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Escoltas de estudiantes crean tensión en las universidades

Pocos estudiantes de la UCAB deciden arriesgarse a tomar un horario crítico de clases

Pocos estudiantes de la UCAB deciden arriesgarse a tomar un horario crítico de clases

Instituciones de educación superior han restringido las actividades académicas nocturnas debido a la falta de vigilancia

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La hija de un ex banquero, que fue preso político hace dos años después la intervención de la institución financiera que manejaba, fue amenazada varias veces de que correría con el mismo destino de su padre por escribir en un periódico contra lo que consideraba una injusticia.

La joven, de 22 años de edad, cursaba tercer año de la carrera en la Universidad Católica Andrés Bello, cuando su padre decidió que un escolta sería una solución momentánea para protegerla de posibles ataques.

"Tener escolta te resuelve muchísimo, pues sabe por dónde meterse para no agarrar cola, pero siempre estuve pendiente de motos sospechosas. Aprendí a reconocer a los malandros. Aunque me la llevaba súper chévere con él, sabía que conocía todos mis pasos, cuándo salía, qué lugares frecuentaba, dónde vivían mis amigas. Me sentía observada", cuenta la joven.

Su última clase finalizaba a las 6:00 pm y la noche la sorprendía aún dentro del vehículo blindado, mientras estaban en cola. "Si me provocaba quedarme más tiempo en la universidad, después de clase, sabía que me estaban esperando, que él también tenía una familia".

Como ella, otros estudiantes de universidades públicas y privadas deben emplear recursos de protección que, por lo general, no suelen tener sus compañeros de estudios de niveles socioeconómicos más bajos.

El rector de la Universidad Metropolitana y ex rector de la Simón Bolívar, Benjamín Scharifker, cree que en los últimos seis meses la cantidad de estudiantes que acude al campus con escoltas ha aumentado, debido a las continuas amenazas que han recibido miembros de la comunidad, especialmente hijos de empresarios, de diplomáticos y de altos funcionarios públicos, que son potenciales víctimas de ataques y secuestros.

Presencia de armas . La existencia de jóvenes con protección ha supuesto la presencia de personas armadas en el campus, donde, como en todo el país, está prohibido el porte de armas, incluso para el personal de vigilancia de las instituciones.

Esto ha generado inconvenientes para la convivencia universitaria. La Unimet --donde hay por lo menos 30 estudiantes que acuden con escolta, según contabiliza la Gerencia de Protección-- ha tenido que disponer de un área específica para que los guardaespaldas permanezcan durante su tiempo de espera.

En la Universidad Central de Venezuela, núcleo Maracay, el hecho de tener guardaespaldas armados ha incomodado a profesores y estudiantes. Un docente de ese núcleo, que prefirió reservar su nombre, afirma que en el semestre antes de la paralización de actividades, un alumno, hijo de un empresario cuyo negocio produce 60% de la avicultura del país, llegaba al campus custodiado por tres vehículos.

Señala que la comunidad universitaria ha tenido que aceptar la situación.

"Prohibir la entrada a esas personas implicaría que la universidad deberá asumir la responsabilidad del cuidado de los alumnos, y no contamos con los recursos. Ahora coordinamos con los estudiantes para evitar riesgos", asegura el docente.

Menos actividades nocturnas . Los que más riesgos corren son los que estudian en horario nocturno, en su mayoría cursantes de posgrado.

Una alumna que estudia por las noches en la UCAB sale a las 10:00 pm desde Antímano hasta Oripoto (El Hatillo) dos veces por semana, por lo que su madre, alta ejecutiva de una conocida empresa automotriz, optó por reforzar sus medidas de seguridad.

"Me da tranquilidad de vez en cuando, pero no me gusta estar con escolta porque me gusta ser independiente", relata la joven, de 26 años de edad, cuya familia ha sido víctima de secuestros.

Pocos estudiantes de la UCAB deciden arriesgarse a tomar un horario crítico de clases. A las 10:00 pm, la universidad luce bastante solitaria y los jóvenes afirman que esto se presta para ser víctimas del hampa.

Scharifker asegura que la inseguridad ha restringido las actividades nocturnas en las academias. "Ha crecido mucho la preferencia por actividades semipresenciales, en las que el estudiante no tiene que desplazarse tantas veces a la universidad, y así minimiza el peligro", agrega.