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#RostrosDeLaCrisis: Falta de insulinas modernas compromete a diabéticos

La niña le explicó su condición a sus compañeros de estudio | Foto Henry Delgado

La niña le explicó su condición a sus compañeros de estudio | Foto Henry Delgado

Samantha y Diego son niños insulinodependientes. Sus mamás recorren farmacias para conseguir el tratamiento que les garantice la vida, pero cada vez se les hace más difícil

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Samantha, de 11 años de edad, fue diagnosticada con diabetes tipo 1 en 2013. Cuando le detectaron la enfermedad, el acceso a su tratamiento era mucho más sencillo que ahora, cuenta su madre, Zaida Zambrano. Samantha utiliza Levemir y Novorapid, ambas insulinas modernas, una de acción prolongada y la otra de acción rápida. “Últimamente ha estado muy difícil conseguir la insulina. Me toca caminar y recorrer farmacias hasta que la encuentre y si no hablo con otro pacientico que tenga más en ese momento y yo luego le devuelvo, así sobrevivimos, porque eso es un tratamiento para toda la vida”.

La familia Prado, integrada por el padre, la madre, una hermana de 17 años y Samantha, decidió sacrificar su alimentación para que la niña tuviera una nutrición acorde con su enfermedad. “Disminuimos las porciones de proteínas para que ella pueda alimentarse bien. Ahora compro jamón de pavo y queso mozzarella para Samantha y para nosotros mortadela y queso duro. O nosotros comemos muslo de pollo y le dejamos la pechuga o la milanesa”, dice la mujer, quien está desempleada para poder cuidar a su hija.

Samantha cursa quinto grado. En su salón es la única niña con diabetes. “Mis compañeros se preocupan por mí. Como yo les expliqué que hacer ejercicios me ayuda a controlar la glicemia, siempre me invitan a jugar. En mi casa también salgo a andar bicicleta antes de comer o pongo un baile en Internet y bailo”, dice con propiedad sobre su condición.

En el Servicio de Endocrinología del J. M. de los Ríos, donde la niña se controla, actualmente solo hay disponibles insulinas de vieja generación –NPH y cristalinas– subsidiadas por el gobierno, más económicas y de acción menos eficiente.

La asociación de pacientes Amigos con Diabetes calcula que para este año en el país hay 1.861.718 personas con diabetes, de las cuales hasta 93.086 podrían padecer diabetes tipo 1 (insulinodependiente).


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Retroceder. Entre hoy y mañana, dependiendo del deterioro del último catéter que le queda, el hijo de Carmen Cubas tendrá que desconectarse la bomba de insulina que desde hace 2 años lo había mantenido medicado. “De 12 puyazos cada 3 días para aplicarse la insulina de lapicero, mi hijo se pincha solo una vez para cambiarse el catéter de la bomba. Es un retroceso en su calidad de vida. No es justo para los niños”. La razón: la empresa Servimedic Soluciones Cardiovasculares que importaba los insumos de la bomba de insulina dejó de hacerlo en agosto por falta de divisas.

Para denunciar la situación general, familiares y diabéticos usan la etiqueta #ladiabetesnoespera en Twitter. La foto de Diego Tovar, un niño de 9 años con diabetes, se ha reproducido 2.132 veces. “Me escriben de Chile y España para ayudarnos con medicamentos, pero el país está bloqueado y no sé cómo recibir ese tipo de insumos que deben venir refrigerados. Cuando fue diagnosticado hace dos años, yo podía hasta escoger marcas de glucómetro (medidor de glucemia en la sangre), dice Maryluz Herrera, madre del niño.