigos en Guapi, Cauca (oeste), sirve para contar "cómo el paramilitarismo se había infiltrado en las fiestas para atacar o sorprender a sus víctimas", relató a la AFP Rolf Abderhalen, uno de los directores del montaje.

En otro escenario, la misma obra muestra una celebración en la selva amenizada por el músico Danilo Jiménez, quien canta "Amapola, lindísima amapola", como hacía para el célebre narcotraficante Pablo Escobar, abatido en 1993.

La tercera parte transcurre en una casa de clase media donde un mago y ventrílocuo cuenta a una niña cómo nació la revolución, acompañado por una voz radial que habla de Camilo Torres, el 'cura guerrillero' del Ejército de Liberación Nacional (ELN), muerto en combate en 1966.

El ELN, con cerca 2.500 miembros, es la segunda guerrilla más importante de Colombia después de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), con unos 7.000 combatientes y que adelantan desde noviembre de 2012 diálogos de paz con el gobierno.

Mientras los tres relatos transcurren, siempre desde el humor negro, en la obra 'Los incontados' una planta de coca recorre el escenario huyendo de un fumigador.

Reelaborar el conflicto 

Para Abderhalen, como el conflicto "atraviesa la vida cotidiana, el arte es un lugar para no preocuparse por su dimensión informativa, sino por su reelaboración".

En otra exposición, denominada 'Agúzate que te están velando', portarretratos sin fotos, máscaras blancas que cuelgan sobre espejos o figuras de papel cortadas por la cabeza, los brazos o las piernas y pegadas con cinta adhesiva roja sirven para representar escenas macabras.

Con sillas vacías salvo por los papeles que dicen "N.N." (no identificado), este montaje al aire libre "fusiona la instalación plástica, la performancia y el teatro" para "hacer memoria frente a la violencia", dijo a la AFP su director, Misael Torres.

Juan Carlos Moyano, creador de la obra 'Las víctimas de la guerra', del Festival de Teatro Alternativo - paralelo al Iberoamericano-, estimó a su vez que "el teatro puede hablar de cosas que de otra manera tal vez no se podrían decir".

La cara de las víctimas 

Además de estar dirigidas a un público ligeramente alejado del conflicto, que transcurre en su mayoría en áreas rurales de Colombia, las obras también tienen en cuenta a las víctimas.

Así, el concierto 'Resiliencia en la tierra', organizado por la Orquesta Filarmónica de Bogotá en el marco del festival, "es un bálsamo por medio de la música para las víctimas", según Karoll Márquez, actor y cantante.

Instrumentos musicales clásicos como violines, contrabajos y flautas traversas se fusionan con marimbas (típicas del Pacífico), guacharacas, congas y tamboras para mezclar alegría y dolor.

"Es un viaje por las emociones de todo orden" asegura Francisco Zumaqué, compositor y director del concierto. El objetivo, según él, es "poner de relieve la capacidad de sobreponerse al dolor y a la tragedia del pueblo colombiano".

Este enfoque, para el psicólogo Raúl Vidales es clave para ayudar a las víctimas del conflicto y no afectar más su salud mental. "Las escenificaciones de situaciones violentas ? una masacre o tortura- son muy fuertes", pero "todo depende del tratamiento" que se les dé, afirmó. El arte ofrece una posibilidad para que "se exprese lo que se ha vivido", aseguró Vidales.