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Felicidad a la criolla

Según el estudio World Happiness Report 2012, Venezuela es la segunda nación más feliz de Latinoamérica y ocupa el puesto 19 en el mundo. ¿Qué hace felices a los venezolanos?

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“A los venezolanos nos hace feliz la familia, ¿verdad?”. Esto se preguntaba en voz alta el diseñador de estas páginas cuando seleccionaba las imágenes que los lectores de Todo en Domingo enviaron cuando se les pidió que mostraran sus momentos felices.  “Los venezolanos somos alegres por naturaleza.

Aquí estoy con mi abuela ‘Mamá Tomasa’ de 115 años de edad...¡y respira y exhibe felicidad!”, era el comentario con el que el lector Alberto Medina, desde Zulia, acompañó la imagen que envió por correo electrónico. De las más de 500 fotografías recibidas, fueron muchos los retratos en grupo y casi todos iban acompañados de mensajes que manifiestan el orgullo por los seres queridos o la alegría de compartir con la pareja y los amigos.

No pretendía ser un estudio, sino una forma de interactuar con los lectores, pero resultó ser un pequeño reflejo de los hallazgos de los expertos.  Las psicólogas María Elena Garassini y Pura Zavarce, en el capítulo El bienestar de los venezolanos, del libro La felicidad duradera, afirman que en el ámbito de las relaciones y vínculos, resalta la importancia de contar con una pareja funcional y de redes de apoyo, representadas por la familia y amigos, para la construcción de una percepción positiva de felicidad y bienestar de las personas en su vida. “Estas dimensiones son altamente valoradas en la cultura o la idiosincrasia del venezolano”, aseguran las especialistas. 

El libro, que parte de la teoría del bienestar propuesta por la psicología positiva, presenta una serie de trabajos realizados en el país en los que se evidencia que los venezolanos registran, en muchos ámbitos y en una apreciación global, altos niveles de felicidad. Y no sólo en las investigaciones con sello nacional encuentran estos resultados. Venezuela tiene años en los primeros puestos de los rankings de felicidad que han realizado diversas instituciones, el más reciente el World Happiness Report 2012 de la Universidad de Columbia, en el que aparece como el país más feliz de Suramérica. 

Pero por muy respetables que sean las investigaciones, y más allá de repasar los titulares en los medios de comunicación, en la calle pareciera que la percepción es otra. Basta con prestar atención en la cola para pagar en el supermercado, en el banco o en la tertulia de cualquier sobremesa, para escuchar conversaciones en las que el tema principal es la difícil situación en la que se vive. Y entonces, ¿cómo los venezolanos somos tan felices?

Fórmula criolla
“La felicidad no es un lugar al que hay que llegar. Es vivir el presente, aunque sea adverso”, dice el psicólogo Víctor Calzadilla. El especialista explica que la felicidad es cuando uno puede suspender los juicios, deja de lado esa evaluación y comparación constante y la persona se entrega a la experiencia, tal cual es.  Calzadilla coincide con varios expertos al decir que para los venezolanos, esa forma de estar conectados con el presente, y por lo tanto tener mayor bienestar, está muy determinada por las relaciones interpersonales.

“En otras partes del mundo, si bien hay contacto interpersonal, este es más bien formal, de trabajo, pero cada quien vive su vida más separadamente. Aquí en Venezuela tenemos la particularidad de la calidez, que todos los extranjeros notan y que es algo que compartimos con los latinos en general”, señala sobre esa cercanía criolla tan característica.  Y esto de que lo notan los extranjeros, es cierto. Basta con leer parte de un artículo del escritor español Juan Manuel de Prada, quien estuvo en el país.

“En los venezolanos he descubierto una efusión cordial, una hospitalidad ferviente y sincera que me ha deslumbrado. Los europeos hemos desarrollado un trato social demasiado regido por el protocolo y el artificio, demasiado amedrentado y tiquismiquis. Uno llega a Venezuela y, de repente, todas esas reservas que, presuntuosamente, consideramos un avance de la urbanidad se desmoronan: existe tal desprendimiento, tal entrega sin ambages, tal afluencia de afectos en estas gentes por las que circula nuestra misma sangre que uno siente como si se hubiera desembarazado de una hojarasca de impedimentos que avejentan su espíritu, para entregarse a sentimientos que creía hibernados a perpetuidad”, escribía el autor en las páginas del diario ABC.

Palabras que halagan, pero en el fondo no sorprenden. “Aunque hay trabajo, presiones y problemas, tenemos una gran capacidad de conectarnos con los demás. Lo que los orientales han logrado a través de las actividades contemplativas, que te permiten enfocarte en el presente, nosotros los venezolanos lo conseguimos compartiendo un postre con los amigos”, ilustra Calzadilla. Aunque más que un ejemplo pedagógico, es una realidad palpable: al venezolano le encanta compartir y agradecer con la comida. Desde el caramelito para endulzar a la secretaria, pasando por el trozo de torta que compartió la vecina, o el chocolate que se le lleva a aquél que hoy luce apagado. 

Sin sombra no hay luz
“Anexo encontrará la que considero puede ser mi mejor foto sonriendo...”, se leía en uno de los tantos correos que recibió Todo en Domingo. “Fue tomada en diciembre del 2011, meses en los que viví un momento decisivo en mi vida por haber sido diagnosticada con cáncer de ovario. Esta experiencia me hizo reorganizar mi vida, y ahora puedo decir que soy una persona feliz gracias a esta experiencia”, escribía Marbelys Gómez en respuesta a la petición de la revista. Como subraya Calzadilla, la felicidad no es nada más sonreír.

“No es sólo sentirse bien, estar contento y tener emociones positivas. Es también saber que se tiene la fuerza y el poder para superar y tolerar los malos momentos, y lograr integrar esas experiencias de forma que se le encuentre un sentido”. Los distintos estudios hechos hasta ahora en Venezuela sobre bienestar y felicidad, como señalan Garassini y Zavarce, hacen énfasis en la creatividad, el humor y la importancia de las relaciones interpersonales, que son características que ayudan a los venezolanos a lidiar con las adversidades, mientras que para otros autores, algunas características son más bien conductas evasivas y de tolerancia pasiva ante los problemas. 

“Ojalá aprendamos de lo bueno que tenemos. Tenemos el desafío de seguir mejorando como personas y aceptarnos”, apunta Calzadilla. Para Garassini y Zavarce, diseñar programas de formación y promoción de vías para cultivar emociones positivas como gratitud, orgullo, contemplación, amor entre otras -cuyo cultivo aumenta el bienestar y está asociado a la longevidad- puede representar objetivos viables para diferentes sectores de la sociedad venezolana.

Además, recomiendan no abandonar la receta ya conocida: seguir cultivando las relaciones familiares, laborales y todas las redes de apoyo. En resumen y en criollo: seguir siendo panas.