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Falta de yodo dificulta tratar el cáncer de tiroides

Pacientes oncológicos temen por su salud

Pacientes oncológicos temen por su salud | Iraima Meneses

“Mi mayor temor es que la enfermedad reincida de manera irremediable”, asegura  Rafael Molina, que tiene semanas a la espera del tratamiento

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La carencia del yodo radioactivo empleado para el diagnóstico y tratamiento de los pacientes con cáncer de tiroides no deja de ser una preocupación para quienes padecen la enfermedad que, aunque tiene un comportamiento menos agresivo que el resto de los carcinomas, podría comprometer incluso los pulmones de los que aguardan por la importación del compuesto.

En agosto pasado Rafael Molina fue operado en el Hospital Clínico Universitario para extraerle una lesión maligna de la glándula tiroides. A tres meses de su intervención, asegura que su salud continúa en riesgo, pues no ha podido cumplir la sesión radiactiva de yodo para erradicar el cáncer que le causó un trago amargo: “Mi mayor temor es que la enfermedad reincida de manera irremediable. Tengo varias semanas esperando el tratamiento postoperatorio”.

Marjorie Chaparro, médico nuclear del Centro Médico Docente La Trinidad, sostiene que la escasez de material se debe a la deuda de divisas que el gobierno mantiene con las instituciones que aplican el tratamiento. Destacó que el radioactivo es usado para completar el tratamiento de las personas con problemas de hipertiroidismo o en pacientes oncológicos, tras una intervención de cáncer tiroideo.

Ante la problemática, Chaparro advierte que por lo menos 80% de los pacientes con lesiones malignas requiere ser tratado con isótopos activos para erradicar la enfermedad, después de la remoción de un tumor. “En los pacientes con lesiones menores de un centímetro no es necesario aplicar yodo, pero quienes estén por encima de esa medida deben recibir el tratamiento obligatoriamente”, dijo.

Manifestó que las personas que no reciben la fórmula corren el riesgo de desarrollar tumores en cuello, pulmones y huesos, lo que supone una bomba de tiempo para quienes padecen este tipo de afecciones oncológicas.

Tras por lo menos cuatro semanas de la paralización definitiva del proceso de importación de yodo, la empresa General Electric, principal proveedora del compuesto para Venezuela, retomó el despacho del material nuclear bajo un acuerdo "compasivo", que flexibiliza la crisis debida a la deuda del extinto Cadivi.

René Ayala, gerente de medicina de Suministros Radi Suradi, empresa intermediaria encargada de la distribución del material radioactivo en Venezuela, informó que para el transcurso de esta semana tienen previsto abastecer a los más de 26 centros de tratamiento nuclear, públicos y privados, que atienden alrededor de 126.000 pacientes cada año.

Ayala señaló que, luego de una mesa de negociación, la empresa accedió a continuar con el suministro requerido para garantizar la atención de los enfermos.

“El gobierno liquidó 10% de las divisas requeridas para cancelar la deuda que mantiene con la empresa desde 2006”, destacó el portavoz, al indicar que a partir de hoy podrían iniciar el despacho de cápsulas a los hospitales Luis Razetti, Universitario de Caracas y algunas clínicas del área metropolitana de la capital.

El especialistas subrayó que la escasez será una constante debido a que no existe un mecanismo para almacenar el compuesto en grandes cantidades. “Es material volátil y debe ser trasladado de inmediato a los centros para su uso”.

En este sentido, Alí Godoy, cirujano oncólogo del hospital Vargas, considera que la carencia de yodo es un problema intermitente que no  se solventará hasta tanto el gobierno garantice el flujo continuo de divisas para comprarlo. “La vida médica del radioisótopo es muy corta y debe ser importado para cubrir una gran demanda”, enfatizó.


Gestne Aure, endocrinóloga del Centro Médico Docente La Trinidad, asegura que el yodo radioactivo permite retirar de las tiroides el tejido residual maligno que queda después de una operación. También es suministrado para detectar metástasis en los pacientes oncológicos a través de un gammagram, un examen que permite verificar el estado de los huesos, pulmones y otros órganos. “Los pacientes que han sido operados de cáncer de tiroides no tienen una alternativa al yodo”, puntualiza Aure.