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Familiares de pacientes duermen a las puertas del Clínico

Las familias duermen en colchonetas a la intemperie a la espera de la recuperación de sus parientes | Foto Omar Véliz

Las familias duermen en colchonetas a la intemperie a la espera de la recuperación de sus parientes | Foto Omar Véliz

Algunos llegan del interior del país, otros viven en la capital pero han recorrido varios centros en busca de atención

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Por una semana, Heidi y Dilia durmieron en la entrada del Hospital Universitario de Caracas. Venían de Santa Teresa del Tuy con su madre, una paciente renal, con un fuerte dolor en el pecho. El lunes 22 de septiembre, recogieron el campamento que había desplegado a las puertas de la emergencia para esperar noticias de su madre: cuatro fundas de almohadas llenas con sábanas y colchas, dos maletas, dos termos de agua, un paquete de pañales y una cava. “Ella estaba demasiado cansada. Ahora nos queda llevárnosla para enterrarla”, comentó.

Carmen Ríos era su vecina de acera. Compartieron siete días de angustia por la salud de sus familiares, como muchas familias que deben esperar a las afueras del centro de salud y sortear los retrasos en la atención por la falta de insumos. El padre de Ríos sufrió un ACV en El Socorro, estado Guárico. “En las mañanas nos dicen que lo operarán y por la tarde nos explican que no hay cupo en el quirófano. Esto es como un bochinche, un engaño. Dicen que él está en cola, pero yo no sé qué pasa”.

Ríos llegó al HUC luego de recorrer cinco centros de salud. Para José Manuel Olivares, miembro de Médicos por la Salud y residente del HUC, la pernocta de familiares con pacientes en la Emergencia, áreas de tránsito rápido, evidencia el colapso del sistema de salud.

 “Lo ideal sería que los pacientes fueran atendidos con celeridad para que no tengan que vivir el ruleteo que los obliga a visitar varios centros de salud”, dijo Olivares, quien concluye que en líneas generales el paciente de emergencia se demora en salir debido a insumos fluctuantes o fallas en los equipos y en el laboratorio.

“El jueves 18 y viernes 19 de septiembre se canceló el plan quirúrgico por falta de compresas. Una semana después también se canceló pero por falta de sangre, pues se gasta en la atención de heridos por arma de fuego”, señaló Olivares. Explicó que al colapsar los turnos quirúrgicos se acumulan más pacientes y, por ende, se prolonga la espera de sus familiares.

La pernocta en jardineras y escaleras de la entrada del hospital se ha vuelto común. Cerca de las 5:00 am los vigilantes de guardia cumplen la rutina de levantar el campamento de familias y pedirles que recojan sus pertenencias. Un vigilante explicó que adentro no hay espacio para los acompañantes. Las sillas de lo que sería la sala de espera también la ocupan pacientes con vías conectadas para tratamientos.

Inseguridad nocturna. A la ansiedad por la evolución de la salud de los familiares se suma el temor por pasar la noche a la intemperie, en las puertas de un hospital donde hace tres meses ocurrió un tiroteo en el quirófano. “Esto es horrible. Uno duerme con un ojo abierto pendiente de que no venga un malandro a darle un tiro a uno”, contó Carmen Ríos.

Franchezka Rojas, de 19 años de edad, asumió la responsabilidad de turnarse con una tía para cuidar de la abuela. Vive en el bloque 4 del 23 de Enero, pero asegura que prefiere pasar la noche allí, en caso de que su abuela, que tiene una trombosis en la pierna, llegara a necesitarla o deba comprar alguna medicina. Cumplió 15 días en la faena: “Esto es deprimente, las ambulancias llegan a cada rato en la noche y uno tiene miedo de que se dé una 'plomamentazón'. Duermo sobre una colchoneta y cuando necesito el baño tengo que pedirle el favor a los de seguridad”.