• Caracas (Venezuela)

Sociedad

Al instante

Falta de oportunidades y presiones sociales, causas del embarazo adolescente

En Venezuela siempre ha existido el embarazo adolescente, según el padre Alejandro Moreno / Alexandra Blanco

En Venezuela siempre ha existido el embarazo adolescente, según el padre Alejandro Moreno / Alexandra Blanco

El embarazo adolescente no responde, por lo general, a decisiones de la mujer, sino a la "ausencia de oportunidades y a las presiones sociales, culturales y económicas de los contextos en que viven las adolescentes", explicó Babatunde Osotimehin, director ejecutivo del FPNU

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La pobreza, la falta de educación, la desigualdad social, el poco acceso a los preservativos y las presiones sociales son algunas de las razones por las que cada año 7,3 millones de niñas menores de 18 años dan a luz en el mundo, según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FPNU).

El embarazo adolescente no responde, por lo general, a decisiones de la mujer, sino a la "ausencia de oportunidades y a las presiones sociales, culturales y económicas de los contextos en que viven las adolescentes", explicó Babatunde Osotimehin, director ejecutivo del FPNU, en un informe mundial publicado hoy.

Dichas presiones, de acuerdo con el estudio "Maternidad en la niñez: Afrontar el desafío de un embarazo adolescente", provienen de seis ámbitos como son el individual, la familia, la escuela, los amigos, la comunidad e incluso la nación.

El riesgo se incrementa si las niñas son pobres, no tienen educación, provienen de minorías étnicas, de grupos marginados o de áreas remotas y rurales.

En todo el mundo, es "más probable" que una adolescente quede embarazada en circunstancias de exclusión social, pobreza y desigualdad de género, al no poder gozar o ejercer plenamente sus derechos básicos, asegura el informe.

A estas situaciones se suman otras causas subyacentes como el matrimonio infantil, que hoy en día afecta a más de 67 millones de niñas en el mundo, especialmente en el sur de Asia.

En 2010, con el fin de cambiar la situación, 158 países fijaron en 18 años la edad legal mínima para que las jóvenes puedan contraer matrimonio sin consentimiento paterno ni aprobación de las autoridades competentes.

No obstante, en muchas de estas naciones se permite el enlace si se es menor de edad con una autorización firmada por los padres o responsables, por lo que el informe asegura que 9 de cada 10 adolescentes dan a luz estando casadas o conviviendo con un hombre.

En Latinoamérica, Colombia permite el matrimonio desde los 14 años, Honduras, desde los 17, Costa Rica, desde los 15, Ecuador, desde los 16, Bolivia, desde los 16 años para los hombres y desde los 14 años para las mujeres.

En Argentina y Chile no hay una edad mínima estipulada.

Por otra parte, la desigualdad de género es un factor que Marcela Suazo, directora del FPNU para América Latina y el Caribe, ve como un riesgo inminente ya que encasilla a la mujer y al hombre en roles determinados que, de una u otra manera, "fuerzan" a las niñas a tener hijos.

En contextos de violencia y guerra, la coacción sexual es otra causa agravante del embarazo adolescente.

Además, Suazo, que estuvo en Bogotá para presentar el informe, asegura que la falta de acceso a los métodos de planificación y a una educación sexual adecuada son otra de las razones por las que en América Latina no ha disminuido el índice de embarazos adolescentes.

Por esto, la directora invita a seguir modelos como el de Colombia, que ha desarrollado campañas de educación creadas por los jóvenes y que se complementan con centros de "salud amigable", fundamentados en la confianza y en las necesidades de los muchachos.

Aún así, el informe asegura que el mayor reto es mantener a las niñas en la escuela, pues por cada año que permanezcan en el sistema educativo se reduce entre un 5 % y un 10 % el riesgo de embarazo.

Por el contrario, una adolescente que se retira de la educación tiene un altísimo riesgo de concebir un hijo y de no regresar jamás a la escuela.

"Al final, lo que debemos buscar es proteger la plataforma de derechos", aseguró Suazo, quien recordó que la primera violación a sus derechos que sufre una pequeña al quedar embarazada es, precisamente, el derecho a ser niña.